Presente y futuro

El gobierno neuquino espera monetizar en septiembre los 350 millones de dólares de los bonos. Sapag presentó esta semana un plan para exprimir Vaca Muerta. Acentúa el perfil de provincia extractiva.

Redacción

Por Redacción

DOMINGO A DOMINGO

El gobierno de Jorge Sapag comienza a pagar consecuencias del riesgo que implica alimentar una elevada expectativa de progreso. Esto ocurre en una sociedad donde la mayoría de las actividades desentonan respecto de la predominante industria del petróleo y escucha, desde hace tiempo, que lo mejor está por llegar.

La estrategia sirve para la construcción política pero al mismo tiempo genera frustraciones colectivas en segmentos de la sociedad que tienen comprometido su andar cotidiano y perciben como muy lejana esa idea de explosivo bienestar.

El desarrollo de los no convencionales como herramienta potente para mantener el crecimiento económico de la provincia se sostiene a través de cuidadosos argumentos del gobierno que difunde diagnósticos de positivos resultados a futuro. Pero en tiempo presente la gestión se mueve en escenarios de conflicto, alimentados en parte por esta construcción de prosperidad virtuosa que termina siendo como las copas de los campeonatos: se miran, no se tocan y se observan sólo a través de la vitrina.

Este desequilibrio entre presente y futuro es motivo de debate no sólo en ámbitos de la oposición sino que gana terreno en sectores del MPN, aunque en este caso en forma silenciosa por el peso de la disciplina partidaria. Las voces disonantes del oficialismo frente a este problema van en el sentido de promover discursos más conservadores y menos triunfalistas.

Sapag hizo público esta semana un plan para exprimir Vaca Muerta, con una estrategia de desarrollo que se sostenga en los planos económico, ambiental y social. En el gobierno lo definen como «poner segunda», «nueva fase», «desarrollo integral» y otras denominaciones por el estilo que ayudan a poner títulos pero no agregan sustancia.

El programa avanza sobre la gestión del gobernador electo Omar Gutiérrez, un dato que alimenta con fuerza la idea de continuidad de Sapag en la sombra (o en la media sombra).

El plan, que ya tiene puesta una cifra aunque el dinero no esté disponible (6.000 millones de dólares), es un intento por cumplir con el artículo 99 de la Constitución Provincial, en sostenido desuso. Es el que establece lo que se debe hacer con las utilidades del petróleo, el gas y la hidroelectricidad (obras permanentes que constituyan un beneficio para la provincia), para evitar que esta fuente de ingreso sea devorada por los gastos corrientes.

La idea presentada esta semana en Buenos Aires por el gobernador se construye sobre cuatro pilares, tres de los cuales están orientados a consolidar el perfil de provincia extractiva y de alquiler de sus recursos naturales.

El eje que escapa a esta política es el que promueve la generación de herramientas financieras para impulsar proyectos de diversificación económica, un fondo anticíclico para soportar momentos de crisis de la industria y otro para sostener la ya afectada caja de jubilaciones y pensiones.

La imagen que contrasta con esta perspectiva de futuro alentador es la de los gremios estatales en etapa de ebullición, la de funcionarios del gobierno diciendo que el dinero no alcanza y la del gobernador en la ciudad de Buenos Aires intentando acelerar los trámites para avanzar con la colocación de los salvadores bonos por 350 millones de dólares. En el gobierno esperan contar con esos recursos en septiembre, dijeron esta semana fuentes oficiales.

A la gestión le empieza a pasar como en el cuento de «El pastorcito mentiroso». Lo dio a entender esta semana un dirigente de UPCN cuando habló al salir de la fallida reunión de la mesa de negociación salarial: «En el verano nos decían que iba todo muy bien y ahora, que no hay dinero para nada; no se entiende…», protestó el hombre que pertenece a un gremio de tradición «amigable» para el gobierno.

La credibilidad parece ser un punto central en esta discusión, que marcará los próximos meses si no hay alguna respuesta al planteo sindical. El discurso oficial acentúa las dificultades financieras de aquí hasta fin de año y proyecta la complejidad sobre el 2016. La dirigencia sindical cree que Sapag exagera el problema y tira de la cuerda sin romperla.

El nudo de la discusión está trabado en determinar si el 30% acordado en el verano correspondía al aumento del 2015, como sostiene el gobierno, o recomponía parte del 2014 y algo correspondiente al presente año, como dicen los dirigentes gremiales.

Es otro motivo de análisis dentro del MPN determinar si fue un buen negocio comprar tranquilidad para las elecciones provinciales de abril a cualquier precio. Algunos marcan como un error el hecho de haber jugado todas las cartas en una partida y sostienen que una negociación de dos tiempos no hubiera modificado el resultado electoral, las finanzas estarían hoy un poco más aliviadas y quedaría resto para sentarse a negociar con los dirigentes gremiales. Los que defienden lo ya hecho recuerdan que es fácil acertar con el resultado ya conocido.

Hacia adelante se ven momentos de agitación sindical combinados con tiempos electorales y una transición de larga duración llegando a su fin, con un Sapag que no parece decidido a quitarle los ojos a la provincia.

En camino viene el llamado «recambio generacional» con Gutiérrez a la cabeza y su vice, Rolando Figueroa. A ambos se los observa respetuosos de los plazos institucionales, pero muy silenciosos frente a un desembarco que entró en tiempo de descuento y con decisiones en marcha que ejercerán influencia sobre un futuro que los tendrá como protagonistas.

gerardo bilardo

gbilardo@rionegro.com.ar


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