“Medellín no es el paraíso pero salió del infierno”

Héctor Abad Faciolince, uno de los escritores más prestigiosos en lengua castellana, se encontró con “Río Negro” para hablar de su ciudad y de su padre.

Redacción

Por Redacción

Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958) logró afirmase a nivel internacional como uno de los escritores contemporáneos de mayor prestigio de la lengua castellana con la publicación de “El olvido que seremos” (2006), un relato estremecedor sobre la vida y el asesinato de su padre, del que se cumplen 30 años.

“Es muy difícil tratar de sintetizar qué es “El olvido que seremos” sin traicionarlo, porque, como todas las obras maestras, es muchas cosas a la vez”, escribió Mario Vargas Llosa, sobre el libro que en las últimas dos décadas tuvo más de 40 ediciones y fue traducido a ocho idiomas.

Faciolince se pasó veinte años sin escribir sobre su padre. “Uno tiene un doble sentimiento, una necesidad de olvidar para poder seguir viviendo y luego una necesidad de recordar para revivir al que se está olvidando”, dijo el autor colombiano en una entrevista con “Río Negro”, en la que habló sobre la tragedia que lo marcó y el vínculo que mantiene con Medellín.

P-¿Cómo es su relación con Medellín?

R- Cuando uno nace en un sitio y pasa ahí su juventud, eso se vuelve como un relación eterna de la que no puedes salir. Es como la familia, uno no la escoge. Como todo lo irremediable, envuelve amor y odio. He llegado a odiar a Medellín por muchos períodos. Hace mucho tiempo me he ido con ganas de no volver nunca. Y he regresado con ganas de ayudar a que sea una ciudad mejor.

P- ¿En que circunstancias se da la muerte de su padre en 1987?

R- Él era un militante de derechos humanos, estaba muy activo, participaba en marchas, siempre había sido un hombre muy comprometido con la ciudad. Es más, esa relación mía con el país y con Medellín un poco se filtra a través de los ojos de él. Recuerdo una vez que estaban matando mucha gente y yo digo: “Esto es un país, una ciudad de mierda”. Mi padre se puso furioso, dio puñetazo en la mesa y dijo: “Esto no es un país de mierda, tienes que respetar, lo que hay que hacer en vez insultarlo es trabajar por esta ciudad y por este país”.

P- ¿Y qué pensó cuando lo asesinaron?

R- Ahí como que confirmo que más bien yo tenía razón, que sí eran una ciudad y un país de mierda. Entonces ahí, a fines de 1987, cuando me voy a Italia es el momento de mayor odio. “Esta es una ciudad que nos mata, este es un país atroz, me voy a volver italiano”, dije. Como ya había estado allá tanto tiempo intenté volverme italiano y luego no pude. Se me estaba olvidando el español y lo que yo quería era escribir en español. Más que por Medellín o por cualquier cosa influyó que estuvieran mis hermanas y mi mamá. En 1992 volví por la lengua materna.

P- ¿Fue sorpresivo el asesinato de tu padre?

R- Sabíamos que corría riesgos pero pensábamos que la dignidad de su figura, de un profesor pacífico y tranquilo, lo protegería. Fue un error gravísimo nuestro. Si lo hubiéramos pensado lo hubiéramos obligado a irse. Pero no lo hicimos. No sé si por falta de amor y de atención o por qué. Él tenía muy claro que lo iban a matar. Sabía a lo que se estaba exponiendo, mucho más que nosotros.

P-¿Se recrimina eso?

R- No es fácil… (silencio)

P- ¿Cuánto le costó poder escribir al respecto?

R- Mucho, veinte años. Esperar a que eso casi se estuviera olvidando. Uno tiene un doble sentimiento, una necesidad de olvidar para poder seguir viviendo y luego una necesidad de recordar para revivir al que se está olvidando. Es muy ambiguo. Además, era un tema del que me pasé veinte años sin hablar y ahora llevo diez años en que las entrevistas me obligan a hablar de eso permanentemente. Publiqué el libro también para hablar de eso y no tener que volver a hablar de eso.

P- ¿Y qué le genera?

