Análisis económico: Las palabras importan

El Presidente debe entender que las palabras y los gestos impactan sobre las expectativas en la economía. Y Argentina necesita crecer, no retroceder.

Alberto Fernández. Semana desafortunada con expresiones que impactaron en el mundo.


Por Juan Turello


Alberto Fernández atraviesa los días más difíciles de su gestión. A los problemas sanitarios, traducidos en un elevado número de contagios y de muertes, se agregan los desafíos de una economía estancada. En ese contexto, las palabras y los gestos del Presidente opacan todo.

Las palabras importan desde que los economistas establecieron como principio que “los individuos responden a los incentivos”. El concepto fue recopilado por Gregory Mankiw en 1998. Varios premios Nobel fundaron sus trabajos sobre las expectativas de los agentes económicos.

El Presidente se equivoca en las palabras y en los gestos, con los cuales hace un daño incalculable a una economía estancada en relación con el último trimestre de 2020.

Los politólogos recomiendan “mayor control y edición de las apariciones públicas” de Alberto Fernández, para detener la caída de su imagen y de la confianza en el Gobierno.

Circuló en estos días que algunos encuestadores indagan sobre si la sociedad aceptaría la renuncia del Presidente. La pregunta fue descalificada por otros analistas y claramente no forma parte –al menos en público– de las preocupaciones de la gente, más inquieta por la inseguridad y por la inflación.

Alberto Fernández cuestionó ante Vladimir Putin al capitalismo, pero –a renglón seguido– invitó al jefe de Gobierno de España y a una comitiva de empresarios a invertir en la Argentina. ¿Bajo qué reglas? ¿Seguirán el cepo y el control de precios?

En pocas palabras: no es factible invertir en un país cerrado a los flujos de capital y con control de precios, la principal variable en todo plan de negocio para establecer la viabilidad de un proyecto.

Los desincentivos no terminan ahí: el Congreso autorizó a las provincias a incrementar Ingresos Brutos, en medio de una presión fiscal insoportable por la caída de la rentabilidad. El cierre de locales forma parte de la crónica diaria.

La rebaja de entre 30 y 50 por ciento del gas natural para las flamantes “zonas frías” establecidas por el Congreso se parece más al trazado de un mapa electoral que a un beneficio que, por supuesto, recibirán con agrado miles de hogares. En los 13 departamentos cordobeses dibujados en el proyecto de Máximo Kirchner, le fue mal al Frente de Todos en 2019.

Dos botones para mostrar sus distorsiones: ¿hace más frío en Villa Dolores (San Javier), incluida en el proyecto, que en Mina Clavero (San Alberto), apenas a 45 kilómetros y excluida del beneficio? ¿Cuál es la diferencia climática entre la ciudad de Córdoba (beneficiada) y Villa Carlos Paz, Cosquín y La Falda, que no son beneficiadas? Estas tres ciudades sufren temperaturas más bajas en invierno.

¿Cómo se sentirán los habitantes de la Patagonia, cuando ese beneficio incluye ahora a distritos cálidos de Córdoba, de Santa Fe y de Entre Ríos?

Además de electoralista, la iniciativa es inequitativa. En las nuevas “zonas frías” no se distingue entre familias pobres y con capacidad de pago. Además, la falta del combustible origina importaciones que pagan todos los argentinos.

“La mitad de los que son alcanzados por esta ley son distritos gobernados por la principal fuerza opositora” (sic), dijo Máximo Kirchner al justificar el proyecto. Las palabras, a veces, son un sincericidio.


¡Ay, los precios!

El próximo miércoles, el Indec dará a conocer la inflación de mayo, que oscilaría entre 3,5 y cuatro por ciento, según muestras privadas.

La suba de precios estuvo en torno del 4% promedio en los cinco primeros meses, cuando la mediana de la región fue de 0,4%.

La inflación por la suba de los alimentos a nivel global no es válida como única causa, como esgrime el Gobierno. Actúa también el rechazo al peso; por ende, un incentivo a consumir cuando las industrias funcionan al 60% de su capacidad por las restricciones.

Otros factores son una economía cerrada y el control de precios, que alientan las distorsiones. Pese al cierre de las exportaciones y a los Precios Cuidados, la carne sigue aumentando en el mostrador.

El vergonzoso traspié presidencial con Brasil y con México, los mercados latinoamericanos más importantes para las exportaciones argentinas, no suma. Más bien, resta.

Alberto Fernández debe entender que las palabras y los gestos alientan o desalientan las expectativas en la economía. Y Argentina necesita crecer, no retroceder.


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