“A la Iglesia no le gustó la mujer comprando”
Con nuevo libro, “Cuando los trabajadores salieron de compras”, Milanesio coloca la mirada en un lugar poco habitual en la investigación de la historia argentina: el de considerar el consumo no como un mero hecho económico sino como un proceso de identificación social trascendente.
entrevista: Natalia Milanesio, escritora
Carlos Torrengo carlostorrengo@hotmail.com
Gentileza
–Al menos es una curiosidad. En general, el consumo ha sido aquí abordado por la historia, la economía, como actos económicos de satisfacción de necesidades, deseos. Y lo son, claro. Sin ser contradictoria con esto, en mi libro abordo el consumo en términos de una experiencia sociocultural subjetiva que, teniendo a individuos, grupos, tramos de la sociedad como protagonistas, sirve de hecho para “validar o crear identidades, expresarse a sí mismo, diferenciarse de otros y para establecer formas de pertenencias y estatus social”… –¿O sea una identidad? –Un sistema de significación. Es un fenómeno que trasciende del hecho económico de comprar para pensarlo como un hecho político y cultural de consecuencias muy fundamentales para la sociedad por la proyección que suele adquirir… –¿Ahí entra lo político, lo ideológico? –Entra… veamos. Al trascender el hecho económico, o sea comprar, al consumo hay que verlo también como un hecho político y cultural que dispara consecuencias sobre la sociedad. Consumir incluye prácticas como usar, exhibir, ostentar y desear que, en tanto prácticas concretas, establecen relaciones complejas entre sujetos sociales, entre éstos y los otros. –¿En qué escuela, por llamarlo de alguna manera, de investigar la historia se ha trabajado el consumo como algo más que un hecho económico? –Fundamentalmente en EE. UU. –País donde el consumo está en el altar en tanto reproducción diaria del sistema… –Sí, sí. Europa no ha sido ajena al tema, claro. Pero Europa… En América Latina en general y Argentina en particular recién ahora se está trabajando en esa dirección. Mi libro está en ese espacio. EE. UU. aportó “modelos” para investigar el consumo. Y hoy, en Canadá, África y Asia se lo trabaja funcionando en contexto de escasez, también en el surgimiento de intercambios no monetarios y el papel que juega la “periferia” en tanto productora de bienes de consumo. –Su libro se vertebra alrededor de lo sucedido en el campo del consumo con el surgimiento del peronismo. A meses de su publicación, ¿ratifica que le sigue resultado difícil comprender por qué al peronismo, investigado a cuatro lupas, no fue trabajado desde ese tema? –Sí, me confirmo en ese interrogante. Es una indiferencia cuya explicación, amplia o restringida, me resulta curiosa. –¿Deme un núcleo de lo que está en juego en esa indiferencia? –No sé si se trata de un núcleo. Pero la indiferencia es compleja de entender, apelo a una síntesis sencilla, porque durante ese proceso se producen los aumentos salariales más profundos logrados hasta ese surgimiento. Por caso, entre 1946 y 1949 el salario creció el 62% y ocupó el 60% del ingreso nacional, récord histórico. La famosa cadena de la prosperidad combinó altos salarios, industrialización nacional y alta demanda como nunca en la historia del país… –¿Cómo encuadran entonces los trabajos de Juan Carlos Torre, uno de los más rigurosos investigadores del peronismo, y de Elisa Pastoriza en relación a lo que llaman “la democratización del bienestar”? –Son aportes muy interesantes, sin duda. Han trabajado las vacaciones y la política de la vivienda como expresión de esa democratización, pero el consumo sigue rezagado aun cuando es clave en esa democratización. Advierto: el consumo tal cual lo definí recién… como mudanza de percepciones, realidades, nuevas relaciones en la sociedad… –¿Con qué definición del peronismo se fue usted metiendo en su desguace? –La que he sostenido siempre: “Un ejemplo paradigmático de populismo latinoamericano”. Pero en ese marco, todo lo que hizo en materia de redistribución de la riqueza y mejoramiento de las condiciones de vida de las mayorías… bueno, fue un quiebre largo y profundo con todo lo anterior… –En todo esto, Perón no parece inventar nada, sino simplemente, hombre de formación sólida y reflejos ágiles, organizar lo que estaba disperso. ¿Es así? –Y… él recoge para su política social mucho de los déficits que en esa materia venían denunciando de años desde socialistas, comunistas, profesionales, pensadores. Llamaban la atención del bajo estándar de la vida de los trabajadores. Perón recupera esos reclamos, los sistematiza para la consolidación de su proyecto político, los obreros lo siguen y hacen del consumo una bandera y un derecho. Emergen los nuevos consumidores, que comienzan a transformar el espacio público. Son los “intrusos” para la sociedad que se sentía única en ese espacio… –En uno de los capítulos, emerge la mujer como vertebral en esta cultura de consumo. Pero ese rol no aparece como un producto del peronismo. ¿Cómo es esa historia? –No leyó bien mi libro. Gracias a su mayor participación en el mercado de trabajo, venían logrando independencia para definir el consumo en la familia. Todo esto se consolida con el peronismo hacia mediados de siglo. La publicidad detecta, en el marco de sorpresa a que la somete el peronismo al intensificar el consumo, este fenómeno. Ya para ese mediado de siglo, los publicistas señalaban que las mujeres realizaban el 85% de las compras… –¿Eso implicó poder? –Por supuesto. Pero implicó también desafío a los roles tradicionales de género. Hasta principio de la década del 40, la figura del soltero gastador y del esposo que gastaba en salida objeto de celebración social. Pero la historia mudó. Emergieron las solteras, que extendían sus soltería para mejorar sus estándares de vida, libertad para consumir según deseos, y también fue la hora de las esposas pasando más tiempo en tiendas que en el hogar. Esto generó críticas especialmente de lo sectores católicos, Iglesia incluida, claro. Sostenían que toda esa mudanza cultural afectaba la unidad de la familia, el poder de los hombres en el manejo del presupuesto familiar y etc., etc. Era un tema de concepción de vida, de la libertad. Los temores eran infundados, pero su existencia evidenció la profundidad de los cambios sociales en marcha… –Con la crisis económico-financiera que comienza en el 51, el consumo se restringe desde el Estado. Y Perón apela a las mujeres en ayuda. ¿Es por el poder que habían adquirido en la economía? –Sí, es más, y de cara a la inflación que tomaba forma, apela a ellas definiéndolas como “ángeles guardianes de la económica doméstica”. Y los hombres son definidos como “derrochadores”… –¿Sigue siendo así esa historia? –Y… cuando el río suena
entrevista: Natalia Milanesio, escritora
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