“Aumento del gas, la medida y el método”
Todos coincidimos (más o menos) en que el precio anterior del gas era inviable.
Nadie puede dudar de que el precio de este combustible quedó congelado hace diez años, mientras la inflación superó el 700% en el mismo período.
Sin embargo, asombra la liviandad con que se aplica la actualización del precio.
El subsidio al gas y el congelamiento del precio los tomó el gobierno anterior, ante la realidad que presentaba el costo para una franja social de bajos ingresos o de familia numerosa. Para eso estaba bien.
Pero fue aplicada genéricamente (como nos gusta a los argentinos), ordenado desde el Ejecutivo y sin distinción entre los sectores más necesitados, y las capas económicas medias y solventes. Resultaba entonces que mientras los desfavorecidos resolvían su problema los de más recursos, las pymes y las grandes empresas, disponían de un recurso a 700% por debajo de su valor, con lo cual se favoreció a quienes no debía favorecerse, ya que por otra parte estos últimos acompañaron la inflación con los consabidos ajustes de precios, salarios y costos.
Mucho antes (2008) la costumbre de ignorar el argumento del otro hizo que Cristina no quisiera oír las advertencias del grupo de exsecretarios de Energía, que actúan en consenso con una experiencia de más de 30 años en el tema. Emilio Apud, Julio César Aráoz, Enrique Devoto, Roberto Echarte, Alieto Guadagni, Jorge Lapeña, Daniel Montamat y Raúl Olocco habían venido advirtiendo la falta de prospección y exploración del recurso hidrocarburífero durante más de seis años de los ocho en la gestión de la presidenta, y advirtiendo endeudamiento que iba a significar sustituir gas propio por importado. Dijeron que se llegaría a más de 10.000 millones de dólares anuales de déficit.
Así es que con ese déficit multiplicado por lo menos a los tres años en que ni se empezaron a tomar medidas, ni aún todavía se le hizo un agujero de 30.000 millones de dólares y más a nuestros recursos. Como la advertencia no era “del palo”, no merecía ser considerada. Fue como echarle agua a un pato. Ni se dio por notificada.
“Todo en su medida y armoniosamente”, decía el general… que decían los griegos. Los discípulos del general no aprendieron lo que les había enseñado.
La recordada resolución 125 de aumento de las retenciones a la producción agraria es el peor y más claro ejemplo de qué hay que hacer para gobernar mal: sólo hay que generalizar y poner en la misma bolsa al productor de 10.000 hectáreas, con el que apenas logra llegar a fin de cosecha de sus escasas 100. Generalizar lo que es distinto, lo que es diferente. Generalizar injustamente. Y a voz de mando. Sólo hay que tomar decisiones drásticas para mostrar “coraje”, y sin reflexionar, porque puede ser entendido como debilidad.
El aumento de los servicios – particularmente el gas – gozó del mismo apuro y falta de reflexión previa.
“Ahora gobernamos nosotros”, habrá dicho Aranguren. Como dijo ante la crítica por el aumento de la nafta: “Y bueno, que no anden en auto”.
El mismo ministro después de haber asegurado que la actualización de precios iba a estar contenida dentro del 300%… y le aplicó al gas hasta 2.500%.
¿Qué pasó en la región cordillerana patagónica?
Que quienes prestan servicios turísticos y rutinarios, entre junio y setiembre, ya habían planificado su temporada, sus presupuestos, sus ingresos y egresos, sus inversiones y hasta su vida personal.
Cuando se está jugando el partido, no vale cambiar las reglas.
Gunardo Pedersen
DNI 4.915.899
Gunardo Pedersen
DNI 4.915.899
Villa La Angostura