Alvarez es el tercer vicepresidente que dimite

"Chacho" es el segundo que cae por discrepancias con el presidente.



Carlos Alvarez se convirtió ayer en el tercer vicepresidente que renuncia a su cargo en la historia argentina, aunque es el segundo, después de Alejandro Gómez, que abandona la plaza por discrepancias con el mandatario con el que compartieron sus respectivas fórmulas.

Fue el propio Gómez el que, en 1958, abrió la serie de salidas de jefes del Senado, que continuó, bastante más acá en el tiempo, el justicialista Eduardo Duhalde, quien dejó el cargo durante la primera gestión de gobierno de Carlos Menem.

Alejandro Gómez había llegado a la vicepresidencia de la mano de Arturo Frondizi, con quien se había aliado para conformar la fórmula de la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) que se impuso con el 44,8% de los votos en las elecciones de 1958.

En esa oportunidad, el frondicismo -proscripto el peronismo- ganó todas las gobernaciones, alcanzó los dos tercios en Diputados y la totalidad de la bancas en la cámara alta.

Sin embargo, seis meses después de haber asumido la vicepresidencia de la Nación, el 1 de mayo de 1958, Gómez presentó su renuncia por “desaveniencias con el presidente” originadas, según él, en el abandono de los compromisos programáticos y, según sus detractores, en sintonía con uno de los frecuentes “planteos” militares de la época.

El caso de Eduardo Duhalde, en tanto, es distinto: el hasta entonces intendente de la comuna bonaerense de Lomas de Zamora acompañó a Menem en la fórmula del Frejupo que se impuso en las elecciones del 14 de mayo de 1989 con el 49,18% de los votos, y llegó así a presidir el Senado.

El 8 de julio de ese año, Carlos Menem y Eduardo Duhalde asumieron anticipadamente el gobierno nacional en una ceremonia que la Argentina no vivía hacía muchos años: un presidente constitucional, Raúl Alfonsín, le colocaba la banda presidencial a su sucesor.

Sin embargo, Duhalde renunció a la vicepresidencia en 1991, para postularse y ganar las elecciones para gobernador de la provincia de Buenos Aires, cargo en el que, además, fue reelecto por cuatro años más en 1995.

Eduardo Duhalde presentó una carta con fecha 3 de diciembre de 1991 en el Congreso de la Nación, en la que explicó que debía renunciar a la vicepresidencia de la Nación a partir del 11 de ese mismo mes, dado que en esa fecha asumía como gobernador de Buenos Aires.

Tanto Frondizi como Menem continuaron en sus cargos sin la compañía del vicepresidente. El radical ejerció la presidencia de la Nación hasta que fue destituido, en 29 de marzo de 1962, y recluido en la isla Martín García.

Debido a la Ley de Acefalía, la sucesión presidencial correspondió a José María Guido, quien se desempeñaba como presidente provisional del Senado, un lugar que ahora ocupa el mendocino radical José Genoud.

Carlos Menem terminó su mandato con su propio hermano Eduardo como escolta, ya que por entonces este estaba a cargo de la titularidad provisional de la cámara alta.

Tanto la renuncia del presidente como del vicepresidente están contempladas en la Constitución Nacional, que establece en el artículo 75, inciso 21, como atribuciones del Congreso de la Nación el “admitir o desechar los motivos de dimisión” de ambos “y declarar el caso de proceder a una nueva elección”.

El abogado constitucionalista Gregorio Badeni dijo ayer que “el primer paso es que la renuncia de un vicepresidente sea aceptada por el Congreso y, en caso de que esto ocurra, el propio Congreso está facultado para que se proceda a una nueva elección”.

De todas maneras, aclaró que “es una potestad del Congreso decidir o no si corresponde llamar a una elección de vicepresidente”. Badeni señaló que “si decide no llamar a elección, se aplica el artículo 88 de la Constitución Nacional, el cual prevé por reglamentación de la Ley de Acefalía que, en aquellos casos en que transitoriamente el vicepresidente no pueda ejercer su cargo, el mismo será desempeñado por el presidente provisional del Senado”.

“Si éste no puede, le corresponde el turno al presidente de la Cámara de Diputados (el radical Pascual) y si éste tampoco puede, el cargo será para el presidente de la Corte Suprema de Justicia” (Julio Nazareno, de buena relación con Carlos Menem), agregó.

(DyN, Télam)

Repercusión internacional

La crisis política argentina repercutió en el exterior, fundamentalmente en Latinoamérica y España. La preocupación generada por las renuncias que se sucedieron a lo largo del día fueron transmitidas a través de las embajadas extranjeras en el país y luego traducidas por innumerables medios noticiosos.

El presidente chileno Ricardo Lagos reclamó a su embajada en Buenos Aires constante información acerca del alejamiento de Alvarez, debido a la estrecha relación que tiene con él. La prensa trasandina destinó espacio privilegiado a la información que daba cuenta de la situación argentina.

En Brasil, con el presidente Fernando Cardoso de visita en Alemania, también siguieron de cerca la situación política en la Argentina. La agencia O Globo difundió desde Río de Janeiro que la renuncia del vicepresidente fue por “desacuerdo” con los cambios de gabinete implementados por De la Rúa y consideraba la salida del líder del Frepaso como “un duro golpe para la coalición gubernamental en la Argentina”.

Mientras, tanto Gran Bretaña como EE.UU. mantenían un “monitoreo permanente sobre el desarrollo de la crisis” y ponían especial énfasis en observar “cómo afecta el hecho a las instituciones”. En el caso estadounidense, la cadena de noticias CNN en español presentó la dimisión de Alvarez como “una crisis en la coalición gobernante que complica el panorama al presidente De la Rúa, cuyo gobierno pierde rápidamente popularidad debido a una percepción combinada de ineficacia y tolerancia con la corrupción”. En las portadas de los diarios electrónicos españoles (“El País” y “El Mundo”) se destacaban en la sección Internacionales los anuncios de la renuncia de Alvarez.


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