R- Es como un familiar mío también. Se vuelve una cosa inevitable, es lo que es.

P- ¿Cómo ve a Medellín actualmente?

R- Cuando la comparo con otras ciudades de Colombia, me digo “no estamos tan mal”. Se ha hecho más que en Cartagena, por ejemplo. Cuando la comparo, otras ciudades que están mucho mejor, digo “nos falta demasiado”. Medellín no es lo que nos venden pero siempre hay que comparar.

P- Dejó de ser la ciudad más peligrosa del mundo pero sigue habiendo crimen, pobreza y desigualdad.

R- Sí. Pero decir que no ha habido un cambio es también estar ciego. Decir que el 60 por ciento de Medellín es muy pobre, comparado con las ciudades parecidas, como Caracas, Cartagena o Calcuta, también es relativo. Estuve con un escritor indio recorriendo los barrios populares de Medellín -no los peores, no los de invasión-, y él decía: “Esto en India es clase media”.

P- Está mejor pero sigue habiendo muchos problemas.

R- Sí, hay vacunas (extorsiones) y problemas de mafia muy grave, sobre todo en los barrios populares, pero la situación no se puede comparar con la de hace veinte años. Es completamente distinta. Supongo que si premian a Medellín es por el cambio, no porque sea el paraíso sino porque salió del infierno. Pueden decir lo que quieran pero al menos hay metrobus, metrocable, tranvía… Es bueno que haya gente muy negativa que diga que todo es maquillaje para que nos esforcemos más. Pero tampoco uno puede negar porque sería negar lo evidente. Si la comparas con Berlín, Medellín es una mierda. Si la comparas con Bogotá o con Cartagena, es mucho mejor.

P- ¿Cómo le resulta vivir en Medellín?

R- Me cuesta mucho trabajo escribir mis libros en Medellín. Trato de salir a otras partes. Es una ciudad que desconcentra. Se pelea y se discute mucho. Hay mucho ruido, mucho humo. Tengo un muy buen ambiente pare escribir pero, sin embargo, estoy ahí y empieza la pelea política, la furia, las discusiones… Todo es muy intenso. Colegas que te insultan, gente que por la política te odia, muchas entrevistas, muchos visitantes a Medellín que quieren que les explique Medellín… No hay tiempo para escribir, hay que irse un tiempo a donde no te conozcan para poder estar solo con uno mismo. En Medellín vivo pero me desvivo.

En el nombre

del padre

Héctor Abad Gómez (Jericó, Antioquia, 1921 – Medellín, 25 de agosto de 1987) fue un médico, ensayista, luchador por los derechos humanos y especialista en Salud Pública colombiano.

Fue asesinado en Medellín, tras amenazas por sus denuncias contra grupos paramilitares, quienes venían cometiendo crímenes selectivos de líderes sociales, tanto en Antioquia como en toda Colombia; concretamente, contra miembros y simpatizantes de la Unión Patriótica (UP).

Su hijo Héctor Abad Faciolince hizo de él una biografía novelada en su libro de 2005 “El olvido que seremos”.

“Me cuesta mucho trabajo escribir mis libros en Medellín. Trato de salir a otras partes. Es una ciudad que desconcentra (…) En Medellín vivo pero me desvivo”,

escribe Abad Faciolince.

Cuatro novelas para saber quién es Abad Faciolince

Datos

“Me cuesta mucho trabajo escribir mis libros en Medellín. Trato de salir a otras partes. Es una ciudad que desconcentra (…) En Medellín vivo pero me desvivo”,
“Asuntos de un hidalgo disoluto”
(Alfaguara, 1999)
“Angosta” (Seix Barral, 2004). Traducida al mandarín.
“El olvido que seremos” (Seix Barral, 2005) Vivencias con su padre.
“La oculta” (Alfaguara, 2014). Su última novela publicada.

Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958) logró afirmase a nivel internacional como uno de los escritores contemporáneos de mayor prestigio de la lengua castellana con la publicación de “El olvido que seremos” (2006), un relato estremecedor sobre la vida y el asesinato de su padre, del que se cumplen 30 años.

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