“El teatro es una herramienta de pensamiento”
“La Señorita Julia” es la obra que la directora presentó en Fiesta Nacional del Teatro en Tucumán. Allí habló con “Río Negro” sobre ella y su historia teatral.
“El teatro es una herramienta de pensamiento”
“Río Negro” habló con Cristina Banegas sobre “La Señorita Julia” y más. Enterate que es lo que contó la directora.
“La Señorita Julia” de August Strindberg reflexiona sobre las relaciones de poder, los manejos de la sexualidad y los vínculos sociales, sobre las condiciones y las diferencias entre clases. En 1978, en plena década de dictaduras, Alberto Ure y José Tcherkaski realizaron la adaptación de esta obra, apoyados en la ruina del drama strindberiano, profundizando el desgarrado y destructivo universo del autor sueco. Cristina Banegas la dirigió con la formidable actuación de Belén Blanco, junto a Gustavo Suárez y Susana Brussa; escenografía de Magda Banach, Sebastián Marrero en la iluminación, música de Carmen Baliero, y Betty Couceiro en asistencia de dirección. El mismo equipo que la tiene hoy en cartel en el Centro Cultural de la Cooperación, al 1500 de la porteña avenida Corrientes y que la llevó a principio de mes a la Fiesta Nacional del Teatro en Tucumán.
Actriz, directora, maestra de teatro y cantante, Cristina posee una larga trayectoria escénica con textos de autores como Georg Büchner, William Shakespeare, Fiódor Dostoyevski, Griselda Gambaro, Sófocles, José González Castillo, Leónidas Lamborghini, por mencionar solo unos pocos. Ha recibido numerosas nominaciones y premios. En 2013 fue nombrada Personalidad Destacada de la Cultura. El encuentro con “Río Negro” comenzó sondeando la posibilidad de reflexionar, de entender, de expresar cuestiones humanas que el arte propone.
“El teatro es una herramienta de pensamiento, absolutamente. Sobre todo el que en verdad piensa, no? De autores, dramaturgos o grupos que construyen ficción a partir de ideas, de principios, de éticas y de estéticas”, remarca la actriz.
P: Dos palabras que no siempre van juntas.
R: Claro…
P: Vivimos un período de estéticas forzadas, sobredimensionadas, pomposas, que no dejan ver ideas. O sí, pero qué contienen? El teatro permite ver el detrás de las acciones y las palabras.
R: Sin duda. Es tal vez, uno de los espacios, a través de la historia del hombre en occidente, de Grecia para acá, que más ha dialogado y dialoga con el imaginario social, con un imaginario donde en cada momento histórico, se ha resignificado una temática, un autor. Yo estoy dirigiendo ahora “Barranca abajo” de Florencio Sánchez, en La Plata (dentro del Plan Federal de Coproducciones del Teatro Nacional Cervantes). Y es notable, extraordinario, escuchar el discurso de Don Zoilo, su último parlamento al final de la pieza. ¡Qué actual es, qué presente está!
¿Cuántos, en este período de Argentina, podríamos decir lo que este personaje… Se vuelven tan presentes, se resignifican tanto que se tornan extraordinarios
P: “La Señorita Julia”, una joven de fines del siglo XIX, podría estar actualmente marchando contra los femicidios y la violencia que sufre la mujer.
R: Absolutamente , porque en la temática de Strindberg es fundante, casi se podría decir, el tema de la lucha de sexos, por el poder sobre el otro. Esto es algo que a él lo enloquecía, literalmente. Y más allá de su misoginia, imaginaba mujeres poderosísimas y muy malas. También hay una comprensión de la fragilidad de lo femenino, digamos. Y además hay, como en todos los grandes, un lugar que va mucho más allá de sus dificultades personales.
P: Por algo eligió dirigir esta obra, traerla a Tucumán…
R: Yo, en general, solo trabajo en proyectos que escojo hacer, en los que quiero participar. Muchas veces desde la gestión misma, incluso en el texto como “Medea”, tragedia de Eurípides que adaptamos con Lucila Pagliai con quien compartí también la versión de “Barranca abajo”. O en “Molly Bloom” de James Joyce, donde estuve en la traducción del último capítulo de “Ulises”, el monólogo de Molly… Sí me importa, me interesa estar desde el primer momento de la construcción de una propuesta. A veces lo logro, a veces no, a veces soy convocada y me atrae lo hago, sea en el General San Martín o en el Cervantes.
Hice muy poco teatro comercial… Las dos oportunidades que trabajé, fue con una obra de Manuel Puig, (“El Misterio del ramo de rosas”, 2006), y otra de Ingmar Bergman (“Sonata de otoño”, 2013). El año que viene voy a cumplir 50 años con el teatro y he tenido la suerte -más allá de resultados buenos o malos, del éxito o fracaso de un proyecto- de actuar con una enorme independencia en la relación con mi trabajo, con lo que hago y lo que no hago. Muchas veces digo no…
P: ¡Cuánto camino andado sin concesiones, trabajando con honestidad, defendiendo amorosamente su oficio!
R: Bueno, es verdad, sí. Creo que también es algo que se construye, que uno va haciendo incluso contra las supuestas conveniencias o necesidades propias. Como el dinero, por ejemplo. Pero también tuve la fortuna de empezar a dar clases desde muy joven, trabajé primero con niños, después con adolescentes, más tarde con adultos. Pude tener mi propio espacio, El Excéntrico de la 18 en Villa Crespo, que en este 2016 cumple treinta años de actividades.
Es posible encontrar un modo de subsistencia, digno, ético, vinculado con las búsquedas personales, con -en mi caso- el teatro, la actuación, ejes sobre los cuales se organizan los otros roles que desempeño como dirigir, cantar tangos. Está bueno saber que he podido ser bastante coherente, que eso fue en ocasiones algo costoso, que pagué altos precios por mis acciones, mis pensamientos, mi ideología. Y a veces alcancé enormes y enormes satisfacciones. Siento, sobre todo en estos últimos años, que he recibido mucho reconocimiento y me siento muy honrada por ello.
P: La llevo de vuelta al 69. Cuando aquella jovencita daba los primeros pasos en el cine en “Breve cielo”. Creo que fue su segunda película, ¿no?
R: Sí, la primera nunca se estrenó, “Buenos Aires, verano 1912” (en blanco y negro, de Oscar Kantor, 1966), porque fue prohibida por la dictadura de Onganía. Creo que una vez la pasaron por Volver o Incaa TV, no sé… Y estoy pensando en consultar a una amiga que trabaja en este último canal, porque me gustaría verla. Yo tenía dieciocho años cuando la filmé y estaba embarazada. Hacía de una adolescente casta y pura, y al empezar el rodaje estaba de dos, tres meses y no se me notaba.
La película se paró por falta de presupuesto casi medio año. Cuando se retomó la filmación, la ropa ya no me entraba porque mi panza era de siete meses, Valentina pesó cuatro kilos al nacer… Entonces, entraba con unas ramas inmensas tapándome porque no había cómo disimular semejante embarazo.
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