Basural: un foco de contaminación en Bariloche al que nadie pone freno

A la segunda celda que se abrió para soterrar los residuos le queda poca vida útil y en breve será necesaria una tercera. La separación en origen es un deseo más que una costumbre o una obligación.

Carolina Álvarez entró en 2009 a trabajar en la Asociación de Recicladores Bariloche (ARB). Necesitaba un empleo y, sobre todo, obtener un ingreso para la economía familiar. La municipalidad había presentado un año antes el Plan de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos. Era un ambicioso proyecto, con un extenso diagnóstico y recomendaciones, destinado a marcar un quiebre en la historia del basurero de la principal ciudad turística de la Patagonia.

“Debemos tener presente que una desacertada política de gestión en materia de residuos provoca consecuencias negativas no sólo en lo ambiental, sino también en el orden económico y social, comprometiendo nuestra calidad de vida y la de las generaciones venideras”, advertía. “Por ello, la ciudad debe contar con un sistema más eficiente y sustentable de manejar sus residuos. Esta es una responsabilidad indelegable del estado municipal”, afirmaba el documento oficial.

Darío Barriga era entonces el intendente interino de la ciudad. Pasaron las gestiones del radical Marcelo Cascón, de los peronistas Omar Goye y María Eugenia Martini y la primera del intendente Gustavo Gennuso y los objetivos quedaron solo en el documento.

Carolina opinó que el funcionamiento del vertedero municipal no cambió desde 2009 a la fecha. “Si funcionara mejor, no me moriría de calor en el verano o de frío en invierno mientras trabajo en el manto de la basura”, afirmó. “En el trabajo cotidiano no cambió nada”, sostuvo.

Hoy sigue recuperando residuos en el lecho tal como lo hizo en 2009. Evaluó que el sistema de recolección de residuos en la ciudad sigue con los mismos problemas de hace una década. No mejoró nada. Los camiones siguen volcando su carga de manera indiscriminada. La separación en origen no existe en Bariloche. Solo hay esfuerzos individuales o de algunas empresas.
Carolina dijo que hasta que los habitantes de la ciudad y el Municipio no trabajen en forma coordinada en avanzar en la separación en origen, que es el primer eslabón del sistema, poco se podrá mejorar.

No estoy de acuerdo con eso de que es uno de los cincuenta peores basurales del mundo. Eso no es así".

Eduardo Garza, Servicios Públicos de Bariloche.

La postal del basural a cielo abierto de Bariloche, con la contaminación ambiental que implica, no la ven los turistas. Tampoco la mayoría de los habitantes de la ciudad. Solo la padecen las personas de los barrios aledaños. Por eso, un grupo de vecinos presentó el año pasado un amparo contra el Municipio por el funcionamiento del vertedero. Un juez civil de primera instancia les dio la razón, pero la Municipalidad impugnó y tiene que resolver el STJ.

No hay un dato certero de cuántos desechos entran hoy al basural. El secretario de Servicios Públicos del Municipio, Eduardo Garza, informó que la balanza está rota desde enero del año pasado. Estimó que entre 260 y 270 toneladas diarias se depositan en ese espacio solo del servicio de recolección que hacen los camiones municipales. Hay otras toneladas que llegan de grandes generadores de residuos, como los grandes supermercados, que tienen su propia recolección.

No es el único de su tipo en la región y el país. El ministro de Ambiente del gobierno nacional, Juan Cabandié, aseguró en febrero de 2020 que su objetivo era tratar de reducir los 5.000 basurales a cielo abierto que existe en la Argentina. Aunque pocos están en la situación del vertedero de Bariloche, enclavado en un parque nacional, rodeado de 10 barrios y a solo 8 kilómetros del centro.

Garza destacó que la ARB recupera alrededor del 4% o 5% del total de residuos que entran al vertedero. No es un porcentaje ideal. Pero enfatizó que se incrementó en los años últimos, porque antes rondaba el 2%.

El manto de la basura se va acumulando al pie de la ladera sur del cerro Otto. Foto: Alfredo Leiva

Recordó que Bariloche genera mucho más residuos por su condición de destino turístico. Dijo que uno de los graves problemas que tienen es la enorme cantidad de toneladas de residuos forestales que entran al predio y que no pueden ser tratados en el mismo espacio que los residuos domiciliarios. Admitió que falta fiscalización de la Municipalidad. También hay poca conciencia de las personas. Esos residuos son los que generan los incendios que le complican la vida a los vecinos de los alrededores.

