La opinión del Mono Navarro Montoya: «Messi alimenta el mito y su grandeza trasciende las estadísticas»

Más allá de sus títulos y récords, Lionel Messi se convirtió en un fenómeno global por su sencillez, liderazgo y cercanía. Las claves que explican por qué sigue siendo admirado dentro y fuera de la cancha.

Redacción

Por Carlos Fernando Navarro Montoya, enviado especial Diario Río Negro

La Selección aseguró su clasificación a la siguiente ronda y el gran responsable vuelve a ser el mismo de siempre: Lionel Messi.

La Selección aseguró su clasificación a la siguiente ronda y el gran responsable vuelve a ser el mismo de siempre: Lionel Messi.

La victoria de Argentina sobre Austria volvió a llevar una firma inconfundible: la de Lionel Messi. Una vez más, el capitán argentino fue el centro de todo. De lo ordinario y de lo extraordinario. Falló un penal pero marcó dos goles, manejó los tiempos del encuentro y condujo a su equipo en un duelo mucho más complejo de lo que reflejó el resultado.

Austria presentó resistencia, propuso un partido incómodo y de mucha disputa. No fue una noche de abundancia de situaciones para la Albiceleste, pero sí una prueba de carácter. Y allí apareció Messi para resolverla. Primero sobreponiéndose a un comienzo adverso, luego abriendo el partido y finalmente cerrándolo con la autoridad de quien parece jugar en una dimensión diferente a la del resto.
Pero detrás del brillo del ‘10’ también hubo otros pilares fundamentales.


El Dibu Martínez volvió a transmitir esa sensación de seguridad que todo equipo campeón necesita, Lisandro Martínez mostró solidez y personalidad para sostener los momentos más exigentes y el mediocampo no tuvo problemas en ponerse el overol.

El Dibu Martínez mostró solidez en las pocas intervenciones que tuvo en el partido.

Alexis Mac Allister y Enzo Fernández y Rodrigo De Paul tuvieron una actuación distinta a la habitual. Esta vez no brillaron por la generación de juego ni por sus llegadas al área rival. Su aporte estuvo en la lucha, en el sacrificio y en la recuperación. Entendieron el tipo de partido que proponía Austria y respondieron con entrega y personalidad, una faceta menos vistosa pero igualmente valiosa.

Mientras tanto, Messi siguió escribiendo capítulos para la historia. Rompió otro récord mundial, algo que para él parece tan natural como dar un pase o convertir un gol. Ahora es el máximo artillero en la historia de los Mundiales, una marca monumental que, paradójicamente, parece importarle menos que al resto del planeta. Su grandeza trasciende las estadísticas. Lo que asombra no son los números, sino la naturalidad con la que los alcanza.


Messi no solo es un genio del fútbol, también es un fenómeno humano. En una época donde la idolatría suele devorar a las personas, él consiguió mantener intacta la esencia. El personaje nunca se impuso sobre el hombre y esa combinación de talento incomparable y humildad genuina, lo convierte en una figura única. Admirada incluso por quienes no comparten bandera.
La Selección aseguró su clasificación a la siguiente ronda y el gran responsable vuelve a ser el mismo de siempre.


Las cuestiones a corregir también están a la vista. En algunos pasajes, cuando no logra sostener la presión alta, Argentina retrocede demasiado sus líneas y cede protagonismo. Es un mecanismo habitual en el fútbol moderno, pero genera cierta incomodidad en un equipo acostumbrado a dominar. Con la fase decisiva cada vez más cerca, reducir esos momentos será clave para disminuir el margen de error.

Ahora aparece Jordania en el horizonte, un partido que podría servir para administrar cargas y preservar futbolistas con molestias. La incógnita es Messi, aunque cuando un jugador atraviesa un momento tan extraordinario, detenerlo podría ir contra su propia naturaleza. Más aún con el capitán argentino, al que nunca le gusta salir.
Cada actuación de Messi es una nueva página de la eternidad y el mito del mejor futbolista de todos los tiempos, lejos de agotarse, continúa alimentándose partido tras partido.



La victoria de Argentina sobre Austria volvió a llevar una firma inconfundible: la de Lionel Messi. Una vez más, el capitán argentino fue el centro de todo. De lo ordinario y de lo extraordinario. Falló un penal pero marcó dos goles, manejó los tiempos del encuentro y condujo a su equipo en un duelo mucho más complejo de lo que reflejó el resultado.

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