A 185 años de la hazaña del 7 de marzo

Redacción

Por Redacción

historias bajo cero

“Señores: las fuerzas del imperio brasileño de mi mando están distantes de su pueblo algunas millas y se acercan con los principios de guerra más honorables, supuesto que se devolverán los buques, propiedades y prisioneros que han sido introducidos en su puerto por los corsarios de Buenos Aires y Banda Oriental. No hemos venido a incomodar a los habitantes de esta colonia y no hubiéramos jamás venido con este objeto; pero sí el de obtener lo arriba mencionado, porque este país se encuentra a mucha distancia del nuestro para que intentemos permanecer en él. Nos han conducido a este punto las ideas más puras, pero son ustedes quienes han empezado las hostilidades… Permaneced tranquilos en vuestros hogares, vuestras personas y propiedades serán respetadas, caso de acceder a mi justa solicitud; pero en caso contrario incendiaré todas vuestras habitaciones”. Traducción del escrito que firmó James Shepherd, hallado en uno de sus bolsillos luego de muerto. El inglés capitán de fragata James Shepherd comandó a los invasores brasileños que en cuatro naves se fueron acercando a la boca del río Negro a partir de fines de febrero de 1827 con el propósito de anular el Fuerte del Carmen, pues alrededor del mismo convivían corsarios que incursionaban en las costas marítimas brasileñas y las presas que obtenían eran conducidas a Patagones, tanto naves como variados artículos y negros esclavos, puerto marítimo-fluvial único por entonces en la Patagonia que albergaba -según documentación histórica- alrededor de ochocientos habitantes de variadas nacionalidades. Aunque la historia oficial le dedica muy pocas líneas a aquella famosa invasión, pasó al presente como la batalla del “Cerro de la Caballada”. No vamos a detallar los distintos aspectos de ese acontecimiento, pero si recordar, resumidamente, algunos de ellos. Por caso las naves invasoras del imperio brasileño: corbetas “Itaparica” y “Duquesa de Goyaz”, bergantín-goleta “Escudero” y goleta “Constancia”, comandadas por Shepherd y como segundo el capitán Guillermo Eyre, siguiéndole el primer teniente Luis Clemente Pouthier, teniente Joaquín Marques Lisboa y tte. Joaquín José Ignacio, fuerza de desembarco “que sobrepasaba los 600 hombres, de los cuales 350 y 400 eran soldados de línea con sus oficiales” y además “diez tenientes segundos, un alférez, dos guardias marinas, cuatro primeros pilotos, tres comisarios, tres escribanos y tres médicos” (sic), de los cuales doscientos cincuenta eran ingleses o norteamericanos, agregándose el francés primer teniente Luis Clemente Pouthier que comandaba el “Escudero”. “Las fuerzas argentinas estaban integradas por una compañía de infantería de 150 hombres, un escuadrón de caballería de algo más de 100 hombres, un piquete de artillería y los corsarios; es decir unos 150 hombres de tropa regular, algo más de cien vecinos y gauchos” y sin precisar cierta cantidad de corsarios la mayoría extranjeros, estimativamente. En la boca del río Negro, hoy conocido como “Estacionario”, se emplazaron cuatro cañones y otros en el fuerte y “Cerro de la Caballada”. En el puerto o amarradero maragato estaban las naves “Chacabuco” de la Armada nacional, fuera de servicio y los buques corsarios “Hijo de Mayo” e “Hijo de Julio”, bergantín “Oriental Argentino” a los que se sumaban sumaca “Bella Flor”, goletas “Emperatriz” y “Chiquilla”. Por 1827 era comandante militar y político de Patagones el coronel graduado Martín Paulino Lacarra y Toledo y la historia y el bronce recuerdan a quienes dirigieron la defensa del pueblo fundado por Viedma: además del porteño Lacarra, sobresalieron el galés Santiago Jorge Bynon y los nacionales coronel Felipe Pereyra, subteniente Sebastián Olivera, capitán baqueano José Luis Molina y sus gauchos (tragas), vecino Fernando Alfaro y otros. Mención especial para mujeres, hombres y jóvenes que en el fuerte ataviados como soldados simularon mayor cantidad de tropas. Era tesorero del Fuerte Ambrosio Mitre, padre de Bartolomé. La “Duquesa de Goyaz” no pudo vencer la “barra” del Negro, varó y “quedó completamente deshecha al día siguiente, salvándose la tripulación y tropa, exceptuando 35 o 40 hombres que se ahogaron”. Hubo desembarcos en ambas márgenes del río y el grupo que encabezó Shepherd lo hizo por la norte en dirección al fuerte, pero en cercanías del “Cerro de la Caballada” “recibió una pequeña herida de bala que tuvo el antojo de entrarle por el pescuezo y salirle por la nuca… quedó abandonado de los suyos”. Desbande. Rendición total. Muchos prisioneros. Triunfo argentino. Fue el 7 de marzo de 1827. Dos grandes banderas de los invasores en la iglesia parroquial de Patagones recuerdan la gran hazaña de hace 185 años. Bibliografía y fuentes principales: García Enciso, IJ. La gesta, 1968. Rivero de Gayone, MC. Reminiscencias históricas, 1927. Pita, F. Remembranzas, 1928. Museo de Patagones. Publicación N° 8, 1977. Pesatti, PO. Diario, 2005. Pérez Morando, H. La invasión 1993; Extranjeros, 2002 e Ingleses, 2007, (RN). Espinosa, C. Perfiles y postales, 2005. Biedma, JJ. Crónica, 1905. Archivo diario “Río Negro”. Biblioteca Patagónica (VECh) y otros. (*) Periodista. Investigador de historia patagónica

HÉCTOR PÉREZ MORANDO (*)

El monumento que recuerda la gesta en Patagones.


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