De observar el cielo en Bariloche a encabezar la astronomía argentina

Se llama Mariana Orellana y es doctora en astronomía. La pasión por las supernovas la llevó lejos, pero siempre quiso volver a la Patagonia. Cofundó el primer laboratorio en su campo en la Universidad Nacional de Río Negro. Ahora defiende la investigación científica en tiempos de recortes y desafíos.

Orellana estudia las supernovas, que son explosiones que marcan el final de la vida de algunas estrellas/NASA

En Bariloche, mirar el cielo es casi una costumbre. Para Mariana Orellana, ese cielo fue una invitación temprana. Lo que empezó como un hábito de la infancia terminó llevándola a presidir la Asociación Argentina de Astronomía.

La curiosidad la sacó de la Patagonia. Después de la escuela secundaria se fue a vivir a La Plata. Allí estudió astronomía, pasó por distintos centros y laboratorios del país y en el exterior, pero nunca perdió la idea de volver al sur.

“Siempre estaba convencida de que iba a regresar a mi querida Bariloche”, recuerda en diálogo con Diario RIO NEGRO.

En 2013, ese regreso se hizo posible. Trasladó su cargo de investigadora del CONICET y encontró en la Universidad Nacional de Río Negro el lugar ideal para proyectar su trabajo. “El lugar de trabajo me lo proveyó la UNRN, en su Sede Andina”, aclara.

Con los años y junto a colegas, Orellana impulsó la creación en 2023 del Laboratorio de Investigación Científica en Astronomía (LICA). Hoy dirige el equipo y coordina las investigaciones, convencida de que la astronomía en la región necesitaba ese impulso.

Su interés por las supernovas surgió años después de obtener su doctorado. No fue una revelación repentina, sino una mezcla de contagio y oportunidad.

“Lo tomé contagiada del entusiasmo de la autora de un código que simula esas supernovas”, explica. Además, su paso por los grandes telescopios de Chile terminó de convencerla: el campo era amplio y las preguntas, infinitas.

Un enigma la fascina especialmente: “¿Cuál es el factor clave para que las supernovas brillen en longitudes de onda fuera del rango visual?”. Algunas explotan y emiten en rayos X o gamma, y no está claro por qué. Orellana también quiere entender mejor qué queda después del estallido.

“En algunos casos se piensa que es una estrella de neutrones altamente magnetizada, y que lo sea puede brindar energía extra a la explosión. Me resulta realmente muy interesante”, afirma.

En septiembre de 2023, fue elegida presidenta de la Asociación Argentina de Astronomía. El contexto no era sencillo. “Me preocupa, como al resto de los científicos de todas las áreas, el desfinanciamiento de nuestro sector y sus efectos sobre nuestra comunidad”, admite.

Ganó premio Varsavsky por su tesis doctoral en astronomı́a/

Uno de sus mayores desafíos es la fuga de jóvenes talentos. “Los astrónomos casi siempre nos formamos para hacer investigación. Muchos de los jóvenes se ven ahora desanimados de sumarse a un sistema que Argentina apenas sostiene, y al ser más valorados en el exterior, están tendiendo a irse lamentablemente”, cuenta.

Desde su rol, intenta acompañar actividades que mantengan vivo el ánimo y el sentido de pertenencia. En paralelo, defiende proyectos que considera clave para el futuro científico.

Así lo hizo en una carta publicada en la revista Nature, donde reclamó terminar el radiotelescopio CART en San Juan. Para la científica, el proyecto es fundamental: “Será la antena de su tipo más grande de Latinoamérica; y es una iniciativa de carácter exclusivamente científico y académico. Esto trasciende del momento actual”.

La Asociación Argentina de Astronomía apoyó el radiotelescopio por las oportunidades únicas que puede ofrecer. “Pensamos que es necesario garantizar la finalización de la antena y su inmediata puesta en funcionamiento”, afirma Orellana. Para ella, la ciencia es una apuesta a largo plazo, incluso cuando la coyuntura no ayuda.

Estuvo como visitante en el Instituto Kavli IPMU en Japón

El último latido de una estrella gigante


Las supernovas de colapso gravitacional son explosiones estelares que ocurren cuando una estrella masiva agota su combustible nuclear y su núcleo colapsa por la gravedad. Ese colapso provoca un rebote violento y la expulsión de las capas externas al espacio.

El fenómeno libera enormes cantidades de energía y puede dejar como remanente una estrella de neutrones o un agujero negro.

El año pasado, desde Bariloche, la doctora Mariana Orellana y colegas publicaron un estudio sobre la supernova llamada SN 2022jli. “Es una explosión de estrella que ocurrió en la galaxia NGC 157, a unos 23 megaparsecs de acá. Lo que resulta relativamente cerca de la Tierra”, aclara.

Para hacerlo, se usaron datos ya publicados, y “se investigaron los mecanismos que podrían explicar la forma en que fue variando el brillo de esa supernova, que presentó un caso realmente inusual”, señaló.

“Los resultados muestran que para explicar muchas de las características de SN 2022jli, se necesita de una combinación de fuentes de energía poco ortodoxa: la distribución del material radiactivo y la presencia de una estrella de neutrones altamente magnetizada”, detalla la científica. Publicaron el hallazgo en la revista Astronomy and Astrophysics.


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