Análisis: Una decisión política



La elección de un juez es un acto político, y en Neuquén, donde hace 60 años (como todos se han encargado de recordar el último domingo) gobierna el mismo partido, el Movimiento Popular Neuquino ha sido el gran filtro para acceder al Poder Judicial, desde el primer al último cargo. No por nada también es la provincia que trascendió hace unos años por la cámara oculta a un gobernador que estaba encaprichado en meter en el Tribunal Superior a su abogado particular porque no quería andar recorriendo los pasillos judiciales acosado por denuncias de corrupción.El Consejo de la Magistratura, vigente desde hace 12 años, vino a mitigar apenas el enorme poder discrecional del MPN y darle algo de transparencia al sistema. Porque su integración es eminentemente política: cuatro sobre siete representantes son de los partidos políticos según la proporción legislativa (dos para el MPN, uno para cada uno de los bloques que le siguen en cantidad de bancas).El presidente del Consejo es un miembro del Tribunal Superior de Justicia, que fue elegido -recordemos- a propuesta del gobernador (del MPN) con el voto de los dos tercios de la Legislatura (del MPN y sus aliados).Y los últimos dos integrantes pertenecen a los Colegios de Abogados, surgidos por elección directa de sus pares, donde es decisivo el peso del voto de los letrados afiliados al MPN.Por si todo esto fuera poco, el ganador o ganadora de un concurso en el Consejo debe pasar por el filtro de la Legislatura, donde los diputados pueden rechazar su pliego sin siquiera fundamentarlo. Y donde la llave, una vez más, la tienen el MPN y sus aliados.


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