Norberto Bobbio y el liberal socialismo, Por Gabriel Rafart17-01-04
La filosofía política tuvo en Norberto Bobbio a uno de los pensadores más atractivos e influyentes entre quienes eligieron el arduo intento por conciliar en una fórmula política coherente elementos del liberalismo y del socialismo. La vida del filósofo italiano, nacido en Turín en 1909 y fallecido en los primeros días de enero de este año, fue un consecuente compromiso con la idea de que a la libertad del liberalismo humanista y político era posible sumar la noción de igualdad social, pilar y fundamento de la tradición socialista. Para extremar ese compromiso, Bobbio fue campeón de la tolerancia. Hizo de ella su principal arma de combate en debates nunca saldados con todas las expresiones de la política de su país, exceptuando a la derecha radicalizada y al fascismo. En su autobiografía, escrita hace algo más de un lustro, decía que prefería abordar a quienes confrontaba ideológicamente como interlocutores y no a modo de adversarios. Así consideraba a los comunistas de Togliatti, aun en los tiempos exacerbados de la segunda posguerra, cuando la Guerra Fría hacía de éstos los principales enemigos del liberalismo, de la democracia cristiana, de los restos del fascismo y de un socialismo que había quebrantado la voluntad por derrocar al capitalismo. Mientras el sistema político de su país excluía al PCI de la responsabilidad del gobierno cuando este partido era capaz de obtener la adhesión de uno de cada tres italianos, Bobbio estableció un puente fecundo con los comunistas desde su ardua labor académica, periodística y cultural.
La vida de Bobbio fue también la historia de los progresos intelectuales y las «guerras civiles» europeas. Su experiencia, como pensador, estuvo cruzada por intensos debates entre distintas tradiciones políticas por los destinos de la humanidad. También por la realidad de la no neutralidad en tiempos en los cuales el debate entre libertad e igualdad se escribía en las trincheras desde Madrid hasta Stalingrado. Su mundo fue de hombres para la acción. De allí que su compromiso antifascista fue algo más que un convencimiento originado en la cátedra de la Universidad de Turín o desde las páginas amarillas de su robusta producción intelectual. Actuó en la resistencia italiana y participó en la reconstrucción de una Italia devastada por la guerra, que fue capaz de reunir tanto a la Intelligentzia como a la clase trabajadora en una «república óptima», liberal y socialista. El historiador inglés Perry Anderson, al analizar el pensamiento de Bobbio, destaca la oportunidad para esa república en su especial ambiente nacional, al señalar que «un decenio de fascismo había dejado al liberalismo en Italia en la condición excepcional de ser aún una fuerza viva, no agotada, mientras el socialismo se presentaba todavía relativamente unido». Sin embargo, la Guerra Fría desbarató las posibilidades de ese curso de acción.
Como pensador, Bobbio instaló sus coordenadas en los «temas recurrentes» de la filosofía política. El análisis de los clásicos -Aristóteles, Maquiavello, Montesquieu, Bodin, Hegel, entre otros- le permitió reflexionar sobre los problemas ya realistas o utópicos, descriptivos o prescriptivos, relativos a los fundamentos, a la conquista y por último al ejercicio del poder. Con esas lecturas enseñaba que para entender el poder político, en su mundo de mando, obediencia y coerción de hombres sobre hombres, había que conocer el Leviatán del lúgubre Thomas Hobbes y también el Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, la obra histórico-política más rica de Carlos Marx. Y que dentro de la teoría del poder político, Marx y Lenin habían abordado un único capítulo: el de su conquista y su destrucción. La revolución rusa era su confirmación empírica, pero también negación. Y que el liberalismo poseía sólidos pilares sobre muchos campos de la teoría del poder, siendo el de mayor relevancia el que hacía a su ejercicio y sus consecuencias despóticas. También señaló que una gran parte de la tradición socialista no podía hablar el lenguaje del abuso del poder porque impugnaba la entera estructura capitalista. Es que una vez consumada la sociedad de hombres libres de la explotación, al nuevo poder le sería negada la eventualidad del ejercicio de la tiranía. Sin embargo, allí estaba la experiencia histórica: Stalin en la Rusia soviética y el Khmer Rouge de Pol Pot, en Camboya. En cambio, insistía en que el liberalismo humanista había producido reflexiones de alta textura e implicancias políticas sobre el abuso del poder, en tanto su punto de partida fue entender cómo construir la libertad de los hombres en un mundo de tiranías de fe religiosas y liderazgos providenciales.
