Bélgica sin gobierno

Por Redacción

En muchas partes del mundo, manifestaciones callejeras masivas contra el gobierno local se dan con frecuencia, pero sólo en Bélgica se las celebra para protestar contra la incapacidad de la clase política de formar uno que dure más de un par de horas. El domingo pasado, aproximadamente 35.000 belgas marcharon por las calles de Bruselas para expresar la “vergüenza” que dicen sentir por no contar con un gobierno auténtico desde hacía 224 días, puesto que a partir de las elecciones del 13 de junio del año pasado los políticos siguen sin llegar a un acuerdo aceptable. Ya han superado el récord europeo, de 208 días, en la materia que perteneció a Holanda desde 1977 y temen privar a Irak del mundial, de 289 días, que se anotó en el 2010. Mientras tanto, el poder quedará en manos de un gobierno interino encabezado por el primer ministro saliente, Yves Leterme, que amenaza con eternizarse. Si bien puede entenderse el fastidio que sienten muchos belgas, la verdad es que la ausencia de un gobierno basado en los resultados de las elecciones más recientes no ha tenido consecuencias catastróficas. Según algunos economistas, Bélgica necesita aplicar un programa de austeridad similar a los anunciados por otros países europeos, ya que su deuda pública supera el 100% del producto interno, lo que conlleva el riesgo de que se convierta en “la Grecia del Norte”, pero aun cuando se hubiera formado un gobierno como es debido, el país se encontraría en la misma situación. Como tantos otros integrantes de la Unión Europea, Bélgica se ha acostumbrado a vivir por encima de sus medios, pero por motivos políticos y sociales sus dirigentes quieren continuar postergando el ajuste que parece inevitable. De todos modos, el problema principal de Bélgica tiene menos que ver con el estado de las finanzas públicas que con la convivencia obligatoria de dos comunidades, la flamenca de habla holandesa y la valona francófona, que no se quieren. Durante buena parte de la historia de 150 años del país, los valones dominaban, pero en la actualidad los flamencos, que constituyen la mayoría, están prosperando y sus compatriotas de Valonia se han empobrecido hasta tal punto que la región necesita subsidios cada vez mayores. De no ser por la diferencia étnica y cultural, los habitantes del norte rico estarían dispuestos a seguir transfiriendo recursos al sur, como sucede en todos los demás países europeos en los que zonas determinadas son más prósperas y más dinámicas que otras, pero en Bélgica los flamencos no tienen por qué sentirse solidarios con los valones, de ahí el atractivo creciente del independentismo en Flandes. En cambio, los valones están comprometidos con la unidad nacional por motivos económicos; saben que, en su caso, tanto la independencia como la eventual incorporación a Francia significarían más pobreza. Los valones no son los únicos que se sienten preocupados por el separatismo flamenco. Si Bélgica finalmente se divide, el precedente daría un nuevo impulso a los nacionalistas catalanes y vascos que, como los flamencos frente a los valones, se suponen más capaces económicamente que sus compatriotas españoles. También se sentirían alentados quienes sueñan con “la profundización” de la Unión Europea y creen que la adhesión a los Estados nacionales tradicionales constituye el obstáculo principal en su camino. Desde su punto de vista, una “Europa de las regiones” serviría para aumentar el poder de Bruselas, en desmedro de los gobiernos de los distintos países, potenciando así todavía más un proceso que se ha intensificado últimamente a causa de la crisis económica. Grecia e Irlanda ya han perdido su independencia económica a cambio de “rescates” financieros y es probable que Portugal se vea constreñido a acompañarlas. Asimismo, la conciencia de que los países de la Eurozona tendrían que coordinar sus políticas fiscales, puesto que de otro modo la moneda común correría el riesgo de hundirse, ha fortalecido a los partidarios de hacer de la Unión Europea una federación equiparable con Estados Unidos. Por supuesto, el que gracias a la existencia de la UE el eventual despedazamiento de Bélgica –o de cualquier otro país miembro– no tendría un impacto demasiado traumático no puede sino estimular a quienes se califican de independentistas pero que en realidad son meramente separatistas.


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