Los franceses se van
Vista desde la otra orilla del Atlántico, la compra por el grupo Werthein de las acciones francesas de la empresa Telecom se parecerá mucho al comienzo de una retirada de un mercado poco promisorio por parte de los inversores europeos. Vista desde la Casa Rosada, en cambio, la operación ha supuesto el regreso a manos argentinas de un pedazo valioso del patrimonio nacional que había sido malvendido por el ex presidente Carlos Menem, además de constituir una prueba de que por lo menos algunos inversores locales “creen en el país”. Aunque ambas interpretaciones pueden ser muy ingenuas, porque se sabe que France Telecom está repensando su estrategia internacional y es de suponer que la decisión del grupo Werthein no se basó exclusivamente en el deseo de manifestar su fe en el futuro del país ya que lo gobierna Néstor Kirchner, cuando de la economía se trata, en el corto plazo por lo menos las impresiones pueden importar mucho más que los hechos. Por cierto, de difundirse la idea de que inversores europeos importantes están tan decididos a salir de la Argentina por creerla sin futuro que aceptarían vender sus paquetes accionarios a virtualmente cualquier precio, otros se sentirían tentados a imitarlos, pero si muchos oyen decir que los argentinos mismos, confiados en que por fin su país está por emprender el camino del desarrollo, están aprovechando una oportunidad tal vez irrepetible para restablecerse invirtiendo en sectores estratégicos, los beneficios serían con toda seguridad enormes. En teoría, los inversores que manejan miles de millones de dólares siempre actúan con racionalidad fría luego de estudiar con objetividad la información que les suministran legiones de analistas sumamente capaces, pero en realidad la mayoría se deja influir por rumores y corazonadas, de ahí las “burbujas” colosales que periódicamente enriquecen a los afortunados y arruinan a otros que llegan tarde. Desgraciadamente para nuestro país, los mensajes que podrían entusiasmar a los inversores de Wall Street, Londres, París y Tokio indignarían a sectores locales importantes, mientras los que podrían suponerle más apoyo aquí asustarían tanto a los financistas de otras latitudes como a sus amigos criollos.
Pues bien: es comprensible que el gobierno de Kirchner, lo mismo que todos sus antecesores en circunstancias similares, haya procurado hacer pensar que una venta importante debería tomarse por una manifestación de apoyo en su favor, pero es poco probable que muchos se sientan convencidos. Aunque fuera sólo una casualidad desafortunada que el repliegue de France Telecom se haya producido justo cuando la Argentina entraba brevemente en default con el FMI debido en parte a la oposición de los franceses a un acuerdo excesivamente “flexible”, la coincidencia no puede sino parecer confirmar que los europeos, hartos de ser denostados por Kirchner, presionados por decenas de miles de tenedores de bonos y convencidos de que el gobierno seguirá discriminando contra ellos, han elegido batirse en retirada. Asimismo, la tesis de los que conjeturan que por ser Telecom ya en parte argentino -Telecom Italia no parece tener interés por vender sus acciones en la empresa- le será más fácil conseguir un aumento de las tarifas, no ayudará en absoluto a un gobierno que se supone deseoso de atraer a los inversores extranjeros.
De todos modos, no sería nada positivo que el gobierno se dejara engañar por su propia propaganda tomando el ingreso en Telecom de Werthein por evidencia de que más grandes empresarios argentinos “creen en el país” hasta tal punto que estén dispuestos a comenzar a repatriar sus capitales. Antes de que esto ocurriera, sería forzoso eliminar todas las dudas acerca del rumbo que el gobierno se ha propuesto, pero parecería que tendremos que esperar hasta que haya terminado la larga serie de elecciones presuntamente clave para saberlo. Aunque lo más probable es que el gobierno finalmente opte por “el capitalismo moderno” con cierto perfil asistencialista, es decir, por una versión no tan distinta de la prometida por la Alianza radical-frepasista, de repetirse muchas veces más las rupturas tácticas con el FMI no se disiparán por completo los temores a que el ala más aventurera del oficialismo consiga imponerse.
Vista desde la otra orilla del Atlántico, la compra por el grupo Werthein de las acciones francesas de la empresa Telecom se parecerá mucho al comienzo de una retirada de un mercado poco promisorio por parte de los inversores europeos. Vista desde la Casa Rosada, en cambio, la operación ha supuesto el regreso a manos argentinas de un pedazo valioso del patrimonio nacional que había sido malvendido por el ex presidente Carlos Menem, además de constituir una prueba de que por lo menos algunos inversores locales “creen en el país”. Aunque ambas interpretaciones pueden ser muy ingenuas, porque se sabe que France Telecom está repensando su estrategia internacional y es de suponer que la decisión del grupo Werthein no se basó exclusivamente en el deseo de manifestar su fe en el futuro del país ya que lo gobierna Néstor Kirchner, cuando de la economía se trata, en el corto plazo por lo menos las impresiones pueden importar mucho más que los hechos. Por cierto, de difundirse la idea de que inversores europeos importantes están tan decididos a salir de la Argentina por creerla sin futuro que aceptarían vender sus paquetes accionarios a virtualmente cualquier precio, otros se sentirían tentados a imitarlos, pero si muchos oyen decir que los argentinos mismos, confiados en que por fin su país está por emprender el camino del desarrollo, están aprovechando una oportunidad tal vez irrepetible para restablecerse invirtiendo en sectores estratégicos, los beneficios serían con toda seguridad enormes. En teoría, los inversores que manejan miles de millones de dólares siempre actúan con racionalidad fría luego de estudiar con objetividad la información que les suministran legiones de analistas sumamente capaces, pero en realidad la mayoría se deja influir por rumores y corazonadas, de ahí las “burbujas” colosales que periódicamente enriquecen a los afortunados y arruinan a otros que llegan tarde. Desgraciadamente para nuestro país, los mensajes que podrían entusiasmar a los inversores de Wall Street, Londres, París y Tokio indignarían a sectores locales importantes, mientras los que podrían suponerle más apoyo aquí asustarían tanto a los financistas de otras latitudes como a sus amigos criollos.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora