CELINA CARBAJAL, la roquense que va al festival de Venecia

Arquitecta y actriz, es la protagonista del corto “Blanco”, que participará de la sección Horizonte en la Mostra.

Redacción

Por Redacción

Nacida en Roca, Celina Carbajal protagoniza el corto “Blanco”, elegido para participar de la sección Horizontes del 70º Festival Internacional de Cine de Venecia, que comienza el 28 de agosto. Celina tiene treinta y cuatro años y desde los diecisiete vive en Buenos Aires, donde se graduó primero de arquitecta y despuntó el camino de la actuación. Se formó con Alejandro Catalán, Ricardo Bartís, Lorenzo Quinteros, Ana Nayla Pose en técnica gestual, Miguel Forza de Paul en técnicas de improvisación, y Guillermo Angelelli en entrenamiento físico y vocal. Si pasó días entre maquetas y preparativos de presentaciones para arquitectura, e incluso fue docente durante ocho años en la UBA; los días actuales son íntegramente dedicados a completarse como actriz: participa del taller de actuación en cámara dictado por Antonella Costa y actúa en la obra “Un novio para mis domingos”, dirigida por Claudio Mattos; toma clases de canto con Victoria Zotalis; de yoga método Iyengar, de flamenco con Eleonora Pereyra; de danza contemporánea con Paula Robledo; de voz y movimiento, improvisación más técnica, con Valeria Pagola. En televisión, participó en la miniserie italiana “Tutti i padri di Maria”, dirigida por Luca Manfredi; y en el unitario “La decisión equivocada”, producción de Televisión Abierta con dirección de Mariano Cohn y Gastón Duprat. Actuó en el largometraje “Fermín”, codirigido por Hernán Findling y Oliver Kolker, junto a Héctor Alterio, Luciano Cáceres, Gastón Pauls y Antonella Costa; y de “Las tres gracias”, de Juan León Abuaf. En teatro hizo “Yurumi- especies en extinción” dirigida por Eduardo Pérez Winter, en el Teatro Noavestruz; “Kafka, negro de tan preciso”, dirección Julián Stella; e integrando el elenco “Unas” . Pero por estos días, busca desesperadamente un lugar para hospedarse en Venecia, adonde viajará con el corto que protagoniza. “El corto está realizado desde una mirada muy recortada, con mucha elección de los cuadros, contado bien desde los detalles y los primeros planos, con situaciones de encuadre muy precisas… De ese modo, el director (Ignacio Gatica) está todo el tiempo dando pautas o pistas, pero nunca tira el relato, la carne al asador, directamente.” Así, comienza Celina a definir “Blanco”. “Mi personaje se levanta una mañana bastante particular. No se entiende por qué de esa manera, y la relación –entre ingenua y sexual- con su hermano (Nicolás Bellati) transcurre en un espacio atemporal, en un lugar rural indeterminado.” –Con esta forma de contármelo, me vas abriendo interrogantes. –Eso hace, todo el tiempo. Cuando recibí el libro, propuse un montón de preguntas. Desde el proceso, Nacho, nos pasó el guión sobre el cuento homónimo de Griselda García y los interrogantes surgieron porque las sensaciones del personaje no son claras y mi actuación no tenía que develar concretamente lo que pasa. Por eso, es tan difícil de explicar. Parecería que tienen a alguien encerrado atrás de la casa, pero eso está esbozado. Y ese alguien podría ser su padre o no. Todo el tiempo, yo como actriz, no tenía por qué saber qué estaba realmente