Cien días que transformaron la cara política de Ecuador

El presidente no duda en cuestionar la política económica del anterior gobierno y se muestra firme ante los casos de corrupción.

Redacción

Por Redacción

Nadie imaginó que los principales protagonistas de la escena política ecuatoriana cambiarían tanto en los primeros 100 días de Lenín Moreno en el poder. Empezando por el propio Moreno, pieza clave y fiel aliado de su antecesor, el carismático y temperamental Rafael Correa (2007-2017), de quien fue vicepresidente.

Durante la campaña, muchos suponían que como presidente sería una marioneta y que Correa seguiría gobernando en la sombra. Pero tras llegar al poder el pasado 24 de mayo con una ajustada victoria, consecuencia del desgaste del correísmo por la delicada situación económica y las crecientes denuncias de corrupción, Moreno mostró rápidamente sus cartas, su rebeldía.

Se enzarzó en una ácida disputa con el todopoderoso Correa después de que éste criticara sus reuniones con la archienemiga oposición, y se dedicó a cuestionar al anterior gobierno: el manejo económico, la política petrolera o el disparado gasto público durante la bonanza petrolera. Su ruptura con el vicepresidente Jorge Glas, sospechoso de corrupción y aliado de Correa, fue para el exmandatario como una declaración de guerra.

“Moreno se dio cuenta de que la economía y la corrupción son los temas que más preocupan a los ecuatorianos y optó por desmarcarse de Correa para poder ganar legitimidad”, explica el politólogo Paolo Moncagatta, de la privada Universidad San Francisco de Quito.

Desde Bruselas, donde vive con su familia, Correa ha pasado de ser el presidente que modernizó un país con fama de inestable e ingobernable a ejercer de principal líder de la oposición. Por Twitter o con su nuevo programa digital, el mediático exmandatario parece en campaña permanente contra Moreno, al que acusa de aliarse con la oposición y de traicionar los principios socialistas del gobierno de la “revolución ciudadana”.

“Un líder caudillista como Correa no va a permitir que haya una sombra sobre la imagen de su gobierno, según él, el mejor de la historia. Hay una guerra a muerte, uno de los dos, Moreno o Correa, tiene que o retirarse o ser vencido”, opina Simón Pachano, politólogo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

La disputa entre ambos ha dejado una grave división en el movimiento oficialista Alianza País
–mayoría en la Asamblea Nacional– que podría dificultar la gobernabilidad del país. El lunes, Moreno aseguró que convocará una consulta popular si pone en riesgo la institucionalidad del país, en un enigmático mensaje interpretado como una advertencia ante una eventual vuelta de Correa en las próximas elecciones.

El vicepresidente Jorge Glas encarna al personaje caído en desgracia. La llegada de Moreno y la lucha de poder con Correa ha supuesto para él un calvario: el mandatario le despojó de sus funciones de vicepresidente, en represalia por sus críticas, y le advirtió que “el dedo apunta” cada vez más hacia él.

Esta semana, Glas quedó vinculado a una investigación penal por el caso Odebrecht, con prohibición de salida del país.

La tradicional oposición a Correa, formada sobre todo por partidos de derecha y sectores de clase media y alta, ha quedado fuera de foco con Moreno.

Datos

La tradicional oposición a Correa, formada sobre todo por partidos de derecha y sectores de clase media y alta, ha quedado fuera de foco con Moreno.


Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora