Barrabravas: la violencia piantavotos
COLUMNISTAS
Cuando uno cree haber visto todo en materia de anomia, suceden hechos como los acontecidos en el partido entre Deportivo Laferrere y Dock Sud, que elongan la capacidad de asombro. Particularmente por dos motivos.
Uno, por la inusitada violencia con que una horda de doscientos hinchas del equipo local cometió todo tipo de tropelías y desmanes. Furiosos porque no se les había permitido ingresar “gratis” a la cancha, arremetieron contra agentes uniformados, patrulleros, autos y casas de particulares, dañando todo aquello que se interponía a su paso. Escudados por la impunidad que da el colectivo, hirieron a 26 policías, uno de los cuales se debate entre la vida y la muerte.
Se trató de un verdadero caos social propiciado por un importante grupo de delincuentes organizados que, al decir del periodista Gustavo Grabia, viven de su connivencia con las comisiones directivas de los clubes y la dirigencia política.
Pablo Carroza, analista que ha investigado a los violentos, explicó que desde la Municipalidad se los habilita para que mantengan el negocio de una flota de combis y remises ilegales que unen Laferrere con la Ciudad de Buenos Aires, con una recaudación de 30 millones de pesos anuales…
La otra razón para la sorpresa, paradójicamente, fue la rápida respuesta del gobernador Daniel Scioli.
Pocas horas después de sucedido el hecho, anunció la suspensión del estadio de Laferrere por el resto del campeonato de Primera C y en un operativo inusual se ordenaron allanamientos y el decomiso de armas. Del mismo resultó la detención de once individuos que fueron identificados como autores de los actos de vandalismo, a los que el mandatario pidió “ver en la cárcel”.
A renglón seguido, insistió en la necesidad del tratamiento de un proyecto de ley que tipifique el delito de barrabrava.
El otrora deportista demostró tener ligeros reflejos cuando las circunstancias lo exigen. También, que cuando se quiere se puede.
Demostración evidente de que los barrabravas son personas conocidas y rápidamente se puede dar con ellos, decisión política mediante.
Si bien la celeridad y las medidas adoptadas por el gobernador bonaerense son bienvenidas, también resultan sintomáticas del tiempo perdido durante años en que este tipo de situaciones se ha consentido con una laxitud exasperante.
La utilización de los barrabravas como fuerzas de choque, mano de obra barata, y el siempre presente ánimo de no pagar costos políticos fueron motivo suficiente para tan alarmante quietud.
Sería ingenuo pensar que esta reacción fue producto de un cambio de parecer repentino. Más bien parece enmarcarse en el temor a la pérdida de votos que una situación descontrolada como la de Laferrere engendra.
Si no puede controlarse una barra de un club del ascenso en un partido de baja estofa, ¿cómo podrá gobernarse un país?
Pues bien, Scioli ha tomado nota de tal cuestión y más por temor que por convicción ha ejercido un liderazgo que la sociedad espera de cualquier gobernante.
Un paliativo a una enfermedad que agobia, de la que sólo se podrá salir cuando un mandatario -más allá de las elecciones- se decida a poner fin a la connivencia política y dirigencial.
MARCELO ANTONIO ANGRIMAN
Abogado. Profesor nacional de Educación Física. marceloangriman@ciudad.com.ar
MARCELO ANTONIO ANGRIMAN