Algo se avanza con Irán

Redacción

Por Redacción

GUSTAVO CHOPITEA (*)

En el acuerdo interino lanzado en Ginebra en noviembre del año pasado entre los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas más Alemania, por una parte con Irán, por la otra se diseñó un calendario común para tratar de llegar a un arreglo final sobre el peligroso programa nuclear del país de los persas antes del próximo 20 de julio. Renovable, por si acaso, por seis meses más. Hasta ahora, el proceso de negociaciones parece haber avanzado razonablemente bien. Aunque con lentitud, como suele suceder con Irán. Pero lo cierto es que está llegando ya, a pasos agigantados, el momento más complicado: el de las definiciones. Ya no falta demasiado para determinar, entonces, si se llegará a un entendimiento entre las partes o si ello no será factible, lo que no debe descartarse pese a los avances alcanzados. Lo cierto es que el incentivo central para Irán es el de disminuir sustancialmente el peso de las sanciones económicas que están vigentes. Una suavización inicial se cumplió, pero no del todo. La idea era liberar –de inicio– unos siete billones de dólares de los fondos congelados por las sanciones, para así permitir a Irán mejorar una situación económica muy apretada, particularmente por la acuciante falta de divisas. Lo que sucedió es –sin embargo– distinto. Ocurre que nada menos que unos 4,6 billones siguen sin haber podido liberarse, fundamentalmente porque las trabas burocráticas y administrativas públicas y privadas de todo orden que pesan sobre Irán aún no lo han permitido. No obstante, las conversaciones en curso no se han detenido, lo que no resulta ciertamente un dato menor. No obstante, hay algunos sectores de la actividad económica iraní donde hay mejoras que ya son ostensibles. Como sucede en materia de transporte marítimo, seguros, petroquímicos, automóviles o piezas y repuestos para programas aeroespaciales. Algo, entonces, se ha avanzado en dirección a la normalización; menos de lo esperado por los iraníes. Pero, reitero, no han ocurrido tropiezos de magnitud en las negociaciones. Pese a lo sucedido. Ha llegado ahora el momento de acordar los temas centrales ya identificados. El de la verdad. Como el tamaño de la capacidad de enriquecimiento de uranio iraní y sus límites. Si no se llega a un acuerdo, las sanciones no se levantarán. Ellas han cercenado a Irán ingresos del orden de los 60 billones de dólares por exportaciones de crudo no concretadas. Un golpe tremendo para una economía absolutamente dependiente de los ingresos provenientes de las exportaciones de hidrocarburos. Políticamente, para el presidente iraní, la situación doméstica podría complicarse de lo lindo, porque los clérigos “conservadores” sostienen que –en la negociación– se están “rebasando” todos los límites aceptables en función del respeto a la soberanía de su país. Ocurre que en Irán, además, el desempleo sigue siendo altísimo y la inflación tiene un “ritmo argentino” desde que es del orden del 30% anual. Devastadora. Por esto la fase recesiva en la que está sumergida la economía de Irán y las penurias de su gente. De poder resolver esto se trata, en el corto plazo. Aunque sin renunciar al programa nuclear, para Irán. Con los ajustes que aseguren que no será direccionado hacia la producción de armas nucleares, para el resto del mundo. Por ahora, la sensación es que no será fácil alcanzar un acuerdo. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional


GUSTAVO CHOPITEA (*)

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora