Envenenar las relaciones, no
*por Víctor Corcoba Herrero, corcoba@telefonica.net
Estamos hambrientos de quietud, confundidos a más no poder, mientras caminamos ansiosos en busca de seguridad, injertando en el cuerpo un sinfín de ansiedades que nos están dejando sin aliento.
Deberíamos enterrar las armas del odio y proclamar la plegaria del entendimiento. Hay que desarmarse y armarse de comprensión para la comunión de pulsos. Esto es lo que urge: conciliar vocablos, reconciliar actitudes y hermanar posiciones de unión y unidad entre sí. Por desgracia, nuestro endiosado mundo todo lo corrompe y pervierte, hasta las mismas relaciones se envenenan para impedir cualquier posible diálogo; con lo fácil que sería poner las entretelas a reencontrarse, para ganar confianza entre análogos y verter un espíritu solidario, que teja justicia y enhebre luz para disipar el aluvión de tinieblas que nos acorralan por doquier. Esto lo que nos muestra, es que aún no hemos aprendido a convivir; en parte, porque somos incapaces de educar para la convivencia, lo que nos exige una mayor conciencia de la justicia y cultivar mejor la honesta igualdad de oportunidades.