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Ciudad pequeña, ¿mejor calidad de vida?

Un sondeo de la Fundación Colsecor a nivel nacional reveló que, aunque la pandemia empeoró la situación de la mayoría, la insatisfacción y tristeza es más profunda en grandes ciudades. Las razones podrían estar en la escala y los lazos comunitarios.

En 15-20 minutos estoy en cualquier lado de la ciudad”, “la elegí porque me parece un buen lugar para criar a mis hijos, acá todavía pueden jugar en la calle”, “siempre aparece algún conocido o amigo que te da una mano”. Estas frases, que podrían ser de un vecino de cualquier ciudad de Río Negro o Neuquén, muestran cómo la menor escala de ciudades medianas o pequeñas parecen mejorar la vida de las personas que viven allí, especialmente en estos casi dos años de pandemia. Una impresión que confirma la reciente encuesta de la Fundación Colsecor, que señala que, mientras más grandes son las ciudades del país, mayor ha sido la tristeza y la insatisfacción con su vida cotidiana en las personas que las habitan en este 2021 .

La reciente encuesta de Medición de Calidad de Vida encargada por la entidad que depende de Colsecor ( que agrupa a cooperativas y Pymes que prestan servicios de comunicación en 276 localidades del interior del país), fue realizada por segundo año consecutivo, en el mes de julio y consistió en 73 preguntas efectuadas a 1.567 personas de todo el país. Intervinieron en el diseño e implementación la socióloga Natalia Calcagno y el politólogo Mario Riorda.

Los cuatro ejes sobre los que se estructuró fueron: Bienestar personal, Satisfacción con la vida en su localidad, el tercero abordó temas variados como la migración, confianza social, el futuro, Estado y mercado, mientras que el cuarto indagó en la participación comunitaria.

Del estudio se desprende que este año el 67% de los encuestados manifiesta una satisfacción total o parcial con respecto a la calidad de vida en su localidad, frente a un 79% del 2020. El descenso es significativo y no tiene que ver con el lugar de residencia.

La socióloga Natalia Calcagno señala que “la encuesta fue realizada en julio de 2021, cuando se produjo lo peor de la pandemia en todo el país. En julio de 2020 el coronavirus todavía era más una amenaza que una realidad en buena parte del territorio. La segunda ola afectó muy duramente hasta el pueblo más chico de la Argentina. Bajaron todos los indicadores de satisfacción y bienestar” en el país.

Sin embargo, las diferencias comienzan cuando el estudio desagrega los resultados según el tamaño de las comunidades, según sean pequeñas (-10.000 habitantes), medianas (entre 10.000 y 35.000 habitantes), intermedias (entre 35.000 y 100.000 habitantes) y grandes (más de 100.000 habitantes) de nuestro país.

Allí se da que quienes viven en localidades pequeñas sienten menos tristeza e insatisfacción laboral y se muestran más conformes con sus ingresos que quienes habitan grandes urbes.

El nivel de tristeza en localidades pequeñas está en torno al 16% mientras que en las grandes ciudades llega al 30%. En los pueblos chicos la insatisfacción llega al 30% que es un valor muy alto, pero en las grandes ciudades trepa a un 71%.

A tal punto que un 54% de los habitantes de ciudades grandes de la zona metropolitanas (AMBA y zona Centro del país) manifestó que se iría a vivir a un pueblo del interior.

En cambio quienes viven en el Norte, Cuyo y Patagonia parecen más a gusto en sus ciudades y pueblos. Este año, el 52% de los participantes del estudio afirma que probablemente se iría al exterior, frente a un 46% del 2020.

“No es un proyecto de emigrar concreto, tiene que ver más con un deseo, que expresa insatisfacción, en el 2020 eso en los pueblos chicos era bajísimo, casi no existía y este año donde todo empeoró crece esta fantasía de una vida mejor en otro lado emigrando, de las ciudades chicas a las grandes y de las ciudades grandes a otro país”, señala la socióloga.

Un dato interesante es que el deseo de emigrar a una ciudad más grande también aumentó fuertemente en los pueblos de menos de 100.000 habitantes, del 30% en 2020 a casi el 50% en este 2021.

La principal causa pareciera estar en el descontento con los servicios de Salud y en la menor oferta cultural y educativa.

“Sin dudas la pandemia mostró lo importantes que es tener acceso a un sistema de salud completo, el miedo que se vivió en pueblos chicos donde casi no había camas de internación. También se ve en la oferta de educación superior, algo que también se evalúa peor en ciudades chicas, la falta de opciones para estudiar en el lugar” explica.

Razones del optimismo

Ante la pregunta “¿con qué frecuencia se siente optimista?” las ciudades de 10 mil a 35 mil habitantes concentraron a los más optimistas (73%), contra el 61% de las que tienen más de 100.000.

Para Calcagno, “las razones no están en los números, eso se interpreta. Pero es interesante por ejemplo que al valorar los servicios, en las ciudades grandes aparecen preocupaciones que no aparecen o inciden menos en las chicas como el problema del tránsito, el transporte, la inseguridad, el narcotráfico. Eso en los pueblos chicos la vida cotidiana pareciera tener menos preocupaciones y angustias. Se valora mejor la relación con el ambiente, el poder criar a los chicos con menos preocupaciones, que puedan jugar en la calles o la plaza sin problemas”.

La encuesta marca también una baja en la participación en instituciones y un aumento en el involucramiento en la política. Calcagno destaca que “ en las grandes ciudades la vida parece encerrarse más en lo individual, en cambio en las ciudades y pueblos más pequeños hay una vida más en comunidad, se ve en todos los indicadores de participación: en asociaciones vecinales, cooperativas, clubes, partidos políticos, gremios, asociaciones profesionales. En las ciudades chicas las problemáticas parecen resolverse en mayor medida en la interacción colectiva, mientras en las grandes ciudades es menor el vínculo con los vecinos y la comunidad”.

A nivel país, la valoración del Estado y el Mercado baja de 7 puntos a 6 este año. Por otro lado, la solidaridad se manifiesta como máximo valor. A pesar de estar viviendo un contexto pandémico, “el sentimiento de cooperativismo, solidaridad y bienestar colectivo se destaca por sobre la autonomía y las libertades personales”, señala el informe. En este sentido, “hay que valorar como el Estado puede influir y planificar alternativas viables e interesantes para retener alas poblaciones. La encuesta enseña que la escala chica es una alternativa interesante a la hora de pensar el desarrollo económico”, concluye la investigadora.

Las mujeres, más estresadas, cansadas y preocupadas

Un aspecto sobresaliente de la encuesta sobre calidad de vida en el país de Fundación Colsecor es que la pandemia parece haber impactado fuertemente sobre el ánimo de las mujeres, que este 2021 expresan con más fuerza sentimientos de estrés, tristeza, preocupación e intranquilidad.

Si se toma en cuenta el promedio del país, el 63% de los encuestados manifiesta felicidad total o parcial, el 64% percibe algún nivel de optimismo y el 25% expresa tristeza. En esta línea, el 53% exterioriza preocupación, el 47% siente algún grado de estrés y el 47% evidencia intranquilidad.

Pero si se desagregan los datos por género, se observa que el 60% de las mujeres manifiesta felicidad total o parcial frente al 68% de los hombres y que el 58% de las mujeres percibe algún grado de optimismo frente al 71% de los hombres.

Así, el estudio observa que el 52% de las consultadas manifiestan estrés (cifra que desciende al 43% en los hombres encuestados), el 31% de las mujeres expresa tristeza (19% de los hombres asegura sentirla), el 59% manifiesta preocupación (el porcentaje desciende al 47% en los hombres) y el 51% de las mujeres encuestadas siente intranquilidad (43% en los hombres).

Para la socióloga Calcagno este dato es uno de los más significativos de la encuesta. “En 2020 no había una diferencia marcada en los niveles de satisfacción personal por género y en esta sí, sobre todo el estado individual de ánimo. Las mujeres aparecen más angustiadas, más cansadas y estresadas. Ahí se puede aventurar que se debe a la mayor carga de las tareas del hogar que debieron sumir en este periodo, sumado a los chicos, más el encierro… probablemente haya provocado un peor estado anímico individual en ellas”, explica la investigadora.


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