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Bellesi, esa armonía entre la naturaleza y la política

El domingo, la santafesina Diana Bellesi, acompañada por la neuquina María Cristina Ramos, cerró el encuentro organizado por Fundación Cultural Patagonia



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FERIA PATAGÓNICA DEL LIBRO

Diana Bellesi parece hecha de poesía. Es fácil imaginarla escribiendo la emoción de lo cotidiano, de los sentimientos y las dudas. “¿Cómo empecé? No tengo ni idea. Escribo desde chiquita”.

Por alguna razón, su viaje iniciático, esa caminata que comenzó en 1969 y la tuvo seis años andando de mochilera por América del Sur, sigue siendo una atracción entre el público. La gente le pregunta sobre aquel viaje. Y ella ríe de quienes creen que “en esa época no se usaba”.

Jóvenes de todo el mundo salían a ensanchar las paredes de un mundo con avidez y desmesura. Animados por “la imaginación al poder”, buscaban su Katmandú. Bellesi lo encontró, conociendo Perú, Ecuador, México, Colombia, Estados Unidos y desde allí a Europa hasta volver.

“La poesía y la política de los lugares que visitaba. Esas fueron mis motivaciones principales”, afirma. “Y trabajé, claro. Empecé a ser periodista, muy tímidamente, en Lima, en el primer diario expropiado y manejado por sus empleados, El Expreso, se llamaba. Y cuando llegué a México ya era periodista experimentada (ríe) y escribí en diarios y revistas y agencias internacionales de noticias”.

Habla bajo, con un tono más grave que su figura. Y se enoja con el resonar del micrófono. “Pruebo una última vez y si no anda, hablo así nomás”. Reniega de la copa de pie alto y bebe agua, “me gusta de la botella”.

En la Feria del Libro de Roca, mucha gente se ha convocado para escucharla. La mayoría deja de respirar. El hilo de voz lee la música de los versos. Breves, con un ritmo lento y acompasado, como quien camina y conversa de lo que pasa.

Es asombroso el modo en que combina lo concreto y lo abstracto, la flor de hierba con los dilemas de la filosofía y la historia.

Tan contemporánea su poesía y, a la vez, tan despojada de lo urbano. “No es una decisión, o sí lo es. Escribo de las cosas que más me llegan”, dice.

Su poesía fluye, tan natural como sólo pueden lograrlo los grandes del oficio. Sin lugares comunes, sin palabras difíciles. Solo va. Pero atrapa y moviliza la inteligencia y los sentidos.

“Parto de la emoción que siento en un momento. Es el presente lo que me lleva a escribir. Pero después está el oficio, claro. El oficio que se aprende conociendo, leyendo a otros poetas. Eso, en el caso de gente letrada. Y si no es el oído el que actúa, como en las cantoras de vidalas. Pero siempre lo primero queda allí, con retoques, con correcciones”.

Con generosidad, Diana Bellesi compartió varios de los poemas que integrarán su nuevo libro, próximo a salir. Uno a uno, fue pasando las hojas, pruebas de imprenta con algunas correcciones a mano. Hablan, con ese mismo ritmo armonioso y a pie, de los atardeceres junto al río San Antonio, en el Tigre, de su perrita y del color de las flores. Hablan de la vida, de la soledad, del amor.

María Cristina Ramos estuvo junto a ella, guiando el diálogo, leyendo los poemas incluidos en el libro “Tener lo que se tiene. Poesía reunida”, esa Biblia que resume los textos que Bellesi escribió hasta el 2009. Compartió también con el público un texto magistral en que Bellesi describe el difícil arte de traducir poesía, esa reconstrucción que tiene más que ver con la introspección que con la lengua.

Diana Bellessi nació en Zavalla, Santa Fé, en 1946. Estudió Filosofía en la Universidad Nacional del Litoral y a fines de los sesenta se lanzó a andar América, a pie, por más de seis años. “Volví en el peor momento, unos meses antes del golpe de Estado de marzo del 76. Ahí me fui al Tigre, a una casita junto al río San Antonio, una pieza con maderitas, pasamos la dictadura ahí”.

En el 72 publicó en Ecuador su primer poemario, “Destino y propagaciones” y en el 81 “Crucero ecuatorial”. Desde muy joven se identificó con las posiciones feministas, aunque literariamente siempre negó la existencia de una poesía femenina específica. Integró la redacción de Revista Feminaria desde su fundación, perteneció al equipo del Diario de Poesía hasta 1991 y fue una de las fundadoras de la Cooperativa Editorial Nusud.

Tradujo obras de Ursula Kroeber Le Guin, Denise Levertov, Adrienne Cecile Rich y Olga Broumas. Logró las becas Guggenheim en Poesía (93) y la Trayectoria en las Artes de Fundación Antorchas (96). Ganó el Konex al Mérito en Poesía quinquenios 1999-03 y 09-13. En marzo de 2008 participó en el Cuarto Festival Internacional de Esmirna, Turquía, dedicado a Latinoamérica. Fue declarada Ciudadana Ilustre de la Ciudad de BA en el 10 y en 2011 recibió el premio Nacional de Poesía.

Alicia Miller


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