ocurriendo. Muy complejo… Se trabajó mucho desde lo indeterminado, los cuadros determinan algo. Mi personaje se levanta a la mañana con un extrañamiento, se encuentra con el hermano, todo parece cotidiano. Pero la sensación es que no, está corrido de lugar. –Mientras describías, pensaba en películas tan explícitas que terminan siendo previsibles. Este sería un corto relacionado con lo implícito, con la sugerencia. –Tal cual. Y también tiene una carga de emoción por lo que les va sucediendo a los dos personajes, hermanos, a medida que va transcurriendo el tiempo. Mi rol no es una víctima, no es un blanco, pero sugiere que sí. Parece una mujer perdida en el universo, sola, que tiene una relación medio incestuosa con su hermano, ambigua. Pero, también es una elección suya y lo blanco no es tan blanco. Lo que aparece ingenuo, no lo es tanto. –Una vez terminado el corto, lo viste. ¿Qué cambió entre tu lectura inicial del cuento, del guión luego, y el resultado final? –Yo sabía que la mirada de Ignacio, nos lo había contado así, iba a estar sobre los recortes. Y cuando lo vi, había cosas que no estaban y otras que me sorprendieron porque captó y dio relevancia a algo que en el momento del rodaje se me escapó. –Imagino un juego de cortejo y seducción entre la cámara y vos, como el de la película “Blow-up” (Michelangelo Antonioni, 66). –Sí, es buenísima! Hay mucho de eso… Totalmente. Rumbo a la Mostra “Últimamente estoy desmitificando mucho el lugar del que mira, y qué mira”, plantea Celina. “Cuando me dijeron que el corto iba al festival, pensé por qué no? Propone un montón de planos abiertos… Lo vi un par de veces y hace unos días volví a verlo. Yo me castigo mucho cuando miro mis trabajos, más allá de que sé que soy buena haciendo esto… Me critico bastante. Hay momentos de mi actuación que no me los perdono, pero encontré otras cosas. Recorrí otro corto, otro material. Es más, en un momento, lo escuché nada más. Fue genial porque se abrió más todavía. El sonido es muy potente, acompaña perfectamente las imágenes y también sugiere. Es una historia concreta y dentro tiene fantasía, un plano mental y alguien jugando con el deseo, sí.” “Lo de Venecia lo confirmaron hace pocos días y estamos muy ocupados con todo lo que se requiere para viajar. Todavía no nos sentamos a pensarlo… No paramos o no terminamos de caer, todavía. El laburo fue bien concreto, más allá de que el relato sea muy abierto, implota más que explota, sabiendo qué hacer y que teníamos un tiempo limitado para filmar, en un día lo rodamos en la casa de un artista plástico (Cristian Brosa) en Quilmes. A Ignacio lo conocía de la UBA porque los dos éramos docentes, él en Imagen y Sonido y yo en Arquitectura. Juntos dábamos Proyectual del CBC. –Te recibiste de arquitecta. –Sí, (sonríe). Pero no estoy ejerciendo, afortunadamente (ahora Celina ríe). Fue una victoria muy importante para mí, actuar. Vivir de lo que uno quiere es valioso y difícil. Tengo idas y vueltas. Pero está bueno el desarrollo. Arquitectura, más allá de la creatividad, de la imaginación que se pueda tener, requiere, utiliza mucho la razón. Y el proceso que estoy haciendo hace tiempo, es ir en contra de eso, más cerca de la pasión. Con ella todo cobra sentido para mí y no tengo que empujar las cosas, sino que aparecen.

Entrevista con la arquitecta que decidió dedicarse tiempo completo al cine, el teatro y la tevé.

Eduardo Rouillet


Nacida en Roca, Celina Carbajal protagoniza el corto “Blanco”, elegido para participar de la sección Horizontes del 70º Festival Internacional de Cine de Venecia, que comienza el 28 de agosto. Celina tiene treinta y cuatro años y desde los diecisiete vive en Buenos Aires, donde se graduó primero de arquitecta y despuntó el camino de la actuación. Se formó con Alejandro Catalán, Ricardo Bartís, Lorenzo Quinteros, Ana Nayla Pose en técnica gestual, Miguel Forza de Paul en técnicas de improvisación, y Guillermo Angelelli en entrenamiento físico y vocal. Si pasó días entre maquetas y preparativos de presentaciones para arquitectura, e incluso fue docente durante ocho años en la UBA; los días actuales son íntegramente dedicados a completarse como actriz: participa del taller de actuación en cámara dictado por Antonella Costa y actúa en la obra “Un novio para mis domingos”, dirigida por Claudio Mattos; toma clases de canto con Victoria Zotalis; de yoga método Iyengar, de flamenco con Eleonora Pereyra; de danza contemporánea con Paula Robledo; de voz y movimiento, improvisación más técnica, con Valeria Pagola. En televisión, participó en la miniserie italiana “Tutti i padri di Maria”, dirigida por Luca Manfredi; y en el unitario “La decisión equivocada”, producción de Televisión Abierta con dirección de Mariano Cohn y Gastón Duprat. Actuó en el largometraje “Fermín”, codirigido por Hernán Findling y Oliver Kolker, junto a Héctor Alterio, Luciano Cáceres, Gastón Pauls y Antonella Costa; y de “Las tres gracias”, de Juan León Abuaf. En teatro hizo “Yurumi- especies en extinción” dirigida por Eduardo Pérez Winter, en el Teatro Noavestruz; “Kafka, negro de tan preciso”, dirección Julián Stella; e integrando el elenco “Unas” . Pero por estos días, busca desesperadamente un lugar para hospedarse en Venecia, adonde viajará con el corto que protagoniza. “El corto está realizado desde una mirada muy recortada, con mucha elección de los cuadros, contado bien desde los detalles y los primeros planos, con situaciones de encuadre muy precisas… De ese modo, el director (Ignacio Gatica) está todo el tiempo dando pautas o pistas, pero nunca tira el relato, la carne al asador, directamente.” Así, comienza Celina a definir “Blanco”. “Mi personaje se levanta una mañana bastante particular. No se entiende por qué de esa manera, y la relación –entre ingenua y sexual- con su hermano (Nicolás Bellati) transcurre en un espacio atemporal, en un lugar rural indeterminado.” –Con esta forma de contármelo, me vas abriendo interrogantes. –Eso hace, todo el tiempo. Cuando recibí el libro, propuse un montón de preguntas. Desde el proceso, Nacho, nos pasó el guión sobre el cuento homónimo de Griselda García y los interrogantes surgieron porque las sensaciones del personaje no son claras y mi actuación no tenía que develar concretamente lo que pasa. Por eso, es tan difícil de explicar. Parecería que tienen a alguien encerrado atrás de la casa, pero eso está esbozado. Y ese alguien podría ser su padre o no. Todo el tiempo, yo como actriz, no tenía por qué saber qué estaba realmente ocurriendo. Muy complejo… Se trabajó mucho desde lo indeterminado, los cuadros determinan algo. Mi personaje se levanta a la mañana con un extrañamiento, se encuentra con el hermano, todo parece cotidiano. Pero la sensación es que no, está corrido de lugar. –Mientras describías, pensaba en películas tan explícitas que terminan siendo previsibles. Este sería un corto relacionado con lo implícito, con la sugerencia. –Tal cual. Y también tiene una carga de emoción por lo que les va sucediendo a los dos personajes, hermanos, a medida que va transcurriendo el tiempo. Mi rol no es una víctima, no es un blanco, pero sugiere que sí. Parece una mujer perdida en el universo, sola, que tiene una relación medio incestuosa con su hermano, ambigua. Pero, también es una elección suya y lo blanco no es tan blanco. Lo que aparece ingenuo, no lo es tanto. –Una vez terminado el corto, lo viste. ¿Qué cambió entre tu lectura inicial del cuento, del guión luego, y el resultado final? –Yo sabía que la mirada de Ignacio, nos lo había contado así, iba a estar sobre los recortes. Y cuando lo vi, había cosas que no estaban y otras que me sorprendieron porque captó y dio relevancia a algo que en el momento del rodaje se me escapó. –Imagino un juego de cortejo y seducción entre la cámara y vos, como el de la película “Blow-up” (Michelangelo Antonioni, 66). –Sí, es buenísima! Hay mucho de eso… Totalmente. Rumbo a la Mostra “Últimamente estoy desmitificando mucho el lugar del que mira, y qué mira”, plantea Celina. “Cuando me dijeron que el corto iba al festival, pensé por qué no? Propone un montón de planos abiertos… Lo vi un par de veces y hace unos días volví a verlo. Yo me castigo mucho cuando miro mis trabajos, más allá de que sé que soy buena haciendo esto… Me critico bastante. Hay momentos de mi actuación que no me los perdono, pero encontré otras cosas. Recorrí otro corto, otro material. Es más, en un momento, lo escuché nada más. Fue genial porque se abrió más todavía. El sonido es muy potente, acompaña perfectamente las imágenes y también sugiere. Es una historia concreta y dentro tiene fantasía, un plano mental y alguien jugando con el deseo, sí.” “Lo de Venecia lo confirmaron hace pocos días y estamos muy ocupados con todo lo que se requiere para viajar. Todavía no nos sentamos a pensarlo… No paramos o no terminamos de caer, todavía. El laburo fue bien concreto, más allá de que el relato sea muy abierto, implota más que explota, sabiendo qué hacer y que teníamos un tiempo limitado para filmar, en un día lo rodamos en la casa de un artista plástico (Cristian Brosa) en Quilmes. A Ignacio lo conocía de la UBA porque los dos éramos docentes, él en Imagen y Sonido y yo en Arquitectura. Juntos dábamos Proyectual del CBC. –Te recibiste de arquitecta. –Sí, (sonríe). Pero no estoy ejerciendo, afortunadamente (ahora Celina ríe). Fue una victoria muy importante para mí, actuar. Vivir de lo que uno quiere es valioso y difícil. Tengo idas y vueltas. Pero está bueno el desarrollo. Arquitectura, más allá de la creatividad, de la imaginación que se pueda tener, requiere, utiliza mucho la razón. Y el proceso que estoy haciendo hace tiempo, es ir en contra de eso, más cerca de la pasión. Con ella todo cobra sentido para mí y no tengo que empujar las cosas, sino que aparecen.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora