Iupa: aulas, no trincheras
Javier Genoud
DNI 17.506.130
GENERAL ROCA
La noticia informa que, tras una nueva audiencia, las partes volverán a reunirse dentro de algunos días. Otra reunión. Otra instancia. Otro capítulo de una historia que parece no terminar nunca. Pero la verdadera vergüenza del IUPA no es una audiencia más ni una reunión más. La verdadera vergüenza es que una institución creada para formar artistas, producir cultura y brindar oportunidades educativas lleve años atrapada en una disputa de poder interminable.
Entre denuncias, impugnaciones, judicialización, tomas, paros, movilizaciones, declaraciones cruzadas y enfrentamientos políticos, los únicos que siguen perdiendo son quienes deberían ser la prioridad absoluta: los estudiantes. También pierde la comunidad que sostiene económicamente a la institución y que observa, con creciente desconcierto, cómo el conflicto parece haberse convertido en un fin en sí mismo. Hay un aspecto que rara vez se menciona.
Mientras dirigentes, funcionarios, gremios y sectores enfrentados prolongan esta disputa, todos los salarios continúan siendo abonados por el Estado. Es decir, por los ciudadanos que trabajan, producen, emprenden y pagan impuestos. Cada cargo en discusión, cada audiencia, cada expediente, cada estructura involucrada y cada día de conflicto se financian con recursos públicos. Por eso la sociedad tiene derecho a exigir algo más que comunicados, asambleas o nuevas mesas de diálogo. Tiene derecho a exigir transparencia, responsabilidad y una solución definitiva.
Porque una institución educativa no puede vivir en campaña permanente. No puede funcionar en estado de asamblea permanente. No puede quedar atrapada indefinidamente en conflictos permanentes. Si existieron irregularidades, deben demostrarse, corregirse y sancionarse. Si no existieron, corresponde aceptar los resultados y permitir que la institución avance. Lo que no resulta aceptable es que el proceso se prolongue indefinidamente mientras el deterioro institucional se profundiza.
La salida no parece ser más política interviniendo para administrar conflictos eternos ni estructuras sindicales que, en muchos casos, llevan décadas ocupando espacios de representación sin renovación significativa. La salida debería ser una auditoría externa e independiente, plazos concretos para resolver las impugnaciones pendientes y el compromiso de todas las partes de respetar el resultado final.
Porque el IUPA no pertenece a ningún sector político, sindical o corporativo. Pertenece a los estudiantes, a los docentes que cumplen su tarea diariamente y a la sociedad que lo financia. Mientras algunos siguen discutiendo quién tiene el poder, los estudiantes siguen esperando.
La institución sigue deteriorándose. Y los contribuyentes siguen pagando una pelea que parece no tener final. Menos aparato. Menos internas. Menos militancia permanente. Más aulas funcionando. Más arte. Más educación. Y mucho más respeto por quienes sostienen todo el sistema con el fruto de su trabajo
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