El liberal socialismo de Bobbio es un doble cruce de mundos no necesariamente antitéticos: el de las tradiciones políticas y el de los tiempos nacionales. El de tradiciones intelectuales que fueron ablandadas por el tiempo histórico de una Italia construida tardíamente como Estado Nacional. Su realidad estatal unitaria era reciente, de la segunda mitad del XIX, y los retazos que le dieron origen no siempre estuvieron dispuestos a soldarse definitivamente. Es esa misma Italia que durante el último decenio de ese siglo y la primera mitad del XX fue capaz de producir pensadores destacados, dedicados a desentrañar los problemas del poder, tanto en un sentido abstracto como de concreción histórica en fórmulas precisas de gobierno. Allí están Gaetano Mosca, Antonio Gramsci y Guglielmo Ferrero. Mosca, fundador de la escuela realista de ciencia política, elitista y liberal al mismo tiempo, padre del concepto de «clase política» como élite especializada presente aun en tiempos de una democracia amplia. Gramsci, socialista que siempre tuvo más que ver con Hegel que con el propio Marx, con sus conceptos abiertos de hegemonía, bloque histórico y revolución pasiva. Ferrero, historiador, liberal y antifascista, pensador del problema del poder en clave de construcción de legitimidad política como el «derecho de gobernar». Tanto la vida de Gramsci como la de Ferrero se apagaron en tiempos del fascismo, uno después de una década en sus cárceles y el otro refugiado en Ginebra mientras Mosca creía entenderse políticamente con el régimen fascista de Benito Mussolini.
Norberto Bobbio fue un sobreviviente del fascismo. También un explorador de la «república optima» en la inmediata posguerra. Avanzó sobre las fuentes de la democracia moderna, con sus ingredientes liberales y de izquierda. Sus críticas recientes a la democracia contemporánea, en tanto construcción de promesas e incumplimiento de las mismas, fueron realizadas a partir de ese horizonte intelectual abierto, puesto en la fusión entre la libertad liberal y la igualdad socialista. Quienes viven la libertad y la igualdad como parte del doble sentido de pasión y realidad posible ganaron con la producción intelectual de Bobbio una preciada herencia.
La filosofía política tuvo en Norberto Bobbio a uno de los pensadores más atractivos e influyentes entre quienes eligieron el arduo intento por conciliar en una fórmula política coherente elementos del liberalismo y del socialismo. La vida del filósofo italiano, nacido en Turín en 1909 y fallecido en los primeros días de enero de este año, fue un consecuente compromiso con la idea de que a la libertad del liberalismo humanista y político era posible sumar la noción de igualdad social, pilar y fundamento de la tradición socialista. Para extremar ese compromiso, Bobbio fue campeón de la tolerancia. Hizo de ella su principal arma de combate en debates nunca saldados con todas las expresiones de la política de su país, exceptuando a la derecha radicalizada y al fascismo. En su autobiografía, escrita hace algo más de un lustro, decía que prefería abordar a quienes confrontaba ideológicamente como interlocutores y no a modo de adversarios. Así consideraba a los comunistas de Togliatti, aun en los tiempos exacerbados de la segunda posguerra, cuando la Guerra Fría hacía de éstos los principales enemigos del liberalismo, de la democracia cristiana, de los restos del fascismo y de un socialismo que había quebrantado la voluntad por derrocar al capitalismo. Mientras el sistema político de su país excluía al PCI de la responsabilidad del gobierno cuando este partido era capaz de obtener la adhesión de uno de cada tres italianos, Bobbio estableció un puente fecundo con los comunistas desde su ardua labor académica, periodística y cultural.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora