Refugio de pingüinos

Cada primavera, los pingüinos de Magallanes nadan unos 3.000 km desde la costa brasileña hasta la reserva de Punta Tombo, a 110 km de Trelew, para aparearse y tener sus crías. Hasta abril, cuando los pichones ya pueden emigrar, el lugar atrae a miles de visitantes argentinos y extranjeros.

Redacción

Por Redacción

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Cada año, los pingüinos de Magallanes nadan más de 3.000 kilómetros desde Brasil para llegar hasta las costas chubutenses de Punta Tombo.

La reserva, ubicada a 110 km de Trelew, es la colonia más importante del litoral marítimo argentino, donde se dan cita más de un millón y medio de aves, que llegan en cada primavera para aparearse y tener sus crías.

Hasta abril, cuando los pichones ya están en condiciones de emigrar, el lugar es visitado por miles de turistas.

Es una excursión ideal para una jornada completa, a través de la estepa patagónica que envuelve con su belleza a medida que se avanza por la Ruta Provincial 1 (los últimos 20 km son de ripio), cruzando tropillas de guanacos, choiques, maras, zorros y la gran diversidad de aves marinas que habitan esta región. Ya en contacto directo con el océano, aparecen los lobos marinos y a la distancia cruzan las ballenas francas, delfines y orcas.

Punta Tombo es una estrecha franja pedregosa de 3 km de largo por 600 m de ancho que se adentra en el mar.

La existencia del pronunciado accidente geográfico, con zonas de canto rodado y amplias áreas de arena muy fina y compactada, resultan ideales para que los pingüinos excaven sus nidos.

Cuevas

El suelo está literalmente “minado” de cuevas de poca profundidad, donde ponen sus huevos. La pendiente suave de estas playas facilita igualmente el desplazamiento terrestre de las aves, que varias veces al día efectúan el trayecto entre los nidos y el agua para alimentarse.

Precisamente, uno de los principales atractivos es que se puede caminar literalmente entre los pingüinos, seguir sus costumbres, observar bien de cerca cómo alimentan a los pichones, sus actos de apareamiento, las peleas por la defensa del territorio, la construcción de sus nidos y sus caminatas entre el mar y el hogar preparado por los machos para recibir a las hembras.

Los pingüinos, si bien alertas a la intromisión humana, no se asustan ni abandonan sus nidos, por lo que la interacción es muy directa.

Para evitar accidentes y perjuicios a los animales, desde la conformación de la reserva se han construido pasarelas que permiten circular a los visitantes sin peligro de derrumbar a su paso las cuevas.

En esta temporada, pese a la tardanza de la llegada de las hembras, esta semana ya se cuenta con los primeros huevos (generalmente ponen dos); ahora resta esperar unos 40 días para tener los primeros pichones.

Llegada

Punta Tombo abarca 210 hectáreas cedidas en 1976 por el propietario de una estancia del paraje Dos Pozos. Allí se emplazó originalmente una unidad de vigilancia pingüinera, a la que hace poco se le añadió un centro de interpretación.

Desde este lugar parten los senderos de avistaje, creados para que los visitantes puedan observar a los pingüinos a escasos centímetros de su hábitat natural.

En el área de ingreso, donde se abona una entrada módica ($ 60 los turistas extranjeros, $ 25 los nacionales y $ 6 los chubutenses), hay un pequeño sector de servicios para consumir un ligero refrigerio, hay baños públicos y en caso de emergencia el guardafauna puede comunicarse por radio con el centro más cercano.

Ya recorriendo los caminitos internos, la zona de acceso permitido se encuentra delimitada por un alambrado.

Es muy importante respetarlo, al igual que los nidos, que son excavaciones que se encuentran entre los arbustos y al costado de las sendas.

Durante todo el recorrido hay carteles en español e inglés que guían y van dando especificaciones de las características de los pingüinos.

Es primordial saber que nunca se debe realizar ningún tipo de contacto con estas aves, ya que el cuerpo humano contiene bacterias nocivas para ellos y su sistema inmunológico no está preparado para combatirlas.

La vida de la colonia

Las familias de pingüinos se encuentran generalmente bajo los arbustos, pero desde la mañana hasta el atardecer también caminan por todos lados con su cansino y atildado paso, en un ir y venir constante entre el mar y los nidos, para buscar el alimento y hacerlo llegar a los pichones.

Los pingüinos poseen alas pero no vuelan, ya que están adaptadas para nadar. Esto es debido a que pasan la mayor parte de su vida en el agua, inclusive duermen en ella.

Al nadar, son capaces de alcanzar una velocidad de 8 km/h, aunque saltando por sobre el agua en tramos cortos, la superan. Un pingüino adulto mide unos 50 centímetros y pesa unos 5 kilogramos. El plumaje que caracteriza a la especie es el pecho blanco, lomo negro y un doble collar blanco y negro.

La vocalización de los adultos parece un rebuzno. La utilizan para alejar a los extraños y atraer a su pareja. En cambio los pichones, con un piar agudo y continuado, piden su alimento.

La rutina

Si visita la reserva por estos días, una febril actividad domina la colonia: mientras algunos pingüinos excavan sus cuevas y otros se pelean defendiendo su territorio, un continuo rumor de rebuznos domina el ambiente. Pueden verse a grupitos de pingüinos, que desde las playas se internan en la colonia: están exhaustos luego de pasar varios días en el mar consiguiendo peces.

En noviembre se pueden observar los primeros nacimientos y en enero los pichones salen del nido, mudan su plumaje e inician sus incursiones al mar. Ya en febrero los ejemplares juveniles mudan su plumaje, ocupan las playas, y se les hace difícil llegar al agua. De marzo a abril finaliza la muda de jóvenes, comienza la de los adultos e inician la migración hacia el norte. (Agencia El Bolsón)

Fernando Bonansea

fbonansea@rionegro.com.ar


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