“Quiero que me vaya bien en mi país”: es carpintero en Suiza, gana 5.500 dólares pero vuelve a la Argentina
De la Patagonia a los Alpes suizos, la gran aventura de Facundo Bassi. Tras nueve años de trabajar en Europa, deja su vida en el primer mundo para apostar por su Bahía Blanca natal: "No sé si estoy tomando la mejor decisión, pero quiero intentarlo"

Por estos días, Facundo Bassi no siempre duerme de corrido. A veces se sobresalta en la madrugada y después le cuesta conciliar el sueño. Anoche, por ejemplo. Lo cuenta en su hora de almuerzo en los Alpes suizos. Es carpintero, gana 5500 dólares al mes, y lo llevan a la obra en helicóptero junto a todo el equipo para construir galpones, casas y restaurar antiguas cabañas. Por tierra tardarían más de dos horas para subir la montaña: la empresa invierte en el transporte aéreo para ganar horas de mano de obra. También suben así los materiales más pesados y ellos los esperan arriba. Facu, como le dicen todos, suele filmarlo con el celular.
A los 32 años, pronto dejará esa rutina: decidió regresar a la Argentina: “Quiero que me vaya bien en mi país. Por lo menos quiero intentarlo. Probar. No quedarme con la duda”, dice. En minutos debe volver al trabajo.
De vuelta a casa
El operativo retorno lo tiene inquieto. Nueve años después de empezar su aventura europea regresará a Bahía Blanca junto con Magui, su pareja. Ella es abogada, trabaja en un restaurante de comida mexicana y se ilusiona con el estudio que abrirá.
A Facu lo hizo carpintero el camino: vivió un año en Neuquén y trabajó en la Cooperativa Obrera antes de volar a Suecia con una visa Work & Holiday. Lo que siguió fueron tareas como voluntario en la forestación en el país nórdico, en Italia, cuidar perros en Holanda, formarse como carpintero en Alemania y radicarse en Suiza para perfeccionarse en el oficio. Con Magui alquilan un departamento en Brig, una ciudad cercana de la frontera con Italia. Son días de sumar horas extras y trabajar los francos para ahorrar todo lo que puedan antes de volver.

Por eso también son días de emoción, nervios, ansiedad y mil detalles logísticos a resolver, el cóctel que desvela a Facu. Mucho le preguntan por qué vuelve, si allá está tan bien.
-Me acuerdo una vez que un mes la inflación fue del 0,2% y se pusieron como locos. Imaginate nuestra cara. Sabemos que dejamos un país estable, seguro. Por darte un ejemplo, todas las mañanas cuando voy a trabajar veo a los chiquitos de cuatro o cinco años que van solos al jardín -dice y comparte videos: caminan solitos o en grupo, las calles tiene referencias para que se ubiquen, cada tanto se ven policías. Así aprenden a manejarse con independencia.
-Algo así es difícil de imaginar en la Argentina -agrega.
-¿Y por qué vuelven?
-Es un poco de todo, por un lado la familia, los amigos, pero también me motiva mucho el desafío de volver y de arrancar algo propio.
-¿Miedo?
-Un montón. Argentina es bastante imprevisible: las cosas van para un lado y mañana para el otro. Y acá en Suiza uno se acostumbra a una estabilidad que allá no tenés. Por eso digo que no sé si estoy tomando la mejor decisión, pero tampoco quiero quedarme toda la vida pensando qué hubiera pasado si lo intentaba. Voy con muchas ganas, con proyectos y con ganas de apostar por algo mío. Y si sale mal, por lo menos lo intenté…
“Imaginate vivir en Suiza y perderte esto”
Esos videos y posteos le gustan. Muchos se los mandan sus amigos cuando se juntan a comer un asado. Si lo divierten los que se suben a los semáforos a festejar, lo emociona esa saga de hinchas que iban a celebrar cada partido de Qatar 2022 a la esquina de una abuela en Buenos Aires y la rodeaban, le cantaban y la abrazaban.
-Creo que cada uno que gritaba hacía de cuenta que era su abuela. Es lindo eso. Acé no toques a alguien que no conoces porque fuiste -dice.
En el Mundial 2026 vio varios de los partidos en la montaña, con poca señal en el celular. Y nada menos que Argentina 3 Suiza 1 por los cuartos de final en Brig, la ciudad de donde es Gianni Infantino, el poderoso presidente de la FIFA.

-Cuando entramos a un lugar que tenían preparado para el evento nos empezaron a gritar y nos fuimos. Corrimos hasta el pueblo vecino porque ya arrancaba el himno. Y cuando llegamos estaba todo cerrado, ningún bar abierto. Asi que volvimos. Y por suerte había un grupito de argentinos que desde lejos nos gritaron que nos acercáramos. Fue genial gritar los goles. Antes de que terminara el partido ya muchos se estaban yendo. Uno gritaba que Argentina compró el partido. Yo le decia que nada que ver, que agarrara el teléfono y llamara a Infantino, que encima es de ahí. Imaginate lo que era eso. Por suerte hablo alemán y podía responderles con criterio. Había de todo, también había gente que nos aplaudía y decía que ganamos bien. Al otro dia fui al trabajo con la camiseta de Argentina y entré con unos lentes. Mis jefes se reian y me querian matar -recuerda Facu.
-No me digas que dijiste «Hermosa mañana, ¿verdad..?»
-Sí! Entré despacio, canchero. Se la bancaron bien -dice Facu con una sonrisa.
Volver al sur
En febrero tienen previsto estar de nuevo en el barrio Villa Mitre, donde se crió, a media cuadra de la casa Lautaro Martínez. Como su vecino el Toro, gloria del Inter de Milán y la Scaloneta, él jugaba al básquet de chico.
-A los tres ya me llevaban al club a tirar -dice.
Si vivir un año en Neuquén fue su primera experiencia de arreglárselas solo, Europa fue como un master que le cargó la mochila de enseñanzas, entre ellas el sistema que utilizan en Suiza para encastrar bloques de madera maciza tipo Lego.
No planea volver con la actitud de quien tiene todas las respuestas. «No, nada que ver. Vuelvo a aprender, con la humildad de siempre», dice. Además de la carpintería que abrirá, con lo que ahorró más un préstamo que le dieron en Suiza pudo comprar un campo en Médanos, a 45 km de Bahía. Allí, mientras Magui apuesta a su estudio, él plantará eucaliptos y si todo sale bien tendrá madera propia como materia prima.
¿Saldrá todo bien? Imposible saberlo. Pero vuelve a tomar el riesgo, como aquel chico que un día voló a Suecia con la ilusión de construir un futuro. Es tiempo de regresar, aunque a veces se desvele. Cada vez falta menos y el corazón late más fuerte.
Contacto: https://www.instagram.com/facubassi.construcciones/

Por estos días, Facundo Bassi no siempre duerme de corrido. A veces se sobresalta en la madrugada y después le cuesta conciliar el sueño. Anoche, por ejemplo. Lo cuenta en su hora de almuerzo en los Alpes suizos. Es carpintero, gana 5500 dólares al mes, y lo llevan a la obra en helicóptero junto a todo el equipo para construir galpones, casas y restaurar antiguas cabañas. Por tierra tardarían más de dos horas para subir la montaña: la empresa invierte en el transporte aéreo para ganar horas de mano de obra. También suben así los materiales más pesados y ellos los esperan arriba. Facu, como le dicen todos, suele filmarlo con el celular.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios