A ella sola no le alcanza para ganar



Cristina Kirchner ha bajado su candidatura presidencial que, salvo excepciones, la política ya daba como un hecho. Pero aún conserva el centro de la escena. ¿Puede haber más sorpresas? El martes enfrentará su primer juicio oral. Es por el momento lo único real.

Ha sido un último y -en su estilo característico- dramático llamado a la unidad del peronismo, que revela la convicción de que con ella sola no alcanza para ganar.

El inesperado anuncio de Cristina Kirchner de que acompañará como candidata a vicepresidenta a Alberto Fernández se conoció cuando aún faltan 20 días para el cierre de la presentación de las listas para las PASO y algo más de un mes para la presentación de candidaturas. Es tiempo suficiente para negociar con el peronismo federal, que hace mucho ha dejado de reconocer su liderazgo. En algunos casos, para seguir negociando. Incluso este anuncio.

Al día de hoy, Cristina Kirchner ha bajado su candidatura presidencial, que la política daba como un hecho. Pero sigue conservando el centro de la escena y, como ha quedado demostrado, la iniciativa. La decisión se anticipa a una esperada reunión de los principales referentes de Alternativa Federal, el miércoles, en la que ese espacio empezará a definir su futuro y su candidato tras el resonante triunfo del gobernador Schiaretti en Córdoba. La jugada de la senadora impacta allí más que en otro lado.

Alberto Fernández lo anticipó al final del encuentro que la expresidenta tuvo con la conducción formal del Justicialismo, que responde sin dobleces a ella: la senadora necesita que se sumen Sergio Massa y los gobernadores peronistas para que su nueva aventura además de ser competitiva pueda regresar al poder.

La oferta de la expresidenta busca precipitar una decisión que, según las encuestas, los peronistas no kirchneristas podrían verse enfrentados a tomar en un eventual balotaje entre ella y Mauricio Macri. La senadora quiere anticipar esa decisión. Un masivo apoyo del peronismo a la fórmula Fernández-Kirchner podría ser incluso la puerta de una victoria en primera vuelta, impensable por el momento.

La urgencia de la unidad va más allá de la elección. En su mensaje, la expresidenta reconoce que el próximo gobierno enfrentará duros desafíos y que se necesitará de una mayoría política -que hoy nadie tiene- para poder hacerles frente. En una Argentina fragmentada más allá de la grieta, el próximo gobierno, cualquiera sea su signo, necesitará de articulaciones y consensos. Con escasa tradición en esa materia, la senadora quiere empezar a construirlos ya.

La idea insistente de establecer un “nuevo orden” sobre un “nuevo contrato social” incluida en el mensaje resulta inquietante y perturbadora. Ya se ha planteado que el contrato lo quiere escribir ella. ¿Qué significa realmente? ¿Una reforma constitucional? ¿Con qué objetivos?

Sobre la elección de Alberto Fernández como candidato se disparan otros interrogantes. El ex jefe de Gabinete tiene llegada a todas las costas del peronismo. Fue un crítico implacable de la gestión de Cristina cuando abandonó el gobierno después de la pelea con el campo. Más tarde sus críticas se salieron de lo político y alcanzaron el terreno personal. Esa relación tormentosa recién se recompuso después de la derrota del kirchnerismo en las legislativas de 2017. Podría decirse que la doctora Kirchner ha hecho un movimiento hacia el centro del espectro político.

Pero a juzgar por las últimas expresiones de Fernández, parece haber sido él quien se acercó a las posiciones más radicalizadas de la expresidenta. Tanto, que sorprendió su iracunda intervención durante la controversia con la Corte por la causa de la obra pública, con duras advertencias a los jueces federales. Finalmente, ¿qué garantiza la solidez y continuidad de la relación de los ahora compañeros de fórmula?

Marcos Peña acaba de decir que la novedad no cambia los planes del gobierno. Aún no hay manera de saberlo. Es prematuro decir que no altera el escenario de polarización. No hay un modelo de respuesta fácil ante este desafío que plantea la senadora.

¿Puede haber más sorpresas? El martes ella estará sentada en una sala de los tribunales federales para el comienzo de su primer juicio oral. En medio del juego de sombras que propone la expresidenta, parece por el momento lo único real.


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