“Maravillas urbanas”

Redacción

Por Redacción

En los tiempos que corren resulta difícil encontrar muchos motivos de orgullo, dignos de ponderación hacia los hacedores, pero que los hay, los hay…

Es así que siento la obligación, como ciudadana argentina, neuquina y por añadidura cutralquense, de destacar el sentimiento que me embargó al conocer el Parque Recreativo de la Ciudad de Cutral Co, obra que avanzando sobre el paisaje casi desértico que se presenta a la mirada resalta como un oasis de buen gusto, no sólo arquitectónico –de lo cual mucho y gratamente se podría decir–, sino por lo que trasunta en términos de servicios pensados para la gente podría decirse que con amoroso cuidado y verdadero sentido y oído para satisfacer las necesidades de las personas de todas las edades y gustos. Pensado, seguramente, por quienes se han mimetizado con el sentir ciudadano y desde allí operan, sin grandes discursos, con estricto sentido de que los monumentos y espacios, sin ostentaciones extemporáneas, deben ser “servicio” y estar ahí, a la mano, despertando un sentido de propiedad que es enaltecedor para los que los disfrutan, los hacen suyos y los convierten en soldados al cuidado, en este caso, de una “trinchera” de paz, relax, encuentros, amistad, deportes, meditación frente a esos verdes impecables, senderos amigables, murmullos de aves, brillo de espejos de agua, etc. ¡Un diez puntos para sus mentores y ejecutores!

Pero como aquí no termina la cosa aprovecho para recordarles al señor intendente y al colega parlamentario que la familia Verdenelli ha sido también pionera de esa tierra hoy promisoria, de épocas (1940) en las cuales soplaban los vientos huracanados diez meses al año y hubo de ponérsele el hombro, la garra, el trabajo, las lágrimas (que eran casi lo único húmedo del lugar), confiando en que llegaría a ser lo que es hoy; que hubo un primer intendente constitucional que ha dado su nombre al Salón de Acuerdos municipal, pero también tras largos años de tramitación, que no se condicen con la ligereza con que hoy se designan espacios y lugares e instituciones con nombres casi ignotos; que la Escuela 255, de la cual fue “constructor”, también lleva el nombre de mi padre, y me siento muy apenada, al igual que mi hermana Elisabeth, hoy convertidas en madrinas vitalicias, por la persistente ausencia de las autoridades municipales en sus actos formales.

Del mismo modo quiero recordarle respetuosamente a mi colega Ramón que no hemos recibido respuesta a nuestra nota sobre el monumento a San Martín erigido en la plaza que lleva su nombre, cuya restauración proponíamos, acompañando para el archivo una foto del momento en que se registraba su llegada (1968), lo que despertó una curiosidad que aún no nos ha sido satisfecha. ¿Dónde fue a parar el caballo?

Con mucho sentimiento y humor.

Prof. Marta Irene Verdenelli

“Me siento muy apenada, al igual que mi hermana Elisabeth, por la persistente ausencia de las autoridades municipales en sus actos formales”.

Prof. Marta Irene Verdenelli

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“Me siento muy apenada, al igual que mi hermana Elisabeth, por la persistente ausencia de las autoridades municipales en sus actos formales”.


En los tiempos que corren resulta difícil encontrar muchos motivos de orgullo, dignos de ponderación hacia los hacedores, pero que los hay, los hay...

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