Aquí se vende desde el pan hasta las chapas
La historia de un almacén de ramos generales que perdura.
BARDA DEL MEDIO (ACS).- «Casa Esteban», el almacén de ramos generales en el que hoy se puede comprar desde un kilo de pan hasta las chapas para una vivienda, cumplió 75 años de funcionamiento.
Como antaño, allí se pueden obtener elementos de talabartería, de tienda, marroquinería, forrajería, veterinaria, bazar, caza y pesca, elementos de corralón, maquinarias menores, herramientas y repuestos para maquinarias o trabajos del campo, frutas, verduras, carnicería y almacén.
Nació como verdulería y venta de bebidas frente al obrador del dique Rodolfo Ballester, una obra de hidráulica construida a principios de siglo y durante más de 12 años.
Francisco «Quico» Esteban abrió sus puertas en 1928 junto a su esposa Francisca, y en pocos años se transformó en un almacén de ramos generales.
En los años dorados de Barda, que era centro económico y laboral de la región, debieron pelear contra la burocracia del gobierno nacional que pretendía desalojar a todos los habitantes que estuvieran «fuera del obrador», por considerarlos intrusos.(ver aparte).
En 1958 «Quico» Esteban y su esposa se trasladaron a la chacra y su hijo Angel junto con su esposa Norma Lascano se pusieron al frente del negocio familiar.
A los pocos meses, un feroz incendio terminó hasta con las paredes del almacén, por lo que Angel Esteban y su familia refundaron la casa comercial «con el aporte de los proveedores que le dieron toda la mercadería para que la vendieran y pudieran salir adelante; con el compromiso de que lo pagaran como pudieran y cuándo pudieran. Esa fue la confianza que se había generado con años de cumplimiento y honestidad», dijo Luis Esteban.
Luis con su familia, hermanos y padres continúan al mando del «polirubro o ramos generales» de Casa Esteban (ver recuadro).
«Mientras en las décadas del '80 y '90 se impuso en todas partes el sistema de autoservicio, nosotros consideramos importante mantener el sistema de atención personal al cliente y además satisfacemos todos sus requerimientos: desde arreglar a un farol, conseguir un repuesto de lavarropas, hasta venderle la carne y verdura de todos los días», detalló.
Así como antaño desde Chos Malal vení «Don Cherqui» a comprar a «Casa Esteban», hoy el comercio mantiene clientes de Contralmirante Cordero, Añelo, Chañar, Campo Grande, Vista Alegre y los vecinos de Barda.
«Muchos vienen por el lado de la talabartería, especialmente la gente que trabaja en las chacras; pero en general también el cliente nos busca por los materiales de corralón. Vienen acá y consiguen en un solo punto todo lo que necesitan sin tener que hacer grandes distancias», defendió Esteban.
La familia conoce que sería «más fácil» mantener sólo el almacén y venta de alimentos frescos; sin embargo, considera que «se difunde siempre la transparencia en el trabajo y la mantención del espíritu de priorizar primero al cliente, además de la entrega a domicilio de las compras y de que se pueden satisfacer todo lo que necesite en un solo lugar. Esto nos ha hecho popular: que acá llega y se va con una respuesta», destacó.
Para ello están obligados a mantener una gran variedad de artículos, especialmente en repuestos, tienda y artículos que «hace años por ahí que no se consiguen en otro lugar: nosotros tenemos acá desde bombas de agua hasta una de aljibe, olla de hierro, una plancha a carbón o un brasero; porque al margen de que sean especies de reliquias, hay mucha gente que vive en el campo donde no hay luz y aquí puede encontrar desde los faroles hasta los repuestos de esos faroles … también cosas de electricidad y repuestos….», finalizó.
Sigue siendo un negocio familiar
La atención de Casa Esteban, con sus remodelaciones y ampliaciones, continúa en manos de la familia, entre ellos los empleados que hace más de 30 años que están detrás de los mostradores. El negocio lo atienden Luis Esteban junto a su mamá Norma Lascano en la parte de compras, ventas y administración. Angel Esteban continúa encargandose de los aspectos impositivos y contables; mientras cuentan con el trabajo de confianza de dos empleados con más de 34 años de antigüedad y otros más jóvenes, que llevan más de 15 años junto a la familia.
Enrique Esteban, hermano de Luis, se encarga desde hace más de tres años de la ampliación y refacción de depósitos y nuevos espacios de ferretería y pinturería del «polirubro», que sin embargo, atesoran el rescate de viejas estructuras como por ejemplo mantener junto a los mostradores columnas donde los ladrillos están pegados con barro y pasto; restos de las estructuras de ferrocarril con la que se construyó el Dique, o la adquisición de mostradores, anaqueles y estanterías de antiguas casas desaparecidas de la región, como la roquense Vallegoma.
«Casa Esteban es hoy todo un equipo, donde todos estamos muy consustanciados en la forma de atender a los clientes, de ahí que la gente se siente a gusto», dijo Luis Esteban. (ACS)
Un puñado de comerciantes
que peleó por sobrevivir
En 1945, Francisco Esteban junto con Donato González y Armando Jacobo se instalaron más de un mes en Buenos Aires para resistir allí el desalojo de sus comercios y viviendas en Barda del Medio.
Pese a que tenían más de 25 años de residencia en la localidad, debido a que no pertenecían al «obrador del Dique», el gobierno nacional por gestión de la entidad que precedió a Agua y Energía buscaba «desalojar» a los comerciantes y habitantes que consideraba «intrusos» en las tierras fiscales, comentaron descendientes de los primeros pobladores.
Frente al obrador y a lo largo de unos 200 metros ya se habían desarrollado varios comercios, entre ellos una tienda propiedad de los González (hoy un supermercado alquilado a terceros), almacenes y negocios de los Elías y León; además de la Casa Esteban y el Restaurante, Hospedaje y bar de Orlando Tronelli.
Una vez en la capital, tras un mes de solicitudes de audiencia, lograron entrevistarse con el general Edelmiro Farrel, que como había vivido en Cipolletti, conocía las características de la zona y gestionó la vuelta a atrás del desalojo. Así se obtuvieron las primeras tenencias precarias.
Ya en 1971 se lograron los primeros 20 títulos de propiedad. Pero la «tirantez» entre los habitantes que no pertenecían a los trabajos del dique y los jefes de Agua y Energía se habían mantenido durante muchas décadas; tanto así es que cuando en 1958 un incendio fulminó la «Casa Esteban» original, un encargado de Agua y Energía le sugirió a sus dueños que no se preocuparan en levantar el negocio porque igual los iban desalojar . (ACS)
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