En cuanto al funcionamiento del vertedero, Garza evaluó que está mejor que años atrás. “La celda que está más cerca de la ruta 40 está saneada, tiene una membrana especial”, afirmó. En ese espacio hay alrededor de 1.000.000 de metros cúbicos enterrados. Es basura que se acumuló durante 26 o 27 años, rememoró Garza. Explicó que una máquina todos los días cubre con un pequeño manto de tierra esa celda, que se clausuró en 2014, como parte de la remediación.

Advirtió que la segunda celda que se abrió, con una capacidad para 600.000 metros cúbicos, le queda poca vida útil por el volumen de residuos que genera la ciudad, cuya población creció en los años últimos.

Garza consideró que es fundamental generar algún sistema de aprovechamiento de esos residuos, como ocurre en otros países. Aseveró que al ritmo que crece la producción de desechos, habrá que habilitar una tercera celda.

Aceptó que el basural a cielo abierto de Bariloche es un problema histórico y de difícil solución. Y observó que es un tema que se utilizaba periódicamente, sobre todo, en épocas de elecciones. “No estoy de acuerdo con eso de que es uno de los cincuenta peores basurales del mundo. Decir eso es una vergüenza; eso no es así”, aseguró. Y sostuvo que en otras ciudades del país y del mundo, la situación de sus basurales es dramática.

Para el ingeniero ambiental y especialista en el tema Juan Pablo Arrigoni, el panorama sigue siendo tan grave como lo advirtió en 2014 en su informe la organización ambientalista ISWA (International Solid Waste Association), con sede en Austria. La entidad incluyó al basural de Bariloche (y el único de Argentina) entre los 50 más contaminantes del planeta.

“Pero lo más grave es que los responsables y a quienes ellos responden, niegan y evaden el problema, no convocan a la comunidad ni a los organismos provinciales ni nacionales para asesorarlos y darles apoyo necesario”, afirmó Rigoni. “El problema deriva en muerte, contaminación, enfermedades, en otros lugares sería un crimen lo que ocurre”, aseguró.

Dijo que su opinión se fundamenta en lo que señaló la ISWA, “que no es un estudio exhaustivo ni sistemático, pero es lo más próximo a eso que hay; el resto lo baso en la cercanía que tengo con el caso”. Arrigoni trabajó en la ampliación de la planta de residuos que se hizo entre 2014 y 2015 y tuvo un fugaz paso como primer coordinador-responsable del lugar.

Atribuyó el problema a “la falta absoluta de control en el predio, de ingreso de residuos (tipo y cantidad), de operaciones rutinarias, de ingreso de personal, de operaciones contaminantes y controles ambientales”.

Dijo que hay una ausencia de personal técnico con mínimos conocimientos en las operaciones de una planta de residuos y en un vertedero controlado. Arrigoni añadió la ausencia del organismo de control de provincia para ejercer el poder de policía y de control de la gestión ambiental. Y la falta de integración de las fases de una gestión integral de residuos, desde la recolección, el transporte, el tratamiento, la disposición final, la capacitación, entre otros aspectos.

Hoy Arrigoni vive en Suecia. “Acá se entierra menos del 10% de los residuos, los Municipios proveen los recipientes a las viviendas y contenedores a los edificios, se pesan y se cobra por peso, el tratamiento y el transporte”, contó. “Hay distintas categorías, orgánicos para compostar o hacer biogás, incinerables, y luego los plásticos, cartones, vidrios, ropa para donar, sitios para la compra de productos usados y demás”, explicó.

Mientras, los residuos de Bariloche, el Municipio los sigue poniendo bajo la alfombra.

“Funciona igual que en 2015”

“En líneas generales, el vertedero está funcionando igual que en 2015”, dijo el secretario de Servicios Públicos, Eduardo Garza. Consideró que la instalación de 260 recipientes de plástico en el centro es un primer paso para avanzar en la clasificación de los residuos en origen. Aseveró que eso ayudó a aumentar el volumen de residuos separados que llegan al basural, lo que ayuda al personal de la ARB.

Aunque admitió que falta comunicación desde la Municipalidad, porque está vigente la recolección de residuos secos los miércoles y jueves de cada semana en la ciudad, pero muy pocos lo respetan.

Garza aseguró que los desechos de los lubricentros o los aceites que tiran los restoranes o comercios de comidas rápidas no entran al vertedero. Tampoco los residuos patógenos. Tienen su propio servicio de recolección y deposición final fuera de la ciudad. Dijo que los desechos de esos rubros que llegan al vertedero es porque los mandaron de manera oculta.

Manifestó que es necesario encontrar una empresa que quiera invertir con tecnología para generar algo con la basura. “La estamos desaprovechando y tapando con tierra”, lamentó.


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