“Los gremios docentes”

Redacción

Por Redacción

Hace doce años que Roberto Baradel es el hombre fuerte de Suteba y del gremialismo docente. Nunca ocultó su simpatía por el proyecto nacional y popular y fue uno de sus más sólidos pilares en el propósito de perpetuar a los K en el poder, formando una ciudadanía manipulable a través de una escuela cada vez más alejada de sus objetivos. Cuando llegaban las paritarias no se privaba de ruidosas salvas de artillería oratoria sobre el salario docente, pero eran nada más que fuegos fatuos, de efímera duración, y uno se pregunta si los gremialistas no se daban cuenta de que la mejora conseguida se tornaba en sólo nominal, ya que la inflación, en la que los gremialistas de esa época no creían, de inmediato se devoraba todo. Y año tras año engañando a los docentes de la misma manera.

Una de las peores consecuencias de este saqueo del sueldo docente fue que muchos de los jóvenes con vocación y aptitudes docentes la descartaran como opción para su futuro. No estoy para nada conforme con el sueldo docente actual, pero comencemos por no seguir perdiendo ante la inflación, que ahora parece estar siendo domesticada y el gobierno asegura que esa pérdida no se dará; por eso los gremios no pueden manejarse con demandas propias de una economía fuera de control. Hacerlo es demagogia barata y un intento de volver a un despreciable pasado donde los que se beneficiaban fueron pocos. ¿Por qué los políticos y los gremialistas quieren perpetuarse en el poder?

Hace días Baradel dijo: “No hay amenaza que nos pueda parar, ni precio que nos pueda comprar…”. Si es así, estamos ante un insospechado cambio.

Hace poco me retiré luego de cincuenta años de docencia al frente del aula y me duele decir que en los años sesenta nuestro salario tenía mayor poder adquisitivo que hoy, y nuestra obra social de entonces funcionaba correctamente. ¿Cómo pudieron los gremialistas docentes tolerar el saqueo de IOMA, el sospechoso ingreso al parlamento de algunos de ellos, la caída hacia el abismo de la escuela pública, el deterioro de la calidad de los docentes, la creciente deserción escolar en todos los niveles a pesar de las directivas para impedir las repitencias y sanciones por indisciplinas graves, etc.?

Parecería que en estas décadas nuestros gremialistas no vieron nada de este desastre y sólo aparecían para los reclamos salariales de febrero que, debido a la inflación, sólo servían para erosionar aún más nuestro menguado poder adquisitivo. La pasividad gremial ante la catástrofe educativa hace inevitable sospechar que existen complicidades de muchos gremialistas con el antiguo régimen, Baradel es su más evidente ejemplo, él no tiene ninguna autoridad moral para venir, en este momento, a hablar del sueldo de hambre de los docentes.

Humberto Guglielmin

DNI 10.401.180

“Me duele decir que en los años sesenta nuestro salario tenía mayor poder adquisitivo que hoy, y nuestra obra social funcionaba correctamente”.

Humberto Guglielmin

DNI 10.401.180

Datos

“Me duele decir que en los años sesenta nuestro salario tenía mayor poder adquisitivo que hoy, y nuestra obra social funcionaba correctamente”.


Hace doce años que Roberto Baradel es el hombre fuerte de Suteba y del gremialismo docente. Nunca ocultó su simpatía por el proyecto nacional y popular y fue uno de sus más sólidos pilares en el propósito de perpetuar a los K en el poder, formando una ciudadanía manipulable a través de una escuela cada vez más alejada de sus objetivos. Cuando llegaban las paritarias no se privaba de ruidosas salvas de artillería oratoria sobre el salario docente, pero eran nada más que fuegos fatuos, de efímera duración, y uno se pregunta si los gremialistas no se daban cuenta de que la mejora conseguida se tornaba en sólo nominal, ya que la inflación, en la que los gremialistas de esa época no creían, de inmediato se devoraba todo. Y año tras año engañando a los docentes de la misma manera.

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