Familia Conticello Riccobon, dueños de una posada con mucha historia

Por Beatriz Chávez


Siempre nombrada, siempre rememorada , la posada de Mangiarotti era el lugar en el que los viajeros o migrantes se detenían a almorzar o descansar.


NEUQUEN

La Posada de Mangiarotti, ubicada a la vera de lo que hoy es la ruta 22, era emblema de los visitantes de estas tierras.

En las evocaciones históricas de este terruño hoy homenajeamos a esta familia, de la que proviene nuestra compañera de promoción Amelia Mercedes Cachi Conticello.

Don José Mangiarotti y Luisa de Mangiarotti habían nacido en el norte de Italia: vinieron casados desde su terruño natal. Tuvieron siete hijos, de los que seis fallecieron tempranamente: solo se salvó de la difteria, mal que azotaba por ese entonces, Luis Pedro. Habían llegado a fines del siglo XIX y establecieron una fonda en la que daban de comer a los obreros que construían el puente ferroviario.

Todo esto sucedía antes del traslado de la capital, desde Chos Malal a la Confluencia.

Tuvieron una casa de comida en lo que después fue la salida del camino a Cipolletti. Siempre nombrada, siempre rememorada en la historia neuquina, la Posada de Mangiarotti era el lugar en el que los viajeros o migrantes se detenían a almorzar o descansar.

Cuando la abuela Luisa enviudó, abrió una pensión en la calle Brown. Don Ángel Edelman, en su historia pionera, relata acerca de esta fonda tan importante en aquellos inicios de la región.

Luis Pedro Mangiarotti, abuelo de Cachi, se casó con Tránsito Soto y tuvieron dos hijas: Luisa, que se casó con Víctor Conticello, y Amelia, que se casó con Manganaro.

Don Víctor, abuelo paterno de Cachi, siciliano, había venido como polizón en un barco a la Argentina, se casó con Mercedes San Cristóbal, nacida en un pueblo de la provincia de Buenos Aires. Don Víctor tenía transporte de lana a Bahía Blanca. Tuvieron seis hijos: su hijo Víctor, nacido en Río Colorado, vino a Neuquén para cumplir con el servicio militar.

Los Mangiarotti tenían su chacra en lo que es hoy zona Confluencia, cercano al batallón de la calle Richieri. Aprovechando la ubicación, tenían un quiosco. Víctor compraba y allí conoció a Luisa.

Se casaron y tuvieron cuatro hijas: Luisa Ascensión, Lucy; Amelia Mercedes Cachi; Graciela Beatriz, y Silvia Inés, que falleció a los diez años. En la foto que acompaña el escrito vemos al matrimonio Conticello con sus cuatro hijas.

Don Víctor tenía un taller y salón de repuestos de frenos y embragues sobre calle Brown “Casa Conticello”; sobre la Diagonal Alvear estaba la casa de familia.

Cachi se casó en 1969 con Orlando Riccobon, también descendiente de italianos, y tuvieron cuatro varones: Víctor, Luis Pedro, Ernesto Rubén, Orlando Guillermo, que les dieron varios nietos. Ejerció como maestra hasta que nació su primer hijo, en 1973.

Orlando Riccobon, por su parte, es hijo de Ottorino Riccobon y de Giustina Zanvettor, ambos de Beruno, Italia.

Ottorino vino buscando nuevos horizontes y se afincó en Neuquén en el lejano 1926. Formó su familia con Giustina, que era vecina y novia, se casaron y tuvieron a su primera hija, Melania, que ya tenía un año al llegar a Neuquén.

Luego nacieron Cesarina, Emilia, Omar y Orlando. (Cesarina y Omar fallecieron muy jóvenes). Se asentaron en esta capital y vivieron en la calle Mitre.

La familia Riccobon, emparentada con la familia Paglialunga, tienen sus descendientes que continúan trabajando en la ciudad neuquina.

Amelia Mercedes, Cachi, es nuestra compañera de la Promoción 1968 de las Maestras Normales Nacionales de la Escuela General San Martín.

Historias de pioneros asentados a finales del Siglo XIX y que aún perduran en la memoria colectiva de los antiguos pobladores; sus descendientes mantienen vivos los recuerdos, y en este caso fortalecido por el afecto que profesamos por una de sus integrantes, Cachi.