Elisa, una vida dedicada a resistir en los paredones de Neuquén

Algranati, es una reconocidas muralista de la ciudad de Neuquén, con 200 obras y 40 años enfocada en los Derechos Humanos.

Por Rosana Rins

Elisa Algranati, con una trayectoria de casi cuarenta años en el arte y sobre todo en el muralismo, encontró en la ciudad de Neuquén, un espacio de expresión y un norte en su carrera. Nada le fue fácil en una época compleja para los artistas nacionales.
Pero supo encontrarle el modo y convertirse décadas después, en una de las muralistas más reconocidas de Neuquén.

Dedicarse al arte no fue casualidad, según lo contó ella, “el arte nació conmigo, fue parte de mi esencia desde la cuna”. La Elisa niña, nacida en San Martín, provincia de Buenos Aires, ya dibujaba con una clara inclinación al retrato.

A los 12 años, en plena dictadura cívico militar, fue invitada a participar de la Brigada Castagnino, un grupo de arte político y militancia cultura de Argentina, que utilizó el muralismo callejero como herramienta de expresión popular. “Era la más chica del grupo. Eran tiempos de pintar los paredones con asfáltica y aceite de auto quemado, que era lo único que teníamos y después salir corriendo”, recordó la artista.

Allí, se desarrolló en ella, un fuerte sentido social y compromiso con los Derechos Humanos.Fue lo que hizo que buscara nuevos horizontes. Ya recibida, en los 90, eligió convertir a Neuquén, en su nuevo hogar.

Cuando se le preguntó ¿Por qué Neuquén?, la respuesta no tardó en llegar: “Primero porque ya la ciudad había sido declarada capital de los Derechos Humanos, algo que me movilizó a venir a expresar mi arte en este lugar. Cuando llegué solo existía el mural del Hotel del Comahue ( autoría de Eduardo Carnero y Antonio Ortega Castellano) y un relieve de Emilio Saraco que estaba en otro hotel. Después de eso nada más. Me di cuenta que había algo por hacerse, y eso es un estímulo para un artista y lo fue para mí. Había muchas paredes esperándome”. Y se quedó.

Comenzó a trabajar en la Escuela de Bellas Artes, donde además de dictar clases, puso en marcha un proyecto de muralismo abierto a toda la comunidad y salieron a la calle a pintar.

La temática siempre seguía el hilo de los Derechos Humanos. Por eso que fue convocada por el entonces Obispo Jaime de Nevares para realizar un mural en la pared del exClub del Soldado, que funcionaba en la esquina de avenida Argentina y Juan B. Justo.
Años después, ese mural cuyo título era “No al indulto”, desaparición al convertirse ese lugar en un moderno banco. A esta altura Elisa ya tenía un concepto arraigado del muralismo y sabía ya que su camino estaba marcado y solo quedaba recorrerlo.

“El muralismo es un hecho público y comunitario, que refuerza su significado mucha más en este época donde hay una tendencia al individualismo impresionante. El muralismo es una y tiene que ser siempre así, comunidad, compromiso social. Es reflexión, es un modo de lectura y es también resistencia. Y en ese sentido hay que aprender mucho de los pueblos originarios, de su fuerte arraigo a lo comunitario, eso es el muralismo”, aseguró la muralista.

Y otro lema para la artista: el momento en que gente de apropia de las gigantescas obras en las paredes. Y esto marcó su trabajo a lo largo de los años. Cuando desapareció el mural “No al indulto”, la gente le pedía que saliera a la calle a reclamar.
“Pero ese mural ya no era mío. Era de la gente. Cuando un artista termina la obra, el mural deja de ser suyo y pasa a ser propiedad de la comunidad. Así pasó con todos los que están por ejemplo, en el circuito del Museo a Cielo Abierto que existe en varios lugares de la ciudad. Esa apropiación de la comunidad, ya es una pertenencia, y eso también forma parte del concepto del muralismo”, comentó.

En cuanto a los hechos de vandalismo, que cada tanto se suceden sobre los murales, la artista recordó que “esa es la batalla cultural del muralismo”. “Si un mural hay que restaurarlo 10 o 100 veces o las que sean necesarias, se hace y punto”, dijo. Por supuesto que le generó mucha impotencia que “No al indulto” ya no estuviera allá, sobre todo “por lo que significada para las Madres de Plaza de Mayo”. Pero también fue la convicción de que arte no podía cambiar de dirección.

Hoy, con sus 200 murales realizados, continúa enfocada a la temática de los Derechos Humanos. Los desaparecidos en dictadura, los pueblos originarios, la violencia en todas las formas, las infancias… Y la lista podría seguir.

Muchas paredes llevan su forma de contar la historia, en Neuquén, Cipolletti, Piedra del Águila; en los países de México, Honduras, Colombia, en la provincia de Entre Ríos y en la localidad bonaerense, Miramar y tantas otras locaciones.

En la actualidad, sigue sosteniendo las bases de su arte. Al respecto está trabajando en un proyecto con el grupo de “Mujeres y Memoria”, para realizar nuevas intervenciones artistas en las escuelas. “Por que el muralismo también es un hecho educativo”, sentenció.

Una primera prueba de ello, fue un mural que realizaron en unas de las paredes más altas del CPEM 53 de la ciudad de Neuquén, donde retrataron a la Madre de Plaza de Mayo de Neuquén, Lolín Rigoni. “El obra es tan gigante como lo es ella y una manera de sostener la memoria”, agregó Elisa.

Y como si eso fuera poco, el próximo fin de semana se colgará de los andamios para realizar un mural en contra del bloque a Cuba, en el barrio Confluencia. Y cuando la artista habla de la apropiación de la comunidad, recordó que para esta obra un vecino donde una de las paredes de su vivienda.

Algranati, es muralista, pinta, y baila. De hecho en muchas de sus exposiciones, realiza performance para presentar sus nuevas obras. Y este año incursionó en la literatura. Editó su primer libro de poemas, “Un paseo por Jiras Truz”, una recopilación de obras escritos por ella, en diferentes momentos de su vida.

“Los poemas tienen que ver con lo vivencial, lo social, con amores y desamores. Creo que todo tiene que ver con todo porque uno es un ser integral y nos pasan muchas cosas a todos”, opinó.

“Un paseo por Jiras Truz” es el título de su primera pintura subrealista que creo durante su adolescencia en Buenos Aires.
Entre manos también, se trae otro proyecto que está en boceto, pero que como aún está negociaciones, prefirió solo adelantar eso y que tendrá una altura de 25 metros.

Tecnología y papel

Volviendo a su “primer amor”, el dibujo, llegó el momento de analizar la realidad de las obras hechas a mano con un lápiz y un papel frente a las nuevas tecnologías.
“El dibujo es la base de todo, pero siento que ahora se está viendo como un arte menor. La tecnología, es una herramienta y todo sirve, pero nunca en detrimento de otras cosa. Hoy se está perdiendo eso de agarrar el lápiz y el papel y de observar directamente. Se está perdiendo eso de laburar naturalmente lo que uno ve y lo que uno percibe”, concluyó.


Elisa Algranati, con una trayectoria de casi cuarenta años en el arte y sobre todo en el muralismo, encontró en la ciudad de Neuquén, un espacio de expresión y un norte en su carrera. Nada le fue fácil en una época compleja para los artistas nacionales.
Pero supo encontrarle el modo y convertirse décadas después, en una de las muralistas más reconocidas de Neuquén.

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