Análisis: el desafío que marcará la alternancia

El 1999 cuando ganó Horacio Quiroga en la municipalidad de Neuquén, el MPN sufría una grieta profunda entre Felipe Sapag y Jorge Sobisch.



Después de 29 años cambiará el signo político que gobierna la ciudad de Neuquén. Foto Florencia Salto

Después de 29 años cambiará el signo político que gobierna la ciudad de Neuquén. Foto Florencia Salto

Mariano Gaido pasará a la historia porque será el jefe comunal que logró un quiebre de dos décadas de preeminencia radical. Desde la recuperación de la democracia, el partido gobernó 16 años con cinco intendentes.

Tendrá la ventaja de que su mentor no se ubica en el concepto del caudillismo, que está marcado en el MPN, sino en el gobernador Omar Gutiérrez, un heredero de la hegemonía de Jorge Sapag. Esa ventaja implicará apoyo económico y político, más de lo segundo porque Horacio Quiroga hace gala de tener sus cuentas en orden.

Dentro del MPN surgió, como definió Alma Sapag, “un liderazgo inesperado” de Gutiérrez quien asumirá su segundo mandato. Iniciará su nuevo ciclo con un respaldo político significativo después de haber recuperado la ciudad de Zapala y ahora la capital.

Por decisión o por estrategia, la otra ventaja del triunfo de Gaido en la ciudad fue que el MPN estaba relativamente consolidado. En 1999, Felipe Sapag le ayudó a perder a Luis Manganaro, el entonces delfín de Jorge Sobisch. Una “ayuda” que Quiroga supo agradecer en términos discursivos. La historia sopesa la estrategia del caudillo.


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