Aborto: la dimensión masculina

Redacción

Por Redacción

Más allá de los innegables problemas que la política y la economía argentinas arrastran desde hace décadas, a veces se ponen de manifiesto avances sociales en función de luchas que vienen de lejos y ése es el caso del debate por el aborto. Esa persistencia de la denuncia en las calles y en muchos medios, ha puesto de manifiesto una tremenda realidad: en el país se realizan entre 370.000 y 522.000 abortos clandestinos por año -las cifras, como todo lo que hace al mundo clandestino, no pueden ser precisas- convirtiéndose entonces en una de las principales causas de muerte materna, lo que transforma al problema en una cuestión de salud pública.

Ese es el primer y principal problema que empuja a poner el tema en debate, cada vez con más fuerza, y que demanda una política adecuada. Es decir, la demanda histórica se consolida con una realidad social grave ya que el aborto en condiciones de ilegalidad hace que las mujeres pobres mueran, y por miles. Llevar el tema a ser debatido en el recinto del Congreso Nacional representa una gran conquista colectiva y un momento histórico en la lucha de quienes quieren una sociedad mejor. Pero, tal cual como lo señala el feminismo, el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo es también una demanda por ampliar la soberanía y la capacidad ciudadana de las mujeres que se sintetiza en una consigna: “es mi cuerpo”.

Ahora bien, hay también otro perfil que es parte del problema, o que se deriva de él, y es la situación de ese “otro” que hizo falta para dar lugar a la situación del embarazo, lo cual abre una dimensión ciertamente conflictiva, quizá por ello está ausente del actual debate o porque no pareciera políticamente correcto ponerse en el lugar de un “otro” masculino. Para ser más claro, memoro en esta ocasión un grafitti que vi hace un tiempo atrás: “Tu cuerpo es tuyo, pero el esperma es mío… cómo hacemos?”. La cuestión que ponía en evidencia el graffitero se podría resumir de la siguiente forma: la decisión sobre tu cuerpo es también sobre mi vida ya que decidirá si soy padre o no. Aquel graffiti me impactó porque ya para entonces había visto demasiadas veces a amigos, familiares, etc. sufrir mucho por ver que otra persona define su vida sin tener ninguna posibilidad de modificar ese rumbo, en el caso que quiera ser padre o que no lo desee. El tema es muy conflictivo porque, de hecho, la resolución del mismo crea tensiones de difícil resolución en esas parejas.

Para que quede claro, lo diré nuevamente: es urgente dejar atrás la situación que lleva a la muerte a miles de mujeres, mayormente jóvenes y pobres. El aborto es legal en la mayoría de los países de Europa, también en Estados Unidos, Canadá, Cuba, Uruguay, etc., y las razones son tanto de índole sanitaria como relativas a la expansión de los derechos, sobre todo de las mujeres. Pero el problema de ese “otro masculino” no está resuelto. Más aún, dejar este cabo suelto, seguir desconociendo ese costado del problema, puede jugar en contra de la legalización o complicar la posterior aplicación del aborto legal, como de hecho está sucediendo en Uruguay donde la justicia ordenó suspender un aborto tras un recurso de ese otro participante en la gestación, quien aseguró que deseaba su paternidad y se haría cargo del hijo por llegar.

En EE. UU. también, los grupos “pro vida” están usando este cabo suelto para revertir la cuestión del aborto legal. El problema es cómo resolver o regular, frente al embarazo, la falta de acuerdo sobre tener o no tener un hijo/a o, dicho de otra manera, cómo gestionar la tensión existente, fruto de ese desacuerdo, entre el derecho de las mujeres a ser dueñas de su cuerpo y a tomar una decisión que biológicamente las afecta y, por otro, los hombres que tienen derecho a decidir sobre una cuestión que les modificará toda su vida, la paternidad.

Un régimen legal “integral” para la interrupción voluntaria del embarazo podría ayudar a regular esta conflictividad que ya existe, porque existe el aborto. Quizá con sólo proponer alguna forma de compromisos o compensaciones a los afectados –mujeres u hombres- pueda transitarse mejor, y más responsablemente, esa situación. Para eso está la creatividad de nuestros legisladores, pero dejemos la cuestión allí, porque llegamos a un punto ciego, donde el pesimismo nos invade.


Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora