Brasil, patria educadora

Redacción

Por Redacción

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A todas las palabras se las lleva el viento? Por las dudas, el lingüista busca datos, unidades de lenguaje que le signifiquen un sentido revelador de la realidad que representan. Así bien, los lemas que los países del mundo han adoptado son de lo más reveladores, por ser recurrentes, repetitivos y muchas veces dotados de falta de profundidad. Y tal falencia resulta de su protagonismo ausente en la realidad misma. Por otra parte, cada lema tiene un carácter diferente, incluso significar cosas diferentes para países distintos. Estados Unidos y Nicaragua tienen el mismo lema: “En Dios confiamos”.

Así, el investigador de la lengua deberá ir a cada país, caminar sus calles y sus diferentes ámbitos sociales y preguntar a los hablantes: ¿cuál es el lema de tu país? La respuesta dominante será, en la mayoría de los casos: “No lo sé”. Por tanto, la dirección del país en cuestión no será tal. Es decir, no habrá una dirección definida. Esto da la pauta de una noción muy general: el vaciamiento de significado de palabras fundantes. Me refiero a unidades léxicas como libertad, unidad, unión, igualdad, inclusión y paz. En la mayoría de los casos, un presidente no dará énfasis a lema alguno, sino que apuntará, para no fallar, al mismo nivel: seguridad, educación, trabajo, etcétera.

Sin embargo, días atrás, la presidenta Dilma Rousseff -tras asumir el cargo en el Congreso- expresó que el lema del nuevo gobierno es “Brasil, patria educadora”. Y, si bien luego pasó revista a diferentes objetivos para su nuevo período de gobierno, quedó una sensación bien fuerte sobre la significación de la nueva cláusula fundadora, tan simple y directa que refleja claramente cuál será la prioridad de su gobierno: “Estamos diciendo que la educación es la prioridad, pero hay que dar a todas las acciones del gobierno un sentido formativo, una práctica civil”, dijo y agregó que sólo la educación libera a las personas y abre puertas al futuro. Dilma Rousseff defendió una educación de calidad, no sólo en todos los niveles educativos sino en todos los segmentos de la sociedad. Y señaló que la expectativa es que el sector comenzará a recibir volúmenes más significativos de los recursos de las regalías del petróleo y la explotación de la capa presal.

Dilma habló de “llevar a cabo cambios curriculares y mejorar la formación de los docentes”, en la apreciación de que se trata de un área débil en el sistema educativo brasileño. La presidenta se comprometió a prestar especial atención al Programa Nacional de Acceso para la Educación Técnica y Empleo (Pronatec) y el Programa Joven Aprendiz. “Brasil seguirá siendo el país líder en el mundo en la transformación de las políticas sociales”. Además, enfatizó en un punto de coyuntura diciendo que el destino de Brasil es ser un país desarrollado. En tal punto su discurso tiene un cierre coherente. País desarrollado es igual a educación más todos los demás aspectos que caen por su propio peso.

El nuevo enunciado en el discurso de Dilma Rousseff es un elemento fuertemente marcado; es decir, se trata de un elemento discursivo de la fuerza quizá requerida, ya que no es tan fácil ni tal simple dar un giro a la educación de un país.

Veamos algunos datos del ámbito educativo internacional. Las estadísticas señalan que en Australia el gasto en educación aumentó del 4,9 al 5,1% del PBI y el porcentaje de jóvenes de 15 años con capacidades insuficientes de lectura pasó del 12 al 14%. En Canadá, el gasto en educación pasó del 5,6 al 5% del PBI y el porcentaje de jóvenes de 15 años con capacidades insuficientes de lectura se mantuvo en el 10%. En Argentina, el gasto en educación aumentó del 4,6 al 6% del PBI y el porcentaje de jóvenes de 15 años con capacidades insuficientes de lectura pasó del 44 al 52%. Estos datos muestran que Argentina invierte en educación más que Australia y Canadá. De todas formas, sin aumentar el esfuerzo financiero (en rigor, en términos de PBI, lo disminuyó), Canadá logró mantener baja la proporción de estudiantes con insuficientes capacidades de lectura. Lo dicho da cuenta de que estos resultados son algo complejos.

Esto no es fruto de la casualidad sino de sistemáticas mejoras en la gestión educativa. Se trata de un proceso inverso al de Argentina, que invierte mucho en educación pública aunque con resultados hasta el momento no reflejados.

¿El sistema educativo funciona o no? ¿Se trata de un motor ya agotado o de una maquinaria aceitada y con gran capacidad de avance y mejora? La presidenta brasileña y su equipo han visto lo elemental de este punto. Incluso más, la masa electoral apoyará sin reservas semejante empresa. Así, su nuevo lema “Brasil, patria educadora” es una fórmula ganadora. Y esta fórmula requiere de un fuerte apoyo financiero y la evolución dramática del cuerpo docente, dos aspectos mencionados en el discurso de la presidenta. El futuro cercano dirá sobre la fuerza de este nuevo lema. Hoy debemos prestar atención y quizá admitir la fuerza de sus palabras. A no todas las palabras se las lleva el viento.

Sergio Povedano

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