“Hasta las fieras pueden ser mansas”

Por Redacción

Tiempo atrás fui a pasear por Buenos Aires y allí me dirigí a Luján, en donde aproveché para visitar su zoológico. Lo que me sorprendió fue la armonía que tienen los animales con las personas: en la entrada, unos gansos parecían ser porteros que recibían a la gente. Vi también a los ñandúes y otras especies sueltos, totalmente relajados, reflejando así el buen trato que reciben. En un sector están juntos pumas, linces y leones; en otro jaulón, había un león de buen porte dormitando y un tigre de bengala caminando, mientras yo observaba de afuera. Dentro del jaulón solamente estaba el cuidador, un muchacho jovencito, quien acompañando a las dos fieras me miró y me dijo: ¿quiere pasar? Como dudé, insistió en que no pasaba nada, que no había problemas. Y bueno, desconfiando y el tigre que iba y venía, el muchacho me dijo que fuera hasta el fondo y viniera caminando con el tigre, eso hice y me sacó una foto. Después este joven me sorprendió nuevamente y me invitó a si quería acostarme arriba del león, y desconfié nuevamente. Entonces él lo hizo y el león, que estaba muy en paz, siguió dormitando. Luego me tocó a mí, me acosté sobre la fiera y ésta como si nada. Cuando me levanté, me dijo que el animal estaba despierto, le tiró suavemente el bigote e hizo un gesto como espantando algún insecto. Genial, pensé, lógicamente están tan bien comidos, tan bien tratados y respetados como debe ser, que da gusto. Para que los lectores del “Río Negro” comprueben lo que digo, envío las dos fotos. Quiero recordar un caso de injusticia hace muchos años en un parque de EE. UU.: un elefante mató a una persona. ¿Qué sucedió? Alguien malo y muy desubicado le dio una colilla encendida de cigarrillo y el pobre animal se enfureció desconsoladamente y pasó lo que pasó. Digo… si a una persona le hacen lo mismo en su boca, también se descontrolaría. Pocas veces he visto tan buen trato hacia los animales y he escuchado muchísimos comentarios a favor. Supe de algunas críticas de pocas personas que estaban en desacuerdo con la interacción de la gente con animales. Les diría a ellas y a los que piensan y critican sin saber, que no sean caracúlicos y amargados, que prueben, que estén al lado de un tigre o se saquen una foto con un león y se sentirán realizados. Quizás así aprendan a amar a la naturaleza y respetarla, porque es injustificable la actitud de muchos que maltratan a estos seres que no tienen plena conciencia y que no lo merecen. Considero que son pocos los lugares del mundo en que hay tanta armonía y muchos deberían seguir el ejemplo del zoológico de Luján. Pienso que sin necesidades, con respeto y cariño, hasta las fieras pueden ser mansas. Horacio C. E. Marcote DNI 11.233.956 Neuquén