Mucho trabajo

Redacción

Por Redacción

COLUMNISTAS

La cuestión laboral es un histórico desafío para los gobiernos, especialmente por su íntima dependencia de la economía, que por estas latitudes constituye un hierro permanentemente al rojo vivo.

Empleo, registro del trabajo y salarios integran el combo que, desde hace mucho tiempo, en la Argentina no goza de equilibrio y armonía.

La desocupación ronda el 7% y el subempleo está un poco más arriba de acuerdo con los números oficiales, pero según otras estadísticas y las diversas formas de cálculo y combinaciones de los resultados ambos segmentos se ubican varios puntos por encima.

Un dato que debe tenerse en cuenta a la hora de la verdad es la cantidad de gente que ha dejado de buscar trabajo por desaliento y no se mueve en el mercado, la cual sin dudas está desempleada.

Y el de los subocupados es un segmento importante, ya que en él militan quienes trabajan menos de 35 horas semanales y se encuentran obviamente en situación más precaria que quienes poseen un empleo de características normales.

Del trabajo registrado y en negro es ocioso hablar cada día, pero también inevitable, ya que resulta impactante el ejército de seres que habitan ese territorio.

Al menos cuatro de cada diez trabajadores no registrados se entremezclan en la sociedad como escaques de un tablero de ajedrez. Casi, casi, entonces, mitad y mitad de cuadros blancos y negros.

Ocurre que los sin papeles mueven también la economía con sus ingresos, pero están en las antípodas de sus congéneres, ya que el desamparo legal y social es absoluto.

No tienen recibo de sueldo, imprescindible para muchos trámites -por ejemplo, acceder a un crédito- pero, peor aún, no poseen obra social y dependen solamente de la asistencia sanitaria pública; no poseen derecho al reclamo orgánico de aumento de sueldo y mucho menos a las indemnizaciones. O sea que están a merced de la arbitrariedad de los empleadores y, por ésa y el resto de las razones, son el eslabón que primero se corta en cualquier situación, de crisis o no.

En cuanto a los sueldos, la inflación los erosiona de una manera despótica y en esa carrera desbocada siempre terminan ganando los precios.

Ahora se está desarrollando la negociación salarial y nadie larga prenda, pero es vox pópuli que nadie quiere bajarse del 35/40%. Y si es menor el porcentaje, buscarán la fórmula para disimular en los ítems adicionales de las respectivas actividades esos puntos que resignarían en el acuerdo global.

Pero quizás el punto más conflictivo sea en estos mismos momentos el Impuesto a las Ganancias devora-sueldos que el gobierno aceptó debatir con los gremios del transporte, que anunciaron un paro general para el 31 de marzo.

Los sindicalistas decidieron la medida de fuerza con bastante anticipación, a sabiendas de que debía haber un margen para la negociación, como es tradición.

No obstante, los gremios del transporte de pasajeros y de carga terrestre, aéreo y marítimo avisaron que no se conformarán con una simple elevación del haber mínimo no imponible para la deducción del tributo, sino que pretenden la modificación de fondo, o sea de las escalas vigentes para su aplicación desde hace casi una década y media.

Entonces la medida de fuerza, aunque amortiguada por la convocatoria oficial, permanece vigente y amenazante para las vísperas de la Semana Santa.

De cualquier manera, este gobierno está en la cuenta regresiva y concluirá su gestión con los mismos desequilibrios en el combo laboral. Y por qué no con un agravamiento en el rubro del empleo ante las dificultades económicas.

Por ello, quien se mude a Balcarce 50 el 10 de diciembre, y como irónica paradoja de la realidad de varios millones de argentinos, tendrá mucho trabajo para tratar de recuperar la armonía.

LUIS TARULLO

Analista gremial. DyN

LUIS TARULLO


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