Calculadora para los precios

La inflación argentina se ubica entre las cinco más altas del mundo.

Por Redacción

La semana económica

Aún con el inverosímil aumento de 23,9% registrado por el Indec en el 2014, la inflación argentina se ubica entre las cinco más altas del mundo, en medio de una fenomenal distorsión de precios relativos. Pero no sólo eso: ahora resulta cada vez más difícil determinar el precio de algunos productos o servicios privados, ya que la caída del consumo ha obligado a las empresas a extremar la imaginación para no perder clientes, por lo cual cada oferta implica valores diferentes. De ahí que sea aconsejable tener siempre una calculadora a mano. Por caso, un smartphone de primera marca y gama media puede costar unos $ 2.400 para el usuario de una compañía de telefonía celular que necesite renovar su antiguo equipo y algo más ($ 2.700) en grandes cadenas de electrodomésticos que venden teléfonos “liberados” para utilizar con cualquier empresa. Pero el precio del mismo equipo puede reducirse a casi la mitad ($1.300), si el usuario decide pasarse de una compañía a otra como nuevo cliente y aún menos ($890 más IVA) si es responsable inscripto y contrata un abono fijo por no menos de un año, que incluso puede ser bonificado. Ésta es la forma que utilizan las empresas de telefonía móvil para atraer nuevos clientes aprovechando el sistema de “portabilidad numérica”, una resolución de la Secretaría de Comunicaciones que permite a los usuarios mantener el mismo número de celular aun cambiando de compañía. De todas maneras, esta modalidad comercial de “robarse” clientes implica un juego de suma cero, ya que el usuario que se cambia de compañía deja la que ya tenía. Para contrarrestar este efecto, algunas empresas han optado por otra oferta consistente en vender dos equipos al precio de uno (50% de descuento total) para incorporar a nuevos usuarios. La incógnita, en todos los casos, es cuál es el verdadero precio del teléfono móvil, más allá de que las tarifas acaban de sufrir un nuevo aumento (de 11% a 20%) en este verano. Algo similar ocurre con los servicios de internet y de televisión por cable. Ya es bastante habitual que si un cliente decide dar de baja el servicio por considerar cara la tarifa, suele recibir en el acto una contraoferta con bonificaciones de hasta 50% (en plazos de 6 hasta 12 meses) si cambia de opinión. Demás está decir que muchos usuarios transformaron esa ventaja en una rutina: cuando vence la promoción, piden la baja para recibir otra. La “fidelización” de clientes, como puede advertirse, tiene su precio, aunque también resulte un misterio determinar el verdadero precio del servicio. Más complicado, en cambio, es calcular las tarifas aéreas, tanto en vuelos de cabotaje como internacionales. Aquí los valores cambian constantemente según el grado de ocupación de cada vuelo y, por lo tanto, puede haber diferencias muy significativas (de 100% ó 200%) entre los que pagaron los distintos pasajeros de un mismo avión. Por cierto, el beneficio será mayor cuando los tickets se compren con la mayor anticipación posible. Últimamente, debido a la caída en la venta de pasajes al exterior, también son frecuentes las ofertas con rebajas, a pagar en cuotas en pesos sin interés (al tipo de cambio “turista” de $ 11,64 por dólar) con tarjeta de crédito. Quizás lo más llamativo de estas modalidades es que, a diferencia de lo que ocurre en el mercado cambiario, el precio “paralelo” que surge de las ofertas y promociones resulta más bajo que el “oficial” publicado, a efectos de retener o captar clientes y no perder facturación. El caso inverso se registra en los repuestos e insumos importados, donde cuesta encontrar precios similares. A raíz de las trabas a la importación, los proveedores que disponen de stocks suelen ajustarlos no sólo al dólar paralelo (pese a que los importan al oficial de $ 8,62) sino incluso bien por encima, según las urgencias de sus clientes. Como es obvio, la remarcación es más alta cuanto más dificultades haya para ingresar la mercadería importada. Para incentivar la demanda de productos de fabricación nacional y bajo contenido de insumos importados (línea blanca, ropa, calzado, muebles, etc.), el gobierno lanzó el plan “Ahora 12”, que en principio rige hasta el 31 de marzo, pero seguramente será extendido hasta fin de año. Aquí el anzuelo es la posibilidad de “ganarle” a la inflación mediante la compra subsidiada con tarjeta de crédito en 12 cuotas fijas sin interés (en la medida en que suban los ingresos del comprador). Sin embargo, hay sospechas de que algunos comercios remarcan preventivamente los precios para cubrirse de eventuales subas de costos. Este plan se aplica únicamente para las compras que se realizan de jueves a domingo. En los productos de consumo masivo, a su vez, las grandes cadenas de supermercados han transformado en hábito las ofertas y promociones de fin de semana, basadas en descuentos por volúmenes o la entrega de cupones con rebajas para futuras compras. Esta combinación torna virtualmente imposible determinar el precio final de cada producto, ya que varía según el día de la semana y la cantidad que se compre. Si la oferta es de 3 unidades al precio de 2 (3×2), la rebaja con respecto al que figura en la góndola es de 33%. Pero si se trata de 4×3, se reduce al 25% por unidad. Otras variantes suelen ser los descuentos en la segunda unidad del mismo producto, que reducen el precio final de ambos en 25% (si la rebaja es de 50%) y en 35% (si fuera de 70%). Aunque no alcanza a todo el país ni a todos los supermercados, el plan de Precios Cuidados que tanto promociona el gobierno de Cristina Kirchner, tiene la ventaja de mantener fijos en cada trimestre los valores de una canasta integrada por casi 500 productos de primera necesidad. Si consigue esos artículos, el consumidor tiene la ventaja de evitar la remarcación (en centavos o pesos) que cada mes se produce en los restantes, más allá de las ofertas puntuales. De hecho, al cabo del 2014 la canasta de precios cuidados tuvo un aumento promedio acumulado de 16,2%, o sea la mitad del que registró el rubro alimentos y bebidas según estimaciones privadas. Sin embargo, como la demanda se orienta hacia los productos más baratos, si los consumidores no los encuentran y deben comprar sustitutos a precios “descuidados”, pagan diferencias de 30% a 100% en productos similares. No obstante, este encarecimiento no es captado por el Indec, que otorga mayor peso en el nuevo índice nacional a los precios “oficiales”, aunque no estén disponibles. Esta distorsión oscurece no sólo el índice nacional de precios (IPCNu). Con la injustificada excusa del cambio de este indicador, el Indec también dejó de difundir hace un año las mediciones de indigencia y de pobreza. Según un cálculo publicado por el periodista y economista Marcelo Zlotogwiazda en el diario “El Cronista Comercial”, considerando sólo los “precios cuidados”, el costo de la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que mide la indigencia, alcanza a $ 2.689,10 mensuales para una familia tipo, en tanto que la Canasta Básica Total (CBT), que mide la pobreza, asciende a $6.104,26. Estos valores triplican los últimos publicados por el Indec a fin del 2013, aún si se los ajusta por la poco creíble inflación de 23,9% registrada en el 2014.

Néstor O. Scibona