Como la Línea 60…

Por Redacción

-Con rigor de fundamento, existe el convencimiento de que el próximo gobierno no tendrá mayoría parlamentaria. De suceder esto se estaría ante la posibilidad que el Parlamento vuelva a ser un espacio para trabajar ideas, forjar debates donde la argumentación garantice racionalidad en los posicionamientos, es decir, volver a la política como tal. Final para el Parlamento escribanía…

-¡Ah…eso sería…¡

-¿Qué?

-¡Extraordinariamente deseable¡…Implicaría un salto en la madurez muy grande, muy importante para la dirigencia política, para el funcionamiento del sistema. Porque, de hecho, a menos que exista un acuerdo preelectoral sobre varios ejes de políticas públicas, acuerdo que creo decisivo de lograr o uno poselectoral, habrá alguien que ganó. Pero de hecho habrá alguien que ganará. Sin embargo, son tantas las dificultades que lo maduro sería que el Parlamento sea el escenario de debates, de fundamentaciones. Sería la hora de la política bajo mucha responsabilidad…mucha.

– Sin embargo, si uno lleva la mirada a los sistemas políticos más eficientes, responsables, encuentra que…

-Me anticipo. Creo intuir por dónde viene la pregunta. Sí, es cierto, en esos países existen partidos políticos o convergencias que representan genuinamente intereses políticos de partidos y que en consecuencia operan como tales. Es cierto. Y en la Argentina, el sistema político no ofrece nada de esa naturaleza…Y esto es un inconveniente para el desafío del cual hablamos: volver a la política en su sentido más genuino. Pero éste es el desafío que tiene ante sí la dirigencia. Ante esto emerge la voluntad que ponga la dirigencia en tratar sus diferencias. Es posible que opte por la responsabilidad si percibe que hay un país que se merece mejor trato por parte de la política… El país lo estará mirando. Por supuesto que nada será fácil, pero será un tiempo con algo de apasionante debido a todo lo que estará en juego.

-¿Qué palabra define lo que está en juego?

-Crecimiento. No el crecimiento en términos económicos, aunque lo computa. El crecimiento como ciudadanía, como sistema político… El sentirse que la política ya no está en manos de caprichos, de autoritarios. El saber que la política va a la gente, tiene sentido ahí.

-En el libro que bajo el género de diálogo, o entrevista en todo caso, realiza con Alejandro Katz (”La Argentina que duele. Historia, política, sociedad”, Edt. Katz), Katz señala que el peronismo se ha ido convirtiendo en un problema intelectual, político e incluso emocional, un problema que hemos tratado de explicar de muchos modos.

-Y digo, también, que lo más llamativo del peronismo -al menos de mi mirada de historiador- es que siempre saca algo de la manga que transforma en respuesta para defenderse o rebatir críticas. Tiene en su interior oposición al mismo peronismo e incluso lo que llamo terceras fuerzas…

-Martín Caparrós dice que el peronismo es como la Línea 60. Es una sola y parte de Constitución. Pero una línea lleva a San Isidro por el bajo, otra por el alto, otra por Panamericana, otra va a Tigre, otra apunta a Pilar…

-Y sí… Si no se asume al peronismo desde esa interioridad, no se lo entiende. O para entenderlo habrá que apelar a las píldoras…

-¿Cómo imagina que se instalará el kirchnerismo como objeto de estudio por parte de la historia?

-Entiendo, entiendo. Estoy convencido de que el período kirchnerismo será, a futuro, uno de los grandes temas a investigar por la ciencia política, la historia, la sociología. Creo que seguirá siendo objeto de estudio lo que armaron, un prodigio de articular política…esto de construir poder a cualquier costa. En el trabajo que realizamos con Katz digo, precisamente, que el kirchnerismo es la puesta en práctica de un estilo político que no se puso límite, como no se lo pondría un ejército en operaciones, dispuesto a usar todo lo que tenga como recurso de poder. Buscó y busca ser obedecido, desde ahí lastima, se corrompe… Por todo esto y mucho más, será muy explorado por la historia.