con Dilma contra las cuerdas

La mandataria aprovechó el acto para intentar fortalecerse. Dijo que su país “está listo” para organizar “los mejores Juegos del mundo” en Río.

Redacción

Por Redacción

Con gritos de “No al Golpe” en el Palacio del Planalto, la presidenta Dilma Rousseff recibió ayer la llama olímpica en Brasilia y, si se confirman las previsiones, sería suspendida la próxima semana por 6 meses en el cargo por el juicio político que se le sigue en el Congreso, con lo cual los Juegos de Río serían inaugurados por el vicepresidente opositor, Michel Temer.

Dilma intentó fortalecerse con el que quizás sea su último acto de repercusión internacional. Afirmó que el país “está listo” para organizar “los mejores Juegos Olímpicos del mundo” en Río de Janeiro.

“Brasil será capaz, conviviendo con un período difícil, crítico para su historia y la democracia”, de ser “el mejor anfitrión que los Juegos Olímpicos ya conocieron”, declaró .

Con la dinámica política en su contra y la popularidad por el piso , Dilma anticipó que luchará hasta el final. Pero el clima de fin de ciclo ya está instalado y los medios brasileños sostienen que la presidenta “ya ordenó vaciar las gavetas del Planalto”.

En el mismo momento en que muchos asesores del oficialismo encabezado por el Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) preparan sus currículums tras más de 13 años en el poder, los responsables de los Juegos sostienen que son inmunes a la descomunal crisis.

Desde el punto de vista de la preparación de los Juegos la crisis no afecta en nada porque realmente nuestra planificación y ejecución fueron muy buenas”, dijo el ministro de Deportes, Ricardo Leyser.

En el mundo antiguo, la llegada de la llama anunciaba una tregua para que los atletas pudieran trasladarse a Olimpia para la competencia, una referencia a la que Rousseff apeló para convocar a un tiempo de concordia.

Pero en tanto el proceso de destitución avanza a todo vapor, Dilma continúa buscando opciones para evitar su catástrofe. La estrategia de Rousseff estudia renunciar y pedir al Congreso una enmienda constitucional para celebrar nuevas elecciones en octubre, una iniciativa apoyada por la mayoría de los brasileños.

La opción parece fuera de proporción para la debilidad actual del gobierno, derrotado en forma aplastante el mes pasado en la cámara de diputados cuando se votó el pedido de impeachment. Pero podría presionar a Temer y sus aliados, que quieren instalarse en la presidencia.

Bajo la sombra del

juicio político

Está previsto que la semana próxima el Senado apruebe el inicio del juicio político de Rousseff, quien automáticamente será obligada a licenciarse del cargo por hasta seis meses.

Dilma deberá esperar la sentencia final en la residencia presidencial, el Palacio de la Alvorada, por hasta 180 días, cobrando la mitad de su salario.


Con gritos de “No al Golpe” en el Palacio del Planalto, la presidenta Dilma Rousseff recibió ayer la llama olímpica en Brasilia y, si se confirman las previsiones, sería suspendida la próxima semana por 6 meses en el cargo por el juicio político que se le sigue en el Congreso, con lo cual los Juegos de Río serían inaugurados por el vicepresidente opositor, Michel Temer.

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