Claves económicas para el año electoral

En un año electoral como el que acaba de comenzar, lo único que no podría permitirse el gobierno de Cristina Kirchner es arriesgarse a situaciones de crisis - ya sea por escasez de dólares o por un desborde de la inflación-, que reduzcan el poder político de un oficialismo aún sin candidato presidencial.

Redacción

Por Redacción

LA SEMANA ECONÓMICA

La consigna implícita es, entonces, “zafar” en esos dos campos minados hasta las elecciones del 27 de octubre. O, cuando menos, hasta las PASO del 9 de agosto que, según como se planteen las alianzas políticas, podrían convertirse en una virtual primera vuelta electoral. De ahí en más, las expectativas económicas se trasladarán a lo que haga o deje de hacer el futuro gobierno que surja de las urnas.

Esta estrategia gubernamental augura, mientras tanto, poca previsibilidad a la política económica de 2015, que probablemente haga camino al andar con parches y remiendos, marchas y contramarchas, como ocurrió a lo largo de 2014. Sobre todo, cuando los principales motores del crecimiento (consumo interno, inversiones privadas, creación de empleos y exportaciones) se encuentran averiados. Y el contexto externo se presenta más complicado debido a la baja de la soja (que restará más ingresos de divisas que los que se ahorrarán en importaciones de combustibles a menor precio); la devaluación del real brasileño y el estancamiento del país vecino, que estrena un equipo económico ortodoxo.

Por lo pronto la única certeza es que, pese a haber caducado la cláusula RUFO el 31 de diciembre último, el gobierno de CFK hará poco y nada para buscar algún tipo de arreglo con los holdouts y salir del default parcial de la deuda en moneda extranjera. O sea que la consigna “Patria o Buitres” seguirá vigente para eludir costos políticos, a expensas de mantener el racionamiento de divisas y, por ende, complicar la salida de la recesión a falta de financiamiento externo.

Una prueba es que el ministro de Economía ya reiteró que cualquier negociación consistirá en ofrecerles las mismas condiciones que a los bonistas que aceptaron los canjes de deuda. Se trata de una vía muerta, ya que el rechazo de esa propuesta provocó en 2012 el fallo adverso del juez Griesa, ratificado en las dos instancias judiciales superiores, que originó el actual default. De hecho, el Ministerio de Economía acaba de girar otros 539 millones de dólares por el último vencimiento del Discount, que no llegarán a las cuentas de los bonistas y, en cambio, siguen contabilizándose en las reservas del Banco Central. Este statu quo, sin embargo, no está exento de mayores riesgos: por caso, que otros holdouts obtengan nuevas sentencias de pago; o bien activen la cláusula de aceleración de los bonos, que aumentaría los montos en “cesación de cobros”.

Como contrapartida, la prioridad oficial fue en los últimos dos meses apuntalar las reservas del BCRA, que cerraron 2014 en 31.430 millones de dólares. Claro que ese monto surge de una “contabilidad creativa”, que incluye no sólo los pagos pendientes de la deuda (1400 millones) y de importaciones ya concretadas (unos 5000 millones), sino también los swaps de China y Francia (3000 millones), más la prefinanciación de cerealeras (1500 millones) hasta el ingreso de la cosecha gruesa.

De ahí en más se ingresa al terreno de las incógnitas. El gobierno de CFK volvió a prorrogar el magro blanqueo de dólares y prevé sumar inciertas inversiones petroleras al amparo de la nueva ley de Hidrocarburos pese a la caída del crudo, más nueva asistencia de China, tras la aprobación por ley del desigual tratado económico bilateral (financiamiento a cambio de compras directas sin licitación). Pero todo indica además que, tras el fracaso de diciembre, Kicillof intentará en 2015 un nuevo canje voluntario de Boden antes del vencimiento de octubre y/o colocar deuda en dólares (vía Boden 2024). La razón es que, por ahora, las reservas de libre disponibilidad apenas superan las obligaciones financieras de este año (casi 19.000 millones).

Un gran interrogante de la estrategia de “aguantar” hasta las elecciones es hasta qué punto se podrá mantener casi “planchado” el dólar oficial, después de que las exportaciones cayeron 12% en el último año, el superávit comercial (de unos 7000 millones) fue el más bajo desde 2003 y la perspectiva de 2015 se complica por la baja de la soja y los problemas brasileños. Para Kicillof es clave que el dólar se ajuste por debajo de la inflación, para contener expectativas de devaluación y también de un repunte inflacionario tras la desaceleración de los últimos meses. Para la economía real, ese escenario augura más problemas para exportadores y las empresas dependientes de insumos importados.

Otro gran interrogante aún sin respuesta es qué pauta de ajuste salarial convalidaría el gobierno de CFK en las próximas paritarias, tras su insistencia en que la inflación “oficial” cerró 2014 fue de un inverosímil 24%, más la dudosa previsión de Kicillof de reducirla a 15% este año. Todo hace suponer que el Gobierno no buscaría revertir la caída real de 7/10% en salarios y jubilaciones, que el año pasado provocó la primera caída del consumo interno en la era K. Esta hipótesis hace prever mayor conflictividad sindical, que el Gobierno buscaría contrarrestar con la anunciada reforma del Código Laboral (participación de los trabajadores en utilidades empresarias y freno de despidos). O bien con la eventual suba del mínimo no imponible de Ganancias cuando se acerquen las PASO.

Para evitar un mayor freno de la economía, Kicillof apostaría nuevamente a la poco efectiva receta de seguir subiendo el gasto público (creció nada menos que 44% en 2014) y empujando el consumo con créditos subsidiados (como el Plan Ahora 12) para reactivar a los sectores que no dependen demasiado de insumos importados. Otras medidas, como la exigua rebaja de 5% en los combustibles que rige desde el 1° de enero, apenas si tienen un valor simbólico. Pero de ninguna manera alejan el fantasma de la inflación, que buscará ser neutralizado con la inminente renovación de los “Precios Cuidados” y la amenaza de aplicar la nueva Ley de Abastecimiento en casos puntuales.

En el último reporte de FIEL, Daniel Artana, economista jefe de esa consultora, plantea 6 preguntas clave para 2015. Ellas son: 1) ¿Puede levantarse o relajarse el cepo cambiario?; 2) ¿Puede reducirse la inflación real al 15%?; 3) ¿Se arreglará la disputa con los fondos buitre en el primer trimestre?; 4) ¿Puede la economía crecer durante el nuevo año?; 5) ¿La reducción en el precio internacional del petróleo puede resolver los problemas de divisas y de la tasa de inflación? y 6) ¿El gobierno incumplirá con los pagos de deuda bajo ley argentina? En todos los casos le asigna respuestas negativas.

Otras dos tienen que ver con la herencia que recibirá el próximo gobierno. Aquí es cada vez más evidente que la corrección de los principales desequilibrios macroeconómicos (déficits fiscal y externo, alta inflación, atraso cambiario y tarifario, enormes subsidios estatales a la energía y el transporte, con la consecuente distorsión de precios relativos), más la salida del default y la recesión, quedarán como pesadas hipotecas a levantar a partir de 2016.

Néstor o. Scibona


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