El default alemán y otras cuestiones

Es aconsejable advertir sobre algunos acontecimientos pasados que explican el presente de Europa.

Redacción

Por Redacción

OPINIÓN

En tiempos en que el debate entre la endeudada Grecia y Alemania (acreedora y banquera de Europa) se tensiona, una para obtener condiciones más flexibles de subsistencia y la otra para imponerle políticas de ajuste ortodoxas que hacen insostenible la situación de aquélla, es aconsejable advertir sobre algunos acontecimientos pasados que explican el presente de Europa. Alemania fue dos veces deudora de Europa en el siglo XX y por cierto dos veces incumplió sus compromisos con ella, recibiendo amplios beneficios para cancelarlos. Me refiero a las indemnizaciones por la Primera y Segunda Guerra Mundial, en tanto derrotada e imputada de responsable por los vencedores de la destrucción de una parte sustancial de varios países. Después de la Primera Guerra, por el tratado de Versalles, asumió obligaciones a su cargo por millones de marcos oro, suspendiendo los pagos previo al inicio de la Segunda Guerra Mundial, bajo el dominio de Hitler. Esos primeros pagos luego de la Primera Guerra fueron solventados por banqueros de Estados Unidos e Inglaterra (la Banca Morgan, Rockefeller y el Banco de Inglaterra), que bombearon préstamos en una economía devastada, ante una clase política impotente por la especulación y el desmanejo económico creciente (la República de Weimar) que desembocó en una hiperinflación. Alemania fue impulsada a realizar fuertes inversiones en armamentos ante una economía que necesitaba otro tipo de inversiones productivas. Entre 1925/9 bancos de Estados Unidos e Inglaterra prestaron la suma de 4.000 millones dólares, lo que a valor presente podría alcanzar cerca de 70 veces más. La caída del gobierno alemán y la llegada de Hitler al poder no suspendieron esas inversiones, las que se intensificaron, aumentando la toma de créditos para infraestructura de los banqueros occidentales. La industria pesada y la armamentística fueron supervisadas personalmente por Hitler, incluso años antes de su llegada al poder supremo, en su condición de dirigente del partido nazi, con la colaboración directa de Hjalmar Schacht que estaba al frente del Banco Central de Alemania y gestionaba la llegada de los prestamos de los banqueros anglosajones (fuente www.webofdebt.com). Por esa época el capital de las grandes empresas alemanas era en un alto porcentual de empresas norteamericanas, carbón y petróleo de la Standard Oil de Rockefeller, la mitad de la red telefónica de la ITT, la industria eléctrica, Siemens y Osram a la General Electric y el 100% de las acciones de Volkswagen a la Ford. Volviendo a Schacht, fue más adelante ministro de Economía de Hitler a su llegada al poder, para finalizar siendo ministro sin cartera hacia fines de 1943, cuando fue destituido. Desde 1930 Schacht viajaba constantemente a Estados Unidos para convencer a los banqueros que Hitler era el mejor candidato para ser canciller de Alemania, paso previo a la presidencia, lo que finalmente fue aprobado en 1932 cuando 17 poderosos banqueros norteamericanos remitieron una nota al presidente alemán exigiendo la designación de Hitler como canciller. Al ser nombrado, Hitler se negó a pagar las reparaciones de guerra y se reunió con el entonces presidente de Estados Unidos Roosevelt y los principales banqueros para pedir un préstamo de u$s 1.000 millones. Poco tiempo después Schacht viajó a Londres y obtuvo otro préstamo de u$s 2.000, ambos otorgados aun habiendo repudiado Hitler las reparaciones de guerra. La Unión Soviética por ese entonces comenzaba a ser autosuficiente en materia industrial y alimenticia, y por lo tanto la única forma de detener su avance era la guerra. Durante esos años la economía norteamericana transitó la grave crisis de 1929, la cual se extendió por varios años. En 1930 los banqueros anglosajones crearon el aún desconocido para la mayoría del planeta BPI, el Banco de Pagos Internacionales, para canalizar los cobros que debía realizar Alemania por las indemnizaciones de guerra. EL BPI agrupaba a los principales bancos centrales de Europa, incluida Alemania. Algunos de esos bancos centrales estaban -y aún hoy lo están- bajo verdadero control privado, como la Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco de Inglaterra, designando como primer presidente a un representante de la banca Rockefeller (fuente: “Tower of Basel”, de Adam Lebor). En realidad, el BPI garantizaba el vínculo de los bancos y empresas norteamericanas en Europa y mantiene aún inmunidad soberana. Con sede en Suiza es hoy el Banco Central de los sesenta bancos centrales más importantes del mundo. Cuando en 1938 Hitler se apoderó de Austria, los nazis depositaron el oro del país en el BPI. Lo mismo ocurrió con el oro robado al invadir Checoslovaquia, lo que por cierto incluía lo obtenido de los saqueos domiciliarios o los campos de concentración. Ello ha sido filtrado en documentos desclasificados del Banco de Inglaterra en el 2012 (fuente: “The Guardian” y el libro “Trading with the Enemy: an Expose of the Nazi-American Money Plot”, de Charles Higham, reproducido por “Clarín” en el 2013). Tres meses antes del inicio de la Segunda Guerra entre Alemania y Gran Bretaña, el Banco de Inglaterra ayudó a los nazis a transferir una parte de sus reservas en oro a Nueva York. Con Hitler ya en la presidencia en 1934 -años antes de que desatase la Segunda Guerra Mundial- los planes de rearme fueron llevados adelante junto al ahora ministro de Economía y presidente del Banco Central de Alemania, Hjalmar Schacht; pero lo cierto es que, quebrada Alemania, sin respaldo del marco (su moneda nacional) en oro y sin reservas, sobre 1935 Hitler comenzó a emitir dinero sin respaldo y certificados de deuda pública para gastos internos y grandes obras de infraestructura. La emisión de moneda nacional sin respaldo y la suspensión de la toma de préstamos extranjeros colisionó en 1937 con la postura de Hjalmar Schacht, que se negaba a emitir dinero sin respaldo en divisa extranjera (”El nacionalsocialismo y el milagro económico alemán”, 24/5/05, www.asiatimes.com), debiendo renunciar a su cargo y terminar unos años después acusado de un intento de asesinato de Hitler. Los banqueros occidentales comenzaron a considerar a un enemigo al Führer, en tanto emitía su propia moneda y deuda nacional. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, en la conferencia monetaria y financiera de Bretton Woods (participaron 44 países), donde Estados Unidos impuso el dólar como moneda mundial y se crearon el FMI y el Banco Mundial, se produjo un fuerte cuestionamiento al BPI en tanto su colaboración con el nazismo, llegándose a plantear su cierre, postura que no prosperó. Hjalmar Schacht figuró entre los principales criminales de guerra en los juicios de Nüremberg (Alemania) aunque fue absuelto, para volver a trabajar, creando su propio banco en Düsseldorf y ejerciendo como asesor financiero de diversos países. Ojalá Europa no vuelva a equivocarse y recupere su soberanía perdida. (*) Abogado. Docente de la Facultad de Economía UNC.

DARÍO TROPEANO (*)


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