Empresarios nerviosos
Hasta hace muy poco, casi todos los empresarios del país entendían que les convendría tomar al pie de la letra lo de “capitalismo de los amigos”, razón por la que se esforzaban por congraciarse con los Kirchner a la espera de que sus manifestaciones de apoyo sirvieran para asegurarles contratos provechosos o, al menos, para ahorrarles problemas, pero parecería que se ha roto la alianza tácita así supuesta. A pesar de las presiones oficiales, sólo un puñado de empresarios eligió acompañar a la pareja gobernante cuando, en una especie de ceremonia pública, formalizaba su ofensiva contra Papel Prensa. ¿Cómo reaccionarán los Kirchner frente a “la traición” de quienes habían creído debidamente sumisos? Se trata de una pregunta que muchos empresarios se han planteado últimamente. Temen ser víctimas de represalias por parte del gobierno mismo y del líder sindical Hugo Moyano, cuyos hombres ocasionaron muchos perjuicios a la economía nacional bloqueando las plantas de Techint hasta que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner le pidió aceptar una tregua breve. Puede que la preocupación que sienten tantos empresarios no se justifique. Puesto que en el país ya está difundiéndose un clima preelectoral, no sería del interés de los Kirchner emprender una campaña contra el grueso de los empresarios y de tal modo provocar estragos en una economía que, esperan, seguirá aportándoles votos al expandirse vigorosamente en los próximos meses. Con todo, aunque un período acaso prolongado signado por bloqueos, tomas de fábricas y conflictos laborales relativamente menos frontales no ayudaría a los santacruceños a reconciliarse con la clase media, es tan notoria su propensión a subordinar lo demás a sus prioridades políticas inmediatas que pocos se sorprenderían si optaran por intentar castigar a los díscolos sin tomar en cuenta el impacto negativo que tendría un esfuerzo en tal sentido. Así las cosas, es comprensible que el optimismo que se inspiró en la convicción de que, aunque sólo fuera por motivos electoralistas, los Kirchner tratarían de actuar como gobernantes moderados, comprometidos con la estabilidad, que estarían resueltos a impresionar a los mercados de capitales para que comenzaran a prestarnos más dinero a tasas que en otras latitudes serían consideradas normales, se haya visto reemplazado por el pesimismo. Huelga decir que el poder creciente de Moyano, el que, días antes de ser ungido jefe del aparato del PJ bonaerense, proclamó que estamos en vísperas de la “batalla final” para consolidar el “modelo nacional y popular”, no ha contribuido en absoluto a tranquilizar a los empresarios. Sospechan que por depender tanto los Kirchner del camionero combativo no harán nada para frenarlo. Asimismo, les inquieta mucho el protagonismo al parecer permanente del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, un personaje que, si bien ha cambiado la pistola cargada que solía llevar a reuniones con los titulares de empresas importantes por guantes de boxeo, lo que podría interpretarse como una señal de “moderación”, sigue tratando de intimidar a sus interlocutores. Como no pudo ser de otra manera, a los encargados de manejar empresas no les hace ninguna gracia tener que prepararse para enfrentar a un Néstor Kirchner vengativo, acompañado por Moreno y Moyano, que a su entender querrán desquitarse por su resistencia a aplaudir medidas presuntamente destinadas a hacer que la economía sea más “nacionalista y popular” de lo que ya es. Mientras no tengan motivos para creer que sólo se ha tratado de un susto porque a los Kirchner nunca se les ocurriría provocar estragos a la economía ya que significaría privarse de lo que en buena lógica deberían imaginar sería su carta de triunfo, la única de la que disponen, los empresarios grandes, medianos y chicos continuarán postergando inversiones y desistirán de crear empleos, limitándose a aprovechar las oportunidades brindadas por una etapa que, si no fuera por la presencia ominosa de la inflación, sigue siéndoles favorable. Que la presidenta y su marido estén tan convencidos como el que más de que lo económico debería subordinarse a lo político no es ningún secreto pero, por ser cuestión de dos ámbitos íntimamente entrelazados, cometerán un error muy grave si tratan de castigar al empresariado nacional por haberles dado la espalda.
