Al Operativo sonrisa

Redacción

Por Redacción

Es irónico que el único precandidato presidencial oficialista que parece estar en condiciones de triunfar en las próximas elecciones procure brindar la impresión de ser un dechado de tolerancia, una virtud que a muy pocos se les ocurriría atribuir al movimiento en el que dice militar, pero para el gobernador Daniel Scioli no hay contradicción alguna entre su forma de actuar y su presunta adhesión al “proyecto” kirchnerista. Como afirmó cuando alguien le preguntó si en su opinión levantaría ampollas presidenciales su participación en un evento organizado por el Grupo Clarín, “soy una persona que asiste a todos los lugares”, de tal manera manifestando el desprecio que siente por el fanatismo de ciertos compañeros. Huelga decir que sus rivales en la interna oficialista quisieran aprovechar su falta de fervor ideológico. El gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, lo acusa de representar el riesgo de “volver para atrás” por estar “con los grupos corporativos concentrados” y por lo tanto ser reacio a “profundizar logros”. Coincide con el entrerriano el ministro del Interior, Florencio Randazzo: dice que Scioli es el “candidato del poder económico y mediático”. Aunque Urribarri no mide en las encuestas y Randazzo, si bien le va un poco mejor, no parece tener demasiadas posibilidades de alcanzar al gobernador bonaerense, es de suponer que los dos esperan que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner los recompense por su fidelidad aun cuando hacerlo dejara al Frente para la Victoria sin un candidato viable. Es evidente que los estrategas kirchneristas han llegado a la conclusión de que les convendría que la campaña electoral tomara la forma de un conflicto entre los “poderes concentrados”, encabezados por el CEO de Clarín, el contador Héctor Magnetto, aliados ellos de los “buitres” norteamericanos, por un lado y, por el otro, el “proyecto nacional y popular” que juran estar impulsando. Si bien Urribarri, Randazzo y otros que últimamente se han puesto a hablar así nunca se han destacado por su interés en las lucubraciones de los ideólogos kirchneristas, entienden que en vista de la gravísima situación en que está la economía nacional sería mejor intentar hacer pensar que el país es escenario de una lucha épica entre el bien y el mal, de suerte que detalles como la inflación, la recesión, el desempleo y la inseguridad ciudadana carecen de importancia. Puede que a Cristina le guste la idea y que haya franjas tradicionalistas que la encuentren atractiva, pero sorprendería que el grueso del electorado, preocupado como ya está por temas menos abstractos, optara por sumarse a la cruzada contra “el poder económico”. De las alternativas frente a los aspirantes oficialistas a suceder a Cristina en la Casa Rosada, la elegida por Scioli parece la más realista. Como suele ocurrir cuando agoniza el “proyecto” de turno, son cada vez más los convencidos de que los políticos deberían tratar de superar aquellas diferencias internas que tienen más que ver con sus ambiciones personales que con los intereses del país, para trabajar juntos. De los kirchneristas, Scioli es el único que parece capaz de dialogar constructivamente con sus adversarios coyunturales, resistiéndose a la tentación de limitarse a insultarlos. Asimismo, confía en que sus frecuentes declaraciones oficialistas sirvan para que lo voten los que, a pesar de todo lo sucedido a partir de la reelección triunfal de octubre del 2011, siguen valorando la gestión de Cristina, mientras que su estilo radicalmente distinto le permitirá congraciarse con quienes se sienten amenazados por la agresividad de la presidenta y sus simpatizantes más locuaces pero que así y todo temen que otro gobierno podría privarlos de lo que tienen. Hasta ahora, la ambigüedad calculada de Scioli, el que se las ha ingeniado para formar parte del aparato kirchnerista sin por eso asemejarse a sus hipotéticos compañeros, le ha servido muy bien. Todas las encuestas lo ubican en la primera fila. Parecería que ha logrado sobrevivir al desafío planteado por el diputado Sergio Massa y que se prepara para enfrentar al jefe del Gobierno porteño, Mauricio Macri, en un eventual balotaje, razón por la que, a diferencia de quienes se concentran en su relación con Cristina, está esforzándose por tranquilizar a los habitualmente indecisos.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Viernes 9 de enero de 2015


Es irónico que el único precandidato presidencial oficialista que parece estar en condiciones de triunfar en las próximas elecciones procure brindar la impresión de ser un dechado de tolerancia, una virtud que a muy pocos se les ocurriría atribuir al movimiento en el que dice militar, pero para el gobernador Daniel Scioli no hay contradicción alguna entre su forma de actuar y su presunta adhesión al “proyecto” kirchnerista. Como afirmó cuando alguien le preguntó si en su opinión levantaría ampollas presidenciales su participación en un evento organizado por el Grupo Clarín, “soy una persona que asiste a todos los lugares”, de tal manera manifestando el desprecio que siente por el fanatismo de ciertos compañeros. Huelga decir que sus rivales en la interna oficialista quisieran aprovechar su falta de fervor ideológico. El gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, lo acusa de representar el riesgo de “volver para atrás” por estar “con los grupos corporativos concentrados” y por lo tanto ser reacio a “profundizar logros”. Coincide con el entrerriano el ministro del Interior, Florencio Randazzo: dice que Scioli es el “candidato del poder económico y mediático”. Aunque Urribarri no mide en las encuestas y Randazzo, si bien le va un poco mejor, no parece tener demasiadas posibilidades de alcanzar al gobernador bonaerense, es de suponer que los dos esperan que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner los recompense por su fidelidad aun cuando hacerlo dejara al Frente para la Victoria sin un candidato viable. Es evidente que los estrategas kirchneristas han llegado a la conclusión de que les convendría que la campaña electoral tomara la forma de un conflicto entre los “poderes concentrados”, encabezados por el CEO de Clarín, el contador Héctor Magnetto, aliados ellos de los “buitres” norteamericanos, por un lado y, por el otro, el “proyecto nacional y popular” que juran estar impulsando. Si bien Urribarri, Randazzo y otros que últimamente se han puesto a hablar así nunca se han destacado por su interés en las lucubraciones de los ideólogos kirchneristas, entienden que en vista de la gravísima situación en que está la economía nacional sería mejor intentar hacer pensar que el país es escenario de una lucha épica entre el bien y el mal, de suerte que detalles como la inflación, la recesión, el desempleo y la inseguridad ciudadana carecen de importancia. Puede que a Cristina le guste la idea y que haya franjas tradicionalistas que la encuentren atractiva, pero sorprendería que el grueso del electorado, preocupado como ya está por temas menos abstractos, optara por sumarse a la cruzada contra “el poder económico”. De las alternativas frente a los aspirantes oficialistas a suceder a Cristina en la Casa Rosada, la elegida por Scioli parece la más realista. Como suele ocurrir cuando agoniza el “proyecto” de turno, son cada vez más los convencidos de que los políticos deberían tratar de superar aquellas diferencias internas que tienen más que ver con sus ambiciones personales que con los intereses del país, para trabajar juntos. De los kirchneristas, Scioli es el único que parece capaz de dialogar constructivamente con sus adversarios coyunturales, resistiéndose a la tentación de limitarse a insultarlos. Asimismo, confía en que sus frecuentes declaraciones oficialistas sirvan para que lo voten los que, a pesar de todo lo sucedido a partir de la reelección triunfal de octubre del 2011, siguen valorando la gestión de Cristina, mientras que su estilo radicalmente distinto le permitirá congraciarse con quienes se sienten amenazados por la agresividad de la presidenta y sus simpatizantes más locuaces pero que así y todo temen que otro gobierno podría privarlos de lo que tienen. Hasta ahora, la ambigüedad calculada de Scioli, el que se las ha ingeniado para formar parte del aparato kirchnerista sin por eso asemejarse a sus hipotéticos compañeros, le ha servido muy bien. Todas las encuestas lo ubican en la primera fila. Parecería que ha logrado sobrevivir al desafío planteado por el diputado Sergio Massa y que se prepara para enfrentar al jefe del Gobierno porteño, Mauricio Macri, en un eventual balotaje, razón por la que, a diferencia de quienes se concentran en su relación con Cristina, está esforzándose por tranquilizar a los habitualmente indecisos.

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