“Aun con K hay razones para el optimismo”

Admitiendo que la palabra “crisis” tiene un sentido “tan extenso como ambiguo”, el libro de Luis Alberto Romero es una versión ampliada de un anterior trabajo suyo, pero ahora alentado por el “ánimo de intervenir en la actual discusión ciudadana” sobre el destino del país.



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entrevista: Luis ALBERTO Romero, historiador, autor de “La larga crisis argentina”

carlos torrengo

carlostorrengo@hotmail.com

— Dice Raymond Carr que el coctel de crisis que dan forma a la política y la economía en su extensión sobre lo social, son más crisis cuando las “sintió en las mudanzas que se dan en la piel de uno”. Lo psicosomático, en todo caso. ¿Cómo vivió la crisis del ´89?

— Desde lo personal (y que esto no implique una vivencia que se independice de lo vivido por el conjunto de la gente) la sentí mucho. Yo apreciaba al gobierno del doctor Alfonsín. Creo que este quizá sea hoy, a pesar del enojo y de los términos en que se expresó aquella crisis económico-financiera, un sentimiento que anida en muchos planos de la vida nacional.

— ¿Qué le dejó desde lo intelectual en relación al estudio de la historia?

— Un estímulo muy importante para profundizar la reflexión el país. Esta versión ampliada de “La larga crisis argentina” abreva precisamente en renovar la mirada sobre el proceso histórico del país.

— Siempre en línea a las impresiones personales, ¿cómo se situó de cara a la crisis del 2001/2002?

— Es complejo explicar que uno haya encontrado en lo sucedido cuestiones importantes... complejo por el trámite que tuvo ese tiempo. Dolor, sufrimiento, muerte, desgarros terminantes... de esa idea de un país cuya caída no parecía tener fondo. Pero mi vivencia también hace hincapié en que la sociedad no se rendía. Y, fundamentalmente, una cuestión: no se deslizaba a posiciones facciosas... ese protagonismo extremo, que tanto marca a fuego nuestro pasado.

— ¿Qué le decía y le dice hoy esa ausencia de faccionalismo?

— Que ante el vendaval, los argentinos estábamos juntos. Nos tocaba a todos, de una u otra manera. Mire, yo recuerdo que por aquellos días del 2001/2002 un grupo muy heterogéneo que se ampliaba a fuer de la situación, nos reuníamos en la Iglesia San Catalina...

— Corazón de la City.

— Sí, sí... ahí estaba el padre Brown. Y conversábamos, nos ayudábamos a reflexionar por encima de ideas, política... y así sucedió a lo largo y ancho del país. A pesar de lo cruel de ese tiempo, de toda la emoción suelta, primó entre los argentinos mucha dignidad al buscarse, solidarizarse.

— Eduardo Duhalde suele señalar que su gobierno evitó una guerra civil que, en tanto a extremo, es un proceso que a juzgar de la historia requiere de ciertas características. ¿Qué opina de lo dicho por Duhalde?

— No estoy de acuerdo con esa opinión. Argentina no estaba partida en dos... No era España del ‘36. Incluso me parece que él no debería hacer ese tipo de afirmaciones teniendo en cuenta desde dónde -que lo incluye a él, claro- también se soliviantó mucho de los que finalmente desencadenó la crisis de la Alianza. Esto no implica que yo no le reconozca aciertos en el manejo de esa brasa que recibió cuando asumió como presidente...

— ¿Qué reflexión le generaba “que se vayan todos”?

— Todo ese negacionismo, incluso sobre la política, claro, era inconducente... De todas maneras es muy difícil decir qué nos quedó de aquellos días. Yo recupero, como le dije, entre otros aspectos, el no faccionalismo.

— Pero en su libro reconoce que la crisis definió mucho de antes y después en la vida del país...

— No lo digo en esos términos, pero hablo de que la crisis pulverizó mucho de la antigua sociedad, entendiendo por esto que puso en evidencia mutaciones que se venían dando calladamente en el espacio social. Se terminó la sociedad cuya imagen era la integración, la movilidad, la posibilidad amplia para el conjunto. No me refiero a que en esos días del 2001/2002, emergieron de golpe nuevos actores que desconocíamos; no se trata de una Argentina que ignorábamos. En todo caso, al momento del estallido de la crisis, lo nuevo en materia de protagonismos fueron los caceroleros. Pero la crisis que se fue gestando en los años últimos de Menem y siguió con la Alianza, había dado forma a otros actores que no fueron circunstanciales como los caceroleros: los piqueteros y los cartoneros. Eran voces, protagonismos legítimos en tanto excluidos.

— Hay algo de literatura en una reflexión suya cuando habla de los cartoneros. Su aparición “semejaba la invasión de los ejércitos de las tinieblas sobre la “ciudad propia”. ¿Se trata de la “ciudad blanca”?

— Hablo de un espacio que lentamente cambia su imagen por la aparición de seres desesperados -creo que uso el término desconcertados incluso- que buscan vivir, tener existencia, ser... una búsqueda legítima. Con independencia del camino que desde lo organizativo asumieron piqueteros y cartoneros con el correr de la primera década del siglo, no es menos cierto que impactaron mostrando nuevos tipos de organización para el reclamo... legítimo, por supuesto. Y se organizaron y avanzaron a contrapelo de cierta posibilidad de que se los viera sólo como expresión de revuelta, de disgregación. Es más, se fueron dando un orden en medio del caos de aquellos finales del siglo anterior y comienzos de este. Reitero: esto con independencia de sus organizaciones posteriores...

— ¿Qué hay en el piso- piso, en el sótano donde se amasa la crisis, si a éstas las viéramos como expresión de una sola causa?

— Y... el valor de la moneda. Cuando se desvaloriza se abren puertas peligrosas. Como sucede hoy.

— ¿Hacia dónde va el país ahora?

— El kirchnerismo no se interesó en mejorar el funcionamiento del sistema político; solo le interesó construir poder a manotazos incluso. Creo que fatigó a la sociedad alentando autoritarismo, excluyendo, estigmatizando. Va rumbo al fin de su ciclo. Y de tanto descontrol en el manejar el poder, nos deja sin embargo una inmensa posibilidad: que los argentinos revaloricemos la convivencia, el debate de ideas, las instituciones... En ese sentido, soy optimista. Aun con K, hay razones para el optimismo.


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