Hasta hace muy poco, casi todos los empresarios del país entendían que les convendría tomar al pie de la letra lo de “capitalismo de los amigos”, razón por la que se esforzaban por congraciarse con los Kirchner a la espera de que sus manifestaciones de apoyo sirvieran para asegurarles contratos provechosos o, al menos, para ahorrarles problemas, pero parecería que se ha roto la alianza tácita así supuesta. A pesar de las presiones oficiales, sólo un puñado de empresarios eligió acompañar a la pareja gobernante cuando, en una especie de ceremonia pública, formalizaba su ofensiva contra Papel Prensa. ¿Cómo reaccionarán los Kirchner frente a “la traición” de quienes habían creído debidamente sumisos? Se trata de una pregunta que muchos empresarios se han planteado últimamente. Temen ser víctimas de represalias por parte del gobierno mismo y del líder sindical Hugo Moyano, cuyos hombres ocasionaron muchos perjuicios a la economía nacional bloqueando las plantas de Techint hasta que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner le pidió aceptar una tregua breve. Puede que la preocupación que sienten tantos empresarios no se justifique. Puesto que en el país ya está difundiéndose un clima preelectoral, no sería del interés de los Kirchner emprender una campaña contra el grueso de los empresarios y de tal modo provocar estragos en una economía que, esperan, seguirá aportándoles votos al expandirse vigorosamente en los próximos meses. Con todo, aunque un período acaso prolongado signado por bloqueos, tomas de fábricas y conflictos laborales relativamente menos frontales no ayudaría a los santacruceños a reconciliarse con la clase media, es tan notoria su propensión a subordinar lo demás a sus prioridades políticas inmediatas que pocos se sorprenderían si optaran por intentar castigar a los díscolos sin tomar en cuenta el impacto negativo que tendría un esfuerzo en tal sentido. Así las cosas, es comprensible que el optimismo que se inspiró en la convicción de que, aunque sólo fuera por motivos electoralistas, los Kirchner tratarían de actuar como gobernantes moderados, comprometidos con la estabilidad, que estarían resueltos a impresionar a los mercados de capitales para que comenzaran a prestarnos más dinero a tasas que en otras latitudes serían consideradas normales, se haya visto reemplazado por el pesimismo. Huelga decir que el poder creciente de Moyano, el que, días antes de ser ungido jefe del aparato del PJ bonaerense, proclamó que estamos en vísperas de la “batalla final” para consolidar el “modelo nacional y popular”, no ha contribuido en absoluto a tranquilizar a los empresarios. Sospechan que por depender tanto los Kirchner del camionero combativo no harán nada para frenarlo. Asimismo, les inquieta mucho el protagonismo al parecer permanente del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, un personaje que, si bien ha cambiado la pistola cargada que solía llevar a reuniones con los titulares de empresas importantes por guantes de boxeo, lo que podría interpretarse como una señal de “moderación”, sigue tratando de intimidar a sus interlocutores. Como no pudo ser de otra manera, a los encargados de manejar empresas no les hace ninguna gracia tener que prepararse para enfrentar a un Néstor Kirchner vengativo, acompañado por Moreno y Moyano, que a su entender querrán desquitarse por su resistencia a aplaudir medidas presuntamente destinadas a hacer que la economía sea más “nacionalista y popular” de lo que ya es. Mientras no tengan motivos para creer que sólo se ha tratado de un susto porque a los Kirchner nunca se les ocurriría provocar estragos a la economía ya que significaría privarse de lo que en buena lógica deberían imaginar sería su carta de triunfo, la única de la que disponen, los empresarios grandes, medianos y chicos continuarán postergando inversiones y desistirán de crear empleos, limitándose a aprovechar las oportunidades brindadas por una etapa que, si no fuera por la presencia ominosa de la inflación, sigue siéndoles favorable. Que la presidenta y su marido estén tan convencidos como el que más de que lo económico debería subordinarse a lo político no es ningún secreto pero, por ser cuestión de dos ámbitos íntimamente entrelazados, cometerán un error muy grave si tratan de castigar al empresariado nacional por haberles dado la espalda.
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