“En memoria de don Leandro N. Alem”
Un 1 de julio de 1896 fallecía uno de los prohombres de la Unión Cívica Radical y protagonista principal de la política argentina de fines del siglo pasado, el Dr. Leandro N. Alem. En los tiempos actuales, es importante que los argentinos, radicales o no, que sueñan con un país mejor, conozcan el pensamiento de don Leandro, como enseñanza y ejemplo para las generaciones venideras. Decía Alem en el mitin del 13 de abril de 1890, al ser designado presidente de la Unión Cívica: “La vida política de un pueblo marca la condición en que se encuentra, marca su nivel moral, marca el temple y la energía de su carácter. El pueblo donde no hay vida política es un pueblo corrompido y en decadencia, o es víctima de una brutal opresión. (…) ”Cuando el ciudadano participa de las impresiones de la vida política se identifica con la patria: la ama profundamente, se glorifica con su gloria, llora con sus desastres y se siente obligado a defenderla porque en ella cifra sus más nobles aspiraciones. (…) ”No hay, no puede haber buenas finanzas donde no hay buena política. Buena política quiere decir respeto a los derechos. Buena política quiere decir aplicación recta y correcta de las rentas públicas. Buena política quiere decir protección a las industrias útiles y no especulación aventurera para que ganen los parásitos del poder. Buena política quiere decir exclusión de favoritos y de emisiones clandestinas. ”Pero para hacer buena política se necesitan grandes móviles, se necesita buena fe, honradez, nobles ideales; se necesita, en una palabra, patriotismo… Con patriotismo se puede salir con la frente altiva, con la estimación de los conciudadanos, con la conciencia pura, limpia y tranquila, pero también con los bolsillos livianos. (…) ”Tenemos que afrontar la lucha con fe, con decisión. Es una verdadera vergüenza, un oprobio lo que pasaba entre nosotros: todas nuestras glorias estaban eclipsadas, nuestras nobles tradiciones olvidadas, nuestro culto bastardeado, nuestro templo empezaba a desplomarse y, señores, ya parecía que íbamos resignados a inclinar la cerviz al yugo infame y ruinoso; apenas si algunos nos sonrojábamos de tanto oprobio”. Creo que sus palabras nos eximen de mayores comentarios y configuran una verdadera lección de moral y honestidad republicana, que reivindica la militancia y los ideales como única forma de hacer política, y que tal vez por ello están ausentes de los contenidos de la enseñanza ciudadana, en que el éxito por cualquier medio es un valor en sí mismo y en que la muerte de las ideologías sigue vigente para muchos. Quizás para aquellos que se han acostumbrado a hacer política “light” estas consideraciones puedan parecer anacrónicas o pasadas de moda, pero en mi modesta opinión encierran el verdadero sentido de la política comprometida, donde el éxito no puede ser un fin en sí mismo y todo se justifica independientemente de si es correcto o incorrecto. Por ello entiendo que quienes hacen política dentro del radicalismo están frente a una disyuntiva de hierro: “o son la causa contra el régimen o no son nada”. No es un problema de matices, es una elección de vida. Como dijo José Martí: “A la raíz va el hombre verdadero. Radical no es más que eso, el que va a las raíces. No se llame radical quien no vea las cosas en su fondo. Ni hombre quien no ayude a la seguridad y dicha de los demás hombres”. Ricardo Luis Mascheroni DNI 10.863.324 Santa Fe
Ricardo Luis Mascheroni DNI 10.863.324 Santa Fe
Un 1 de julio de 1896 fallecía uno de los prohombres de la Unión Cívica Radical y protagonista principal de la política argentina de fines del siglo pasado, el Dr. Leandro N. Alem. En los tiempos actuales, es importante que los argentinos, radicales o no, que sueñan con un país mejor, conozcan el pensamiento de don Leandro, como enseñanza y ejemplo para las generaciones venideras. Decía Alem en el mitin del 13 de abril de 1890, al ser designado presidente de la Unión Cívica: “La vida política de un pueblo marca la condición en que se encuentra, marca su nivel moral, marca el temple y la energía de su carácter. El pueblo donde no hay vida política es un pueblo corrompido y en decadencia, o es víctima de una brutal opresión. (...) ”Cuando el ciudadano participa de las impresiones de la vida política se identifica con la patria: la ama profundamente, se glorifica con su gloria, llora con sus desastres y se siente obligado a defenderla porque en ella cifra sus más nobles aspiraciones. (...) ”No hay, no puede haber buenas finanzas donde no hay buena política. Buena política quiere decir respeto a los derechos. Buena política quiere decir aplicación recta y correcta de las rentas públicas. Buena política quiere decir protección a las industrias útiles y no especulación aventurera para que ganen los parásitos del poder. Buena política quiere decir exclusión de favoritos y de emisiones clandestinas. ”Pero para hacer buena política se necesitan grandes móviles, se necesita buena fe, honradez, nobles ideales; se necesita, en una palabra, patriotismo... Con patriotismo se puede salir con la frente altiva, con la estimación de los conciudadanos, con la conciencia pura, limpia y tranquila, pero también con los bolsillos livianos. (...) ”Tenemos que afrontar la lucha con fe, con decisión. Es una verdadera vergüenza, un oprobio lo que pasaba entre nosotros: todas nuestras glorias estaban eclipsadas, nuestras nobles tradiciones olvidadas, nuestro culto bastardeado, nuestro templo empezaba a desplomarse y, señores, ya parecía que íbamos resignados a inclinar la cerviz al yugo infame y ruinoso; apenas si algunos nos sonrojábamos de tanto oprobio”. Creo que sus palabras nos eximen de mayores comentarios y configuran una verdadera lección de moral y honestidad republicana, que reivindica la militancia y los ideales como única forma de hacer política, y que tal vez por ello están ausentes de los contenidos de la enseñanza ciudadana, en que el éxito por cualquier medio es un valor en sí mismo y en que la muerte de las ideologías sigue vigente para muchos. Quizás para aquellos que se han acostumbrado a hacer política “light” estas consideraciones puedan parecer anacrónicas o pasadas de moda, pero en mi modesta opinión encierran el verdadero sentido de la política comprometida, donde el éxito no puede ser un fin en sí mismo y todo se justifica independientemente de si es correcto o incorrecto. Por ello entiendo que quienes hacen política dentro del radicalismo están frente a una disyuntiva de hierro: “o son la causa contra el régimen o no son nada”. No es un problema de matices, es una elección de vida. Como dijo José Martí: “A la raíz va el hombre verdadero. Radical no es más que eso, el que va a las raíces. No se llame radical quien no vea las cosas en su fondo. Ni hombre quien no ayude a la seguridad y dicha de los demás hombres”. Ricardo Luis Mascheroni DNI 10.863.324 Santa Fe
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora