Cuál es la especie de dinosaurio que conservó pistas sobre la relación entre animales y plantas
Su población vivió durante el Jurásico Medio, hace aproximadamente 170 millones de años, en el territorio que hoy corresponde a la provincia del Neuquén. Por qué su nombre homenajea a una mujer
El dinosaurio hallado en la Formación Los Molles tenía en su cavidad torácica dos tipos de semillas fósiles. (Foto: gentileza)
En la Formación Los Molles, en Neuquén, un fósil excepcional permitió asomarse a la alimentación prehistórica y a las conexiones ecológicas de un mundo desaparecido.
Hace unos 170 millones de años, un dinosaurio caminaba por lo que hoy es Neuquén. Cuando sus restos quedaron enterrados y se fosilizaron, conservaron una pista extraordinaria: en su cavidad intestinal había una acumulación de semillas.
El hallazgo permitió reconstruir algo más que parte de su alimentación: también aportó información sobre las relaciones entre animales y plantas en el pasado.
El protagonista es Isaberrysaura mollensis, un dinosaurio del Jurásico Medio descubierto en la Formación Los Molles. Sus restos fueron estudiados y publicados en la revista científica Scientific Reports.

“En su interior, encontramos dos tipos de semillas fósiles. Las más grandes correspondían a plantas del grupo de las cícadas, mientras que las más pequeñas no pudieron identificarse con precisión”, contó a Diario RÍO NEGRO el investigador en paleobotánica del Conicet y la Universidad Nacional de La Plata, Leandro Martínez.
La conservación de esas semillas aportó detalles importantes. Algunas mantenían restos de su cubierta externa carnosa y no mostraban señales de haber sido masticadas. Esa evidencia llevó a los investigadores a interpretar que habían sido ingeridas enteras.
¿Qué tiene de especial encontrar semillas dentro de un dinosaurio? Que permite explorar una posible relación entre la alimentación de los animales y la dispersión de las plantas. Cuando un animal ingiere semillas, puede transportarlas dentro de su aparato digestivo y depositarlas en otro sitio. Este mecanismo se conoce como endozoocoria.
Sin embargo, el fósil no demuestra que aquellas semillas hayan germinado después de atravesar el aparato digestivo. Lo que ofrece es una evidencia de que las semillas formaban parte de la interacción entre animales y plantas en aquel ecosistema.
El doctor Martínez lo resume con una idea que amplía el valor del hallazgo: “El registro fósil no sólo explica cómo nació la semilla, sino cómo transformó las redes ecológicas del pasado”.
En la Formación Los Molles, en Neuquén, un fósil excepcional permitió asomarse a la alimentación prehistórica y a las conexiones ecológicas de un mundo desaparecido.
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