La odisea patagónica en un Ford T

Julio Dupont, nacido en Río Negro, partió desde la provincia de Buenos Aires y completó una travesía de más de 3.000 kilómetros hasta Ushuaia en un vehículo con mucha historia.

Redacción

Por Redacción

A bordo de un Ford T de 1924 y con más de un siglo de historia sobre sus ruedas, Julio César Dupont cumplió un sueño que parecía imposible: unir la Patagonia hasta Ushuaia en una travesía de más de 3.000 kilómetros. Nacido en Río Colorado y criado entre Algarrobo y Río Negro, su vida estuvo marcada desde chico por la mecánica, los autos antiguos y una historia familiar que lo empujó a seguir adelante.

“Me crié en un taller, me explotó la cabeza con la mecánica y los autos antiguos”, cuenta. Hijo de un mecánico apasionado, asegura que su vínculo con los fierros no es casual: “Los sueños no se venden. Cada auto tiene una historia, cada pieza tiene su esfuerzo”.

De Algarrobo al fin del mundo en un Ford T.

Ese legado se convirtió en “Haydée”, su Ford T, al que bautizó en honor a su abuela. “Ella me contaba que manejaba un Ford sola en la década del 30. Era algo increíble para la época. Esa historia me marcó para siempre”, recuerda. Incluso logró recuperar piezas originales de aquel auto familiar: “Traer los faroles del Ford de mi abuela fue como traer un tesoro”.


Una travesía que fue mucho más que un viaje


La aventura comenzó en Algarrobo, un pequeño pueblo bonaerense, y avanzó rumbo al sur atravesando pueblos, rutas y paisajes patagónicos. Pero no fue solo un desafío mecánico: fue una experiencia profundamente humana.

“Desde el kilómetro uno, el afecto de la gente es impresionante. Me duele el brazo de saludar camioneros en la ruta”, relata. Ese vínculo espontáneo se volvió parte esencial del viaje: bocinazos, saludos, acompañamiento y hasta gestos solidarios inesperados. “Esto es un empuje de muchísima gente. Yo puedo soñar, pero si no tengo gente que me dé una mano, los sueños quedan en eso”, reconoce. Durante el recorrido, Dupont también buscó historias: “Queríamos encontrar gente que haya tenido un Ford, que tenga recuerdos. Eso es lo que más me llena”.


Entre la épica y los imprevistos


Viajar en un vehículo de 102 años implica aceptar la incertidumbre. Las fallas mecánicas fueron parte del recorrido, pero lejos de ser un problema, se transformaron en nuevas oportunidades. “Que el auto se rompa no es un problema, es otra llave para conocer gente”, afirma. En San Julián, por ejemplo, logró reparar el motor con ayuda de jóvenes mecánicos que nunca habían trabajado con ese tipo de vehículo. “Trabajamos juntos y en una hora y media estábamos viajando otra vez”.

También hubo soluciones improvisadas, como juntas de escape hechas en el camino o repuestos conseguidos gracias a desconocidos. “Siempre aparece un ángel guardián que te da una mano”, dice. El clima tampoco dio tregua: “De Ushuaia a Río Gallegos llovió todo el día. Nos mojamos muchísimo, pero es parte del viaje. Cuando llueve, te mojás como en la ducha, pero más tiempo”.


Un sueño cumplido en el fin del mundo


El momento de llegar a Ushuaia fue la síntesis de todo. Después de cruzar el paso Garibaldi y atravesar paisajes extremos, Dupont alcanzó el objetivo que había imaginado durante años. “Yo no conocía la Patagonia, no conocía Ushuaia. Hacerlo en un Ford T es algo único. No me entra la sonrisa en la cara, soy feliz”, asegura.

Para él, el auto es mucho más que un vehículo: “El Ford es una llave infinita. Me permitió conocer lugares, personas, historias. Me cambió la vida”. La travesía también dejó imágenes imborrables: personas emocionadas al ver el auto, encuentros con familias ligadas al automovilismo y relatos que conectan generaciones. “Ver a alguien emocionarse por un Ford, eso te queda grabado para siempre”, cuenta.


Vivir el sueño, cueste lo que cueste


Dupont sabe que su pasión tiene costos. “Todo esto me trae problemas económicos y laborales, pero tengo una sola vida. Si no la disfruto, ¿cuándo?”, reflexiona. Lejos de arrepentirse, reafirma su elección: “No quiero ser el más rico del cementerio. Prefiero cumplir mis sueños en vida”. Y el camino no termina en Ushuaia. Ya proyecta nuevos desafíos: recorrer la Ruta 40 y completar la vuelta a la Argentina. “Pensé que iba a ser el único viaje de mi vida con un Ford. Pero cuando volví, no me quería bajar más”, admite.



A bordo de un Ford T de 1924 y con más de un siglo de historia sobre sus ruedas, Julio César Dupont cumplió un sueño que parecía imposible: unir la Patagonia hasta Ushuaia en una travesía de más de 3.000 kilómetros. Nacido en Río Colorado y criado entre Algarrobo y Río Negro, su vida estuvo marcada desde chico por la mecánica, los autos antiguos y una historia familiar que lo empujó a seguir adelante.

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