Alemania celebra los diez años de su reunificación
Los alemanes recuerdan hoy el décimo aniversario de la reunificación del país, dividido durante cuatro décadas entre un Este comunista y un Occidente capitalista. En los festejos, estará ausente por primera vez el gran arquitecto del proceso, Helmut Kohl, hoy vapuleado por los escándalos de corrupción en la financiación ilegal de su partido. Pese a la fuerte inversión, aún hay fuertes brechas económicas y sociales entre el Este y el Oeste del país.
Berlín (Télam-EFE).- Alemania celebrará hoy los diez años de su reunificación, que puso fin a cuatro décadas de división y reunió a un pueblo que a pesar de tener la misma nacionalidad, vivió en dos estados con sistemas opuestos.
Los actos se celebrarán en Dresden, la capital del estado federado de Sajonia y la primera ciudad de la RDA que el entonces canciller, Helmut Kohl, visitó un mes después de la caída del Muro.
Bajo el lema de «unidos en la diversidad», los actos de Dresde contarán con la presencia de unas 200.000 personas, además de los políticos nacionales y extranjeros, entre ellos la secretaria de estado de EE.UU., Madeleine Albright, el presidente francés Jacques Chirac, quien será el orador principal de los actos, el primer ministro polaco, Jerzy Buzek, entre otros.
El 3 de octubre de 1990 concluyó un proceso que había comenzado once meses antes, la noche del 9 al 10 de noviembre de 1989, cuando la presión del pueblo germano-oriental hizo caer el muro de Berlín, tras una revolución pacífica cuya finalidad había sido obtener más derechos democráticos y, sobre todo, libertad para viajar.
Kohl, quien no esperaba que los acontecimientos pudieran sucederse con tanta celeridad, se encontró a su llegada a Dresde con un pueblo que le recibió como un héroe y que esperaba de él algo más que sólo un respaldo al acercamiento político entre las dos Alemanias. Miles de personas saludaron Kohl con banderas con los colores de Alemania, pero sin el emblema de la RDA y reclamando la unificación con una frase que luego se convertiría en histórica: «Somos un único pueblo».
Esta frase, una ligera modificación del «Nosotros somos el pueblo» expresado durante las manifestaciones de la revolución pacífica, demostró que la población de la RDA no se conformaba ya con viajar libremente, sino que soñaba con formar parte del «paraíso» que significaba entonces la República Federal.
El «padre» de este proceso de unificación, sin embargo, será el gran ausente en las celebraciones de mañana en Dresde, a las que acudirá prácticamente toda la plana mayor de la política alemana e invitados extranjeros.
Kohl, cuyo legado político quedó ensombrecido por su implicación en el escándalo de las cuentas secretas de la Unión Cristianodemócrata (CDU), no acudirá a Dresde porque no fue incluido en la lista de oradores del acto.
El hecho de que no fuera invitado a participar como orador fue decisión del organizador de los festejos, el primer ministro del estado federado de Sajonia, Kurt Biedenkopf, cristianodemócrata como Kohl pero también un viejo enemigo interno.
Aunque la actual dirección de la CDU se encargó en estas últimas semanas de honrar la labor del ex canciller con diversos actos de conmemoración, tendrá que seguir las celebraciones desde su domicilio.
La celebración comenzará con una misa en la «Kreuzkirche», una de las iglesias en las que se reunían los disidentes durante los meses que precedieron a la caída del muro.Los berlineses empezaron anoche a festejar con una gran fiesta ante el Reichstag en espera del acto central tendrá lugar en la ciudad de Dresde hoy, con asistencia de la plana mayor política germana y un amplio programa de conciertos al aire libre. La fiesta berlinesa se prolongó hasta la medianoche, en que se escucharán diez campanadas en recuerdo del aniversario, y continuará durante todo el día de mañana.
El «muro económico» aún no fue derribado
Alemania deberá invertir aún cifras multimillonarias en su reunificación económica para subsanar el «error de cálculo» de Helmut Kohl de equiparar, de la noche a la mañana, el poderoso marco occidental con su maltrecho «tocayo» germano-oriental.
Diez años después de la unión monetaria interalemana el Bundestag emitió en junio un balance salomónico de la entrada en vigor de la ley que, el 1 de julio de 1990, hizo salir de sus casas a millones de germano-orientales en pos de una sucursal bancaria. A las 00.00 horas de ese día, un domingo, empezó la operación de cambio a escala nacional, bajo la equitativa y política norma del «1 igual a 1» que dio al marco del este idéntico valor al del oeste.
Unos 432 mil millones de marcos orientales quedaron revalorizados por decreto, lo que provocó literalmente una avalancha de ciudadanos ansiosos por materializar el cambio de una moneda que, de pronto, se pagaba hasta ocho veces por encima de su valor en el mercado negro.
La avalancha del primero de julio de hace diez años se saldó con desmayos entre apretujones y rotura de cristales en algunas sucursales bancarias. Pero las consecuencias de aquella decisión a medio y largo plazo se han revelado como una pesada hipoteca, según el Instituto de Investigaciones Económicas (DWI). Desde los primeros años tras la reunificación y en virtud del denominado Pacto de Solidaridad, se han transferido anualmente a los estados del este de Alemania 140.000 millones de marcos (unos 70.000 millones de dólares), destinados principalmente a la red de carreteras, ayudas a la vivienda o defensa.
Las transferencias continuarán hasta el 2004, año en que expira la segunda fase de dicho pacto, pero, según los expertos, se estima que después de ese año deberán invertirse en el este otros 500.000 millones de marcos (250.000 millones de dólares).
Pese a esas inyecciones financieras, para el ciudadano está claro que la unidad económica, monetaria y salarial es aún puramente teórica.
Diez años después de ese histórico primero de julio, el sueldo bruto medio del ciudadano del este está en el 75% respecto a su convecino del oeste y su volumen total de ingresos en un 85%. En productividad industrial, los nuevos estados federados están en el 56% del nivel del oeste.
Pero la cifra que expresa más elocuentemente el abismo existente entre una y otra mitad del país es la correspondiente al paro: el porcentaje de desempleados en el este es del 16,9%, más del doble que en el oeste, donde ronda el 7,5%.