Demócratas y dictadores

Por Redacción

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha sido criticada no sólo por vacilar en sumar su voz al coro internacional que está condenando la ferocidad asesina del dictador libio Muammar Gaddafi, sino también por haberlo elogiado cuando lo visitó en el 2008, lo que es injusto ya que hasta hace apenas un mes todos los líderes occidentales trataban bien a aquellos dictadores del Oriente Medio que a su juicio no planteaban una amenaza a sus intereses económicos o estratégicos. El único que, por un rato, hizo un intento por presionarlos para que liberalizaran sus regímenes represivos fue el presidente norteamericano George W. Bush, pero puesto que sus esfuerzos en tal sentido facilitaron el triunfo de la agrupación islamista Hamas en las elecciones palestinas de enero del 2006, pocos se sintieron tentados a emularlo. De todos modos, hasta estallar la revuelta que dio en tierra con Ben Ali, los dirigentes norteamericanos, británicos, franceses y alemanes se afirmaban “amigos” no sólo del dictador tunecino sino también del egipcio Hosni Mubarak e incluso de Gaddafi, atribuyendo tal actitud a la esperanza de que, si los elogiaban por su “moderación”, terminarían transformándose en moderados auténticos, cuando no en demócratas embrionarios. Frente a las sublevaciones que hicieron caer a Ben Ali y Mubarak y que han puesto en apuros a los líderes autocráticos de Yemen, Bahrein y, desde luego, Libia, los mandatarios occidentales se han visto obligados a modificar radicalmente su discurso. Dicen apoyar a quienes están manifestándose a favor de la democracia y en contra de sistemas económicos, basados en el nepotismo, que son aún más corruptos que los típicos de América Latina, pero así y todo no pueden ocultar su preocupación por las eventuales consecuencias de lo que está sucediendo. Mal que bien, todos los países tienen intereses concretos en la región y les es necesario defenderlos. Temen que si la ola de agitación llega a Arabia Saudita, un país que según las pautas reivindicadas por los norteamericanos y europeos es una tiranía brutal y extraordinariamente reaccionaria, el precio del petróleo se irá por las nubes, lo que, creen, podría tener un impacto demoledor en la economía mundial que aún no se ha recuperado por completo del golpe asestado por la crisis financiera del 2008. Es muy fácil criticarlos por su obsesión con el petróleo, pero en vista de los daños que podría provocar un período prolongado de escasez y precios altísimos, la voluntad de priorizarlo es legítima. Por lo demás, nadie ignora que de hundirse los países desarrollados, y muchos emergentes, en una depresión causada por un nuevo “choque petrolero”, decenas de millones de personas ya pobres serían las más perjudicadas. Los demócratas tienen que convivir con quienes no lo son. No pueden correr los riesgos que les supondría exigir la democratización ya de Arabia Saudita, China y otros países, negándose a comerciar con ellos hasta que sus gobernantes respeten debidamente los derechos básicos de todos sus habitantes. Por lo tanto, es inevitable un grado considerable de hipocresía en las relaciones diplomáticas. Dictaduras fuertes, como la china, seguirán siendo tratadas como si fueran miembros presentables de la “comunidad internacional”, mientras que las débiles, sobre todo las que parecen estar a punto de caer, serán abandonadas a su suerte por quienes días antes les juraban lealtad. Asimismo, aunque es posible que en el mundo árabe se haya puesto en marcha un proceso de democratización equiparable con el que experimentó América Latina en los años ochenta del siglo pasado, también lo es que el futuro se haya visto presagiado por lo que está ocurriendo en Libia, no por los resultados iniciales de las manifestaciones multitudinarias que tuvieron lugar en El Cairo. Mal que nos pese, regiones aún dominadas por dictaduras como el Oriente Medio y China se asemejarán a campos minados por muchos años más, razón por la que los líderes de los países democráticos tendrán que actuar con mucha cautela, solidarizándose siempre con los demócratas genuinos sin por eso tomar medidas agresivas que podrían desatar reacciones que, lejos de favorecer a los comprometidos con la libertad y el pluralismo, brindarían a regímenes crueles pretextos para perseguir con más saña aún a quienes se animen a oponérseles.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 860.988 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Lunes 28 de febrero de 2011


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