¿Cómo reorganizar nuestro espacio de home office?
De la mano de Cecilia Daniele, diseñadora de interiores de la Universidad Nacional de Río Negro, repasamos algunas alternativas para transformar el espacio de trabajo en casa en un lugar apropiado y con un toque personal.
Entre tantos hábitos y situaciones que nos hemos visto forzados a modificar por el aislamiento social preventivo y obligatorio, la modalidad de trabajo es uno de ellos. Para muchas personas, desarrollar sus actividades laborales, o parte de ellas, desde el hogar; era algo conocido y habitual. Pero para muchas otras no, y no sólo se encontraron ante el desafío de reorganizar sus tareas, sino también el de disponer de un espacio apropiado para ese fin.
Cómo armar el recibidor de nuestra casa
Dependiendo del oficio o profesión, cada lugar de trabajo tiene sus características particulares. Hoy vamos a detenernos en aquellos que requieren de una oficina. Es común que en la mayoría de las viviendas exista un espacio para la computadora, portátil o de escritorio, que cumple muchos roles para la familia. Algunos integrantes la utilizan para trabajar, otros para revisar mails o pagar cuentas, los más pequeños para realizar tareas escolares o jugar horas y horas. Ese espacio puede ser una habitación destinada sólo para ese uso, o formar parte de otro ambiente, como un dormitorio, o un rinconcito del comedor o la cocina.
Es momento de repensar o de armar la “oficina en casa”. ¿Qué debemos tener en cuenta para crear o mejorar ese lugar tan útil e importante?
– Lo primero que hay que considerar es si la ubicación actual es la más apropiada, o existe otro lugar de la casa que reúna mejores condiciones. Algunos aspectos que hay que analizar para decidir dónde instalarla son la necesidad de espacio para guardar papeles, el tiempo que pasaremos allí, si se requiere de silencio y concentración para trabajar o el movimiento de la casa no afecta tanto. Es muy conveniente localizar la oficina en un sitio donde haya buena ventilación y en lo posible luz natural.
– Una vez elegido el lugar, como ya sabemos, hay que detenerse a observarlo y pensar qué usos le daremos para poder definir de qué manera la organización de nuestra oficina, nos será más útil. Hay que priorizar la función antes que la forma. Ubicar cada elemento de acuerdo a la rutina de actividades que se desarrollen allí. De nada sirve un lugar bonito si no resulta cómodo.

– Si la oficina comparte el espacio con otro ambiente, es necesario sectorizar para darle identidad visual al lugar de trabajo. Las alfombras son una buena alternativa para delimitar y causar el efecto visual deseado. Delimitar no significa separar, sino diferenciar bien los usos que hay en esa habitación.
– El paso siguiente será buscar el mobiliario adecuado. Algunas convenciones indican que una mesa de trabajo ideal debe tener una superficie de 1,30 m de ancho por 0.80 m de profundidad, y que el espacio de movimiento para una silla debe tener 1.30 m2. No es necesario comprar muebles nuevos, hay muchas opciones para utilizar y reformar o readaptar lo que tenemos en casa.
– Para la mesa se pueden utilizar tablas y caballetes, estantes amurados a la pared con escuadras, mesas en desuso que podemos restaurar, pies de máquinas de coser con una tapa de vidrio y todo lo que nuestra creatividad nos sugiera.
– El lugar de guardado es prioritario. Papeles, útiles, libros, documentos, todo debe estar bien organizado para facilitar las tareas. Las cajas, cajones de madera o cartón, canastos, estantes o muebles pequeños son buenas opciones para el almacenamiento; todo sirve.

– Aprovechar las paredes es otro buen recurso. Se pueden colgar paneles de corcho, chapa, madera o laminados para fijar recordatorios. Veladores, porta objetos o anaqueles para despejar el escritorio.
La decoración y el toque personal
Ya sea que la oficina tenga un espacio propio o forme parte de otro ambiente, es importante que tenga una estética que la defina. La armonía y el equilibrio visual se consiguen teniendo en cuenta ciertos aspectos al momento de decorar.
Para no saturar el espacio, lo recomendable es unificar los elementos que lo integran. Elegir muebles y accesorios que tengan el mismo estilo, o utilizar pintura o recursos decorativos para asimilarlos.
A través de los colores se refleja lo que se busca para ese lugar. Los tonos claros o neutros son fáciles de combinar, dan sensación de amplitud y transmiten calma y serenidad. Son los más apropiados para superficies reducidas. Los colores fuertes y vibrantes le dan mayor protagonismo y proporcionan energía y vitalidad.

No hay que descuidar la iluminación. Si la luz natural no es suficiente, una lámpara de escritorio o apliques en la pared resolverán muy bien esa necesidad. Lo importante es que tengamos la luz suficiente como para trabajar cómodos y no fatigar la vista.
Las plantas dicen presente. Aportan un gran valor estético, reducen el estrés y ayudan a mejorar la productividad dando sensación de bienestar.
Y el toque personal no puede faltar. Por pequeño que sea el espacio, siempre habrá lugar para los detalles que definen a quien lo usa. Cuadros, adornos, fotografías, diplomas, objetos gráficos con frases motivadoras, todo es bienvenido para darle identidad. La pared es una zona perfecta para los guiños de carácter personal.
Por Cecilia Daniele (Diseñadora de interiores – UNRN)
Entre tantos hábitos y situaciones que nos hemos visto forzados a modificar por el aislamiento social preventivo y obligatorio, la modalidad de trabajo es uno de ellos. Para muchas personas, desarrollar sus actividades laborales, o parte de ellas, desde el hogar; era algo conocido y habitual. Pero para muchas otras no, y no sólo se encontraron ante el desafío de reorganizar sus tareas, sino también el de disponer de un espacio apropiado para ese